22 de octubre de 2014

¿Cómo se pronuncia "no sé"?, preguntó Nikola

Una de las cosas que me ha dejado Cosmopoética es este libro maravilloso titulado Lo que dijimos nos persigue, del macedonio Nikola Madzirov. Es un libro que he traducido antes de leerlo. En Córdoba, Nikola se empeñó en que le enseñara español a través de la traducción que hacen de sus versos Yolanda Castaño y Marija Petrovska.

Hay palabras de este libro que pesan como losas. Hay que volver a leerlo una y mil veces. Este poema es uno de los que más me ha conmovido. ¿Conocen esa sensación de no tener palabras y que las palabras que aparecen sean perfectas para el hoy?

Aquí van:

No sé

Todas las casas con las que sueño son lejanas,
lejana es la voz de mi madre
llamándome a cenar, mientras yo corro a los trigales.

Estamos lejos como una pelota que ha fallado el tiro
y se va hacia el cielo, vivimos
como termómetros que se necesitan sólo cuando
los vamos a mirar.

La realidad lejana me examina a diario
como un pasajero desconocido que me despierta en medio del camino
preguntando: ¿Es ese el autobús?
y yo le digo: , pero quiero decir: No sé
No sé dónde están las ciudades de tus abuelos
que pretenden negar todos los males conocidos
tanto como los remedios a base de paciencia.

Sueño con una casa en la colina de nuestros deseos,
para ver cómo las olas del mar van dibujando
el cardiograma de nuestras caídas y amores,
cómo la gente cree para no hundirse
y cómo camina para no ser olvidada.

Lejanas son todas las cabañas en las que nos escondimos de la lluvia
y del dolor de las ciervas muriéndose ante cazadores
mucho más solitarios que hambrientos.
El instante lejano me pregunta a diario:
¿Es esa la ventana? ¿Es esa la vida? y yo le digo:
, pero en realidad: No sé; no sé cuándo
van a hablar los pájaros sin pronunciar un cielo.


Nikola :)

7 de septiembre de 2014

Yo confieso

Cuando María Zambrano habla es mejor quedarse callada:



La confesión parece ser así un método para encontrar ese quien, sujeto a quien le pasan las cosas, y en tanto que sujeto, alguien que queda por encima, libre de lo que le pase. Nada de lo que le suceda puede anularle, aniquilarle, pues este género de realidad, una vez conseguida, parece invulnerable. Y el logro de este punto de invulnerabilidad tiene que ver no sólo con esa unidad pura, con el centro interior, sino también con este misterioso mundo que es preciso unificar, adentrándose en él, venciéndolo a fuerza de intimidad, sirviéndole en una esclavitud que va a dar la libertad. Quizá la filosofía sola pudiese arreglar el conflicto si la falta de intimidad afectase a la realidad de las cosas. Más, lo grave es ser un extraño para sí mismo, haber perdido o no haber llegado a poseer intimidad consigo mismo; andar enajenado, huésped extraño en la propia casa.

La inserción de ese centro interior, si de veras lo es, hace que ese mundo del desvarío cobre forma y se ordene, porque las entrañas doloridas y rencorosas al punto se hacen de alguien, de un ser que las recoge. Pero algo más; desde él les llega una luz, en la que se tornan visibles. Se hacen propias; el sujeto, que ya lo es, las posee, aunque sin nada que implique dominio violento, pues no obedecen de esa manera. Es una forma de posesión sin mandato ni mandado, porque se trata de unir lo que al unirse formará un solo ser.

La pavorosa faz de la actualidad ¿no nos presenta, sin duda, esta figura de un mundo sin sujeto, donde ha desaparecido el sujeto, donde el yo anda errante como rey sin súbditos ni territorio, donde no existe por parte alguna el alguien responsable, el alguien con identidad y figura propia? Mundo anterior al ser, en que lo psíquico tiene la existencia demoníaca de la multiplicidad inaprensible y diluida; mundo de donde han huido las formas, quedando sólo el fantasma inasible y rencoroso; el fantasma y el vacío. ¿No estará necesitado de una verdadera e implacable confesión? 

La confesión: género literario

16 de agosto de 2014

La cuerda rota, el hilo rojo

Me gusta la voz femenina de José Ignacio Montoto. Me gusta su voz masculina. Me gustaría quedarme mucho tiempo en el pecho de este libro-oración. Me gusta que los poemas se me enquisten en la carne, que se me abran heridas y que todas las palabras parezcan invocar otras palabras.



Aquí, algunos fragmentos de La cuerda rota (Premio de poesía Andalucía Joven, Renacimiento, 2014). Pondría muchos más, pero no quiero des-haceros el libro. Sigue mutándonos así, Nacho. 


Rota nuestra bóveda, mi cuerpo languidece. Apenas habitan en mí un par de cicatrices abiertas de las que brotan pequeñas luciérnagas con cara de niño.

+++

Una vieja historia, una infancia corta, una familia de humo: elementos necesarios para alimentar el sueño de una niña pobre. No más, no más. 

+++

Todas llevamos una noria dentro de nuestro pecho, gira y gira hasta enloquecernos, nos marea, nos monitoriza, nos expande y duerme.

+++

Desdichados los vegetales por no sentir la quemazón de mis pezones. Desdichada la piedra por no sentir la chispa que provoca al chocar con otra piedra.

+++

Ashbery lo intentó en su momento, pero el alma de las rosas no entiende de hermenéutica, sino de espinas. Así es la historia de las mujeres denostadas por la historia. No hay artificios al respecto. (...)
A los románticos los acusan de barrocos por incidir en la herida.

+++

Yo apenas conozco a mis iguales, apenas he vivido
encerrada en la crisálida de amor que los amantes tejen,
con sus caricias, a escondidas por temor a la luz de la mañana.

+++

Recuerda de tus amantes su extraña simetría:
corazón, sangre y espina.





Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...