14 de octubre de 2018

#otoño

El hombre de la foto se convirtió en fantasma:
la sangre clausurada
un candado en cada párpado

lo más minoritario eran tus ojos

¿Quién no estaba en esa foto?
¿Quién apretó el disparador,
quién era en la foto el fantasma?
2.5 kilogramos sobre el nudo.

Es severo imaginar que ese alguien existía:
se alimentaban de sus huesos las termitas,
la vejación era su primera lengua.
El hombre no nace monstruo:
solo podemos presentir su cadáver.

Una foto robada no puede tener una sonrisa fingida,
pero sí esos ojos,
como asintiendo, la cabeza
siempre caída, del lado contrario al del nudo.
Y se me hace bola hasta el agua,
trato de tragar
la asfixia azul de este día,

el espejo escupe un rostro

cuánta literatura analítica se ha escrito
tu lengua, tus cuencas, tu tráquea, nada
de aquello era para hablarme nada
era para ahuyentarme
del fantasma momificado que devenías.

El hombre me hizo creer que él me perdía
con lágrimas que ya el fuego ha desfigurado en larvas.

La foto de mis lesiones fue mi huida.
Ese fragmento
cada rostro que miré tan de cerca
cada rostro en el que no conseguí dejar rastros,

eso me ha dejado el otoño
en el que no perdí a nadie

igual que antes otro otoño en el que nadie
sintió el más leve azul de mi pérdida.

12 de agosto de 2018

#pasionesdeverano

Buffet libre


Las parejas infelices
viajan hasta aquí para romperse.

Vienen durante el brunch a deshacer sus dudas,
se miran con recelo
y apuran el último repaso a sus vidas,
el último reproche
a golpe de mordisco a un croissant.

Julio es el mes más denso
para hacer balance:

los deseos están tan guardados
que habría que hacer limpieza general.
Y la casa es muy grande
o el loft tiene muchos recodos.

Las parejas infelices
exhiben todas las huellas en la cara:
las vacaciones fallidas, la factura de vivir.

Las touroperadoras sacan beneficio
del amor roto
y también los monitores de aeróbic;
el mar no se fragmenta:
existen hoteles y aparthoteles
en primera línea de ruptura.

Estamos consumidos por las imágenes
de los folletos;
¿cómo habría podido salir esto bien,
si ya veníamos descosidos de otros engaños,
malogrados, defectuosos, despachados?

Si nunca nos gustó el sexo
entre sábanas almidonadas.

Agotamos la botella de vino
(el reclamo estético hace el trance más fácil)
y por fin alguien habló con sinceridad:

el amor es un souvenir, una postal,
y seguramente

alguna vez volveremos
a veranear aquí.

14 de enero de 2018

Invocaciones

Podría ser una foto en blanco y negro. Una donde yo saliera tan atractiva que no pareciera yo. Podría ser cualquier documento gráfico que contuviera aquella Sara, aquella manera de relacionarnos, aquellas ganas de besar y cuidar y querer siempre saber más y follar como animales y acabar haciéndolo muy tierno y a veces con dificultad por miedo a no cumplir las expectativas del otro.

Pero no eran documentos visuales lo que yo buscaba, eran aquellas palabras. Bueno-claro-querrás-decir "aquello que el omnipotente Otro dijo sobre ti", como si solo el Otro pudiera definirte y con esa definición, completarte. Pero era más bien lo que yo era capaz de inspirarle a otros. Lo que yo despertaba: eso que tampoco es tan fácil definir y que ni siquiera está explícito en las palabras, sino en sus huecos, en la distancia entre los párrafos, en el tamaño de las subordinadas, en los signos de puntuación, sobre todo si son signos interrogativos.

Quizá la constatación de que fui importante, de que mis actos fueron trascendentes, de que las cosas que hago y parecen absurdas y que ni creo que sean definitorias acaban dándole sentido a quién soy. De que el relato no fue solo una mentira cómoda para el que escribía, sino que había algo de mí que alguien comprendió. Una pequeña parte de lo que quizá no se repita más, porque sólo esa persona lo vio o solo esa persona le dio importancia.

Cuando te empeñas media vida en conseguir ser persona y te das cuenta de que no te queda nada de lo que seguir tirando, puede que el solo recuerdo de que para alguien fuiste un momento mágico, una persona completa e inesperada, alguien que podía ser, de pronto, muchas otras personas distintas... No se trata de embrujo ni de amor romántico (WTF?), se trata de que pronto todas esas pequeñascotidianas ilusiones, ese ser alguien para otros...todo ese illusio desapareció un día con el diagnóstico y tuve que acostumbrarme a su ausencia y a ser solo la persona que habita un cuerpo.

Ya no hubo narrativa, ni tramas que remitían a deseos ni contar con que quizá algún día eso pase de nuevo. Tampoco vale la nostalgia, de la que tanto hablé, sin saber de ella. Porque la nostalgia era el propio juego de las palabras que se dijeron y de aquellas muescas en la biografía que poco tenían que ver, en realidad, conmigo, sino con una ilusión de mí. Y tampoco puedo volver a ellas. Algunas porque son demasiado dolorosas, porque son el relato de lo que pude llegar a ser sin serlo nunca o porque las personas que las dijeron tuvieron cuidado en borrarlas definitivamente de la nube. Y el recuerdo es muy frágil.

Y sin todo el artificio de escribir ni la publicidad ni la idea que proyecto, me gustaba mover o conmover a ciertas personas. Me gustaba la idea de mí como ser activo de personas que cogen aviones solo porque quieren verme o que comparten su debilidad solo conmigo porque saben que están a salvo.

Me he acostumbrado a la vida sin latidos incontenibles y sin saltos narrativos y sin prácticamente esa ilusión de mí. Sin vibración ni grandes sobresaltos. Escribir esto es lo más parecido a aquella sensación que puedo obtener. Porque escribirlo a estas horas es un síntoma. Porque aquellas personas inalcanzables que me definían de formas inesperadas y sin saberlo en realidad eran yo misma.

Y es a mí y no a ellas a quien invoco.




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