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22 de mayo de 2012

Hay que cerrarles los párpados a los muertos


Foto sacada de aquí


"Y simplemente me duele lo que ha muerto" quedará escrito en mi tumba. Porque lo que muere soy yo, porque la que llora por los que no lloran soy otra vez yo.

Tan yo soy que estoy viciada de tanta palabra y tanto cuerpo. No tantos cuerpos. 

Mi epitafio tendrá la forma de mi cuerpo, mi cuerpo-caja, después de un festín bello de animales que se arrastran y de animales que vuelan dejando colgar un millón de patas y de hilos transparentes. 

Los muertos son muertos porque han existido de un modo efímero.

Hay que cerrarles los párpados a los muertos porque, si no, susurran. Los muertos ya no dicen nada, ya no esperan, esperan desde su nicho abierto, desde su pecho abierto que ya no riega nada.

No me duelen los muertos que se han ido, pobres, no pueden andar. Me duele lo que muere, no lo que muere, porque lo que muere está vivo, lo que está muerto, cerrado, concluyente, imperecedero, lo que es un hecho y no lo es, como una habitación la habitación en la que ningún muerto iba ya a entrar cuando empecé a cerrarla con llave. 

No guardaré solo una llave, apuntaba el cuerpo-yo, el yo que no conozco, muerte-yo. No tendré más que una copia.

La habitación debía cerrarse con llave para que los muertos entraran. Mis ojos. Mis ojos en la ventana. Y una luz fluorescente y mosquitos hinchados de mi sangre.

He mirado a mi alrededor y no hay más que muertos. Mi perfil, que cada día se parece más a mi madre, que se parece cada día más a su madre, que se parece cada vez más a...

Los muertos me dicen que la muerta soy yo y yo estoy solo llena de ellos.

10 de diciembre de 2011

22 y último tango

Estoy bailando una música que no entiendo.
Estoy bailando y quiero.
Estoy sorda y no quiero.
Y la música me entra por todos los sentidos.
Y la música en realidad es pintura
muy espesa
muy caliente.



Esta música de los 22 suena en un cuarto...
Esta música de 22 tiene huéspedes y anfitriones,
tiene saxo y
licor
y vino caliente.
calor
caliente.


Es una música que viene de lejos, de un tranvía,
de un lugar guardado en cajas...
pero se parece a un padre que se fue cuando era niña,
a un novio que me dejó cuando era virgen.

Esta música ya no sabe a locura
a manicomio
a habitación número 22.
Esta habitación sabe a inconsciencia
lubricante
y música
caliente.


9 de noviembre de 2011

alles wird gut


Robert Glasper en España.

Apuntes rápidos:
  1. La distancia garantizada por la visión preserva "el aura" de un objeto, su posición en el mundo, mientras que el deseo de "traer las cosas más cerca" destruye las relaciones de cada otro, borrando por completo el orden material y representando (sin sentido) las nociones de la distancia y el espacio. Así que incluso si estamos en desacuerdo con los argumentos de Walter Benjamin y Paul Virilio acerca de las nuevas tecnologías y cuestionamos su equiparación de orden natural y distancia, la crítica de la oposición entre visión - tacto es algo que debemos conservar. Lev Manovich
  2. Pero ¿frágil? / ¿Dices frágil? / Nunca paras. Nunca paras. Berta García Faet
  3. vergessen / vergisst / vergaß / hat vergessen.
  4. si luego vienes tú con tus limitaciones / con su no ser perfecta, me hiere que te apropias / con tus miedos de escritora paranoica / con tu Lo siento yo no quiero a nadie. Fresa y heridaBerta García Faet
  5. Barthes; Tagebuch der Trauer, 18.2.1978. "Trauer: ich habe erfahren, dass sie unveränderlich und sporadisch ist: Sie vergeht nicht, weil sie nicht andauernd ist".
  6. Chicos que me miran la foto del carné de identidad en un taxi. Chicos que me miran la foto del carné de identidad en un autobús. Chicos que me cogen de las manos y me dicen: esta tranquilidad es todo lo que necesito. Chicos que dicen: se está bien así. Chicos alemanes con tatuajes que me miran al entrar en clase. Chicos alemanes que me miran muy serios al hablar. Chicos que cambiaría por dos cosas. 
  7. El dolor siempre está ahí. Der Schmerz bleibt. bleibt. bleibt. immer wieder. bleibt. La alegría y el dolor no son contrarios. La alegría es metáfora. Stimmt. 
  8. Triste. Y todavía caliente.



13 de octubre de 2011

Memorial

Doch uns ist gegeben,
auf keiner Stätte zu ruhn,
es schwinden, es fallen
die leidenden Menschen
blindlings von einer
Stunde zur andern,
wie Wasser von Klippe
zu Klippe geworfen,
Jahr lang ins Ungewisse hinab.
---
Pero a nosotros no se nos otorga
el reposar en parte alguna;
se precipitan y desaparacen
los hombres llenos de dolor,
ciegamente, desde una
hora a la que le sigue,
como agua de peñasco
en peñasco arrojada,
a través de los años, a lo incierto.

Friedrich Hölderlin


Vivo en la habitación 22. Las marcas de las paredes son de la anterior inquilina. Mi compañera de piso me cuenta que estaba loca. Hablaba sola, se quedaba encerrada durante días, arañaba las paredes. 

Cometo el error de abrir las ventanas. No hay persianas en este país al otro lado del miedo. Toda la luz natural proviene del mismo bosque que recorre las calles. Hay bosques que se meten por las ventanas abiertas y bosques que crecen en las telas de araña. 

Hay una estación cerca de mi casa. La estación Park Sanssouci. La voz de mujer que anuncia la parada habla en clave. Yo la entiendo, porque ambas hablamos un idioma que no es de nadie. 

Y hay demasiados trenes, demasiados nombres para demoninar la palabra "tren" y muy pocos para decir "amor". Los trenes recorren coordenadas. Las vías son venas de acero que sacude el tiempo.

La Hauptbahnhof de Berlín es translúcida y los trenes son ascensores inalcanzables que se cruzan suspendidos en el aire. Quizá vuelen.

Me paseo por el Memorial del Holocausto y voy bajando al origen del silencio, miro los restos del Muro, dejo caer ciertas lágrimas al pasar por debajo de la puerta de Brandenburgo. En Berlín no había un muro, sino dos. Yo vivo en ese espacio intermedio, en esa tierra de nadie, entre uno y otro, en la habitación 22.

A veces pienso, porque en todos los lugares hay fantasmas y no hay lengua ni país que deje marchar libremente las cenizas. Me acuerdo de alguien. Me acuerdo de alguien y le hablo en clave sin decir ni una sola palabra. 

Tengo hambre.

No hablo sola porque no hay nada que decir. Todo está tan claro que da miedo pronunciar las diéresis, abrir la glotis, cerrar los párpados. Y simplemente llegar. Ya no araño las paredes, comparto paredes con las arañas. Las putas consonantes locas imposibles son mis amigas. Nada de cuerdas vocales.

Todos nacimos en silencio
                       de la boca de la locura.


Vivo eternamente en una habitación 22, no importa a dónde vaya, vengo de la locura, continúo en un manicomio, procuro no abrir las ventanas y hago por despertarme muy temprano, cuando el sol atraviesa el bosque. Cuando la luz aún no hace daño.
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