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30 de diciembre de 2012

Compañeros de viaje. Lecturas y proyectos de este 2012 que agoniza

Lo de las listas ya es una pesadez. Sin embargo, he vuelto a casa en Navidades y me he puesto a pasar a limpio la lista de todos los libros leídos (y terminados) de este año. Llevo haciéndolo desde que tenía 12 años y me he dado cuenta de lo mucho y lo bien que he leído durante los últimos doce meses, por eso me gustaría compartirlo con vosotros a modo de cierre.

Este año no hay lista de deseos, no hay balance (ayer), no hay propósitos. Solo hay lecturas. Me quedo con  muchos de los libros que he leído este año, no necesariamente publicaciones de 2012, y con las relecturas.

Empiezo:

Lecturas

De lo primero y de lo último: los dos libros (uno publicado y otro inédito) de Emily Roberts. Emily es una niña muy dulce y muy inteligente, que se toma esto de la literatura muy en serio: su blog, sus lecturas y su trabajo son una prueba.

Otras dos chicas a las que he leído intensamente este año son Adriana Bañares y Sara Herrera Peralta: dos voces que crecen.

Los tres ensayos con los que más he disfrutado son: Ahora, escribo, de Lolita Bosch (Periférica, 2011), regalo de Javier García Rodríguez con un "este libro es para ti"; Postpornografía, de Marisol Salanova (Pictografía, 2012) y reedición electrónica por la Colección de Husos de Sigue Leyendo a 1'99€; y Blog up, de Agustín Fernández Mallo (Universidad de Valladolid, 2012), que he citado este año de manera descontrolada e insistente.

De poesía (y poesía joven) voy a destacar dos libros: El libro de la crueldad (La vida rima ediciones, 2012) de Layla Martínez y el poemario bilingüe Artikoa / Ártica (Amargord, 2012) de Izaskun Gracia. Sobre ambas y sobre ambos he hablado ya en mi blog en los enlaces a los que conducen sus nombres.


Entre narrativa y poesía, me alegro mucho de haber leído este año a Gamoneda, a Riechmann, a Galeano y a Claudio Rodríguez. Y los Hijos de la ira de Dámaso Alonso. Ah, y por fin, abordar a Coetzee. También me siento especialmente feliz por haber descubierto a varios nombres que me han hecho estallar el cerebro. Esto es. Las crónicas de Joan Didion, sobre la que escribí en Koult.es, a propósito de Los que sueñan el sueño dorado (Literatura Mondadori, 2012). Pero, sobre todo, la poesía de la casi desconocida Anise Koltz, a la que me quiero tatuar con, por ejemplo, estos versos, y de Valerie Mejer Caso, de la que también me he enamorado un poquito gracias a Uxue Juárez y a la que he citado en este blog a lo largo de diciembre.

También estoy orgullosa de haber leído, por fin, la prosa de Mercedes Cebrián, a la que considero de lo mejor de los 22 de Granta (sin haberlos leído a todos). Y a Pablo Fidalgo Lareo: La educación física (Pre-textos, 2010) la he citado, pero no lo suficiente. Un libro con muchísimas lecturas. Un libro que me ha tocado profundamente.

Por último, en la sección de lecturas sorprendentes, incluyo La Nave, de José Pablo Barragán (El Gaviero ediciones, 2012), leído hace apenas dos días en un bus para nada futurista. Este alto y breve poemario abre, desde mi punto de vista, caminos nuevos en la poesía española, gracias a la envidiable labor de Ana y Pedro y a eso que ellos llaman Sci-fi poesía. Solo tengo que decir bravo.

Hipótesis

Al parecer existen intercambios
a nivel neuronal que determinan
cualquier mínimo espasmo de los músculos
La libertad no existe en consecuencia:
tan sólo el simulacro de ser libres

Pero esta servidumbre de sinapsis
(un vulgar mal de muchos) no consuela
la tristeza del porno en internet
las cajas de condones caducados
la ausencia de tu ropa en mis cajones
las sábanas limpísimas pulquérrimas
sin el mínimo rastro de tu aroma

José Pablo Barragán, La Nave
El Gaviero, 2012

Proyectos

Yo también hago recopilación. Este año estoy orgullosa de haber participado en varios proyectos literarios, artísticos y multidisciplinares, desde la obra de danza, teatro y poesía pielescallar (producción del Ballet Contemporáneo de Burgos, 2012), hasta la plaquette Cartografías (El Colmo colectivo, 2012), que se presentó hace tres días en La Curva de Valladolid y en el que participé con un poema visual titulado 'Mapa'.








 Si no fuera porque estoy yo, habría destacado en el apartado "lecturas" el precioso engendro de plumas, ilustración y letras Cuaderno de vuelo, capitaneado por la fotógrafa y poeta Dara Scully. Podéis leerlo desde aquí. Supongo que Cartografías también estará disponible en breve en formato digital, como el resto de a serie de COLMO Poemas de la chica de la curva. Pero, por si acaso, os dejo con uno de los poemas que más me han gustado de la obra y perfecto para estos días de lluvia y sal:

Compañeros de viaje

Os acordáis. Las calles que llevaban a la escuela
de la mano. Las botas de agua. El tiempo no era nada y los
recuerdos
tan solo una palabra de mayores.
Después fuimos ya solos por las calles, los amigos, las plazas.
Llegó la noche blanca, de repente. Os acordáis. Las calles eran
mejor de noche.
Las calles que llevaban a los bares. A casa de otro,
a nosotros mismos.
Os acordáis. Una farola, la lluvia, algún cigarro.
Quedamos a las diez y de repente: ser feliz.
Os acordáis. La vida en calles.


Celia Prieto Mazariegos

Por último, una alegría y una sorpresa que me he llevado ayer al recibir en mi buzón el nuevo proyecto de Format C, una revista de fotografía, arte, poesía, etcétera, editada por el artista Diego de Haro (autor de la ilustración de mi Epidermia). Él me pidió una colaboración y una entrevista para este [de]construcción y yo he recibido mucho.

Si estáis en Almería podéis pasaros por la exposición de carácter (audio)visual que acompaña la obra hasta el 4 de enero. Y si podéis haceros con una edición, os aseguro que es una auténtica pasada. Os dejo también una de las fotografías de los cuadernitos de autor de Format C. Es obra del austriaco Oliver Mairinger.

Seguro que me he olvidado de mucho o que la información que doy no es del todo completa. También me he dejado en el tintero algunos libros que tengo muchísimas ganas de leer. No me importaría reseñar (pronto) El sueño de Visnu, de David Meza, con el que ando ahora, o el último libro de Juan Carlos Mestre. Pero, bueno, eso será, si no me atraganto con las uvas, en 2013.

Besos y salud a todos.

Fotografía de Oliver Mairinger








6 de septiembre de 2012

Sobrevivir al nosotros

9. La ciudad

  ¿A quién o a qué cantarán los trovadores? Alguien quedará, para recordarlo así:

  Había quienes morían de frío en los portales de las iglesias o en las canteras del parque, frente a la playa; había quienes aparecían abandonados entre las rocas, con los huesos rotos y la carne reventada por el plomo. Un hombre atado escuchaba los aullidos de su hija, mientras la partían por la mitad en el cuarto de al lado. Los presos reconocían a los verdugos por las voces y los olores y las maneras de pegar.

  Descubríamos que sentíamos miedo, y eso nos llenaba de asombro y de vergüenza. La ciudad vivía con el aliento cortado. El aire estaba envenenado por la desconfianza: se hablaba en voz baja, las voces no tenían eco, las voces no coincidían con las caras. Estar libre resultaba sospechoso, pero no encontrábamos sueltos y vivos y nos daban ganas de felicitarnos. Los niños dibujaban túneles y animalitos que escapaban por los túneles. Se hacía el amor como si no fuera a repetirse nunca: "Si caigo y no me matan, voy a mandarte cartas debajo de la lengua de alguien". Decir: "Hasta la semana que viene", era una estupidez. Pensaste, dijiste, dudaste: alguien murmuraba tu nombre antes de desmayarse: reconocías el reloj de tu mejor amigo en la muñeca del soldado que entraba a detenerte.

  Los días no se tomaban unos a otros de la mano, no se abrían paso en fila india, amablemente, lento flujo de aceite del tiempo, ida y vuelta, va y viene, no: los días se atropellaban y se amontonaban unos sobre otros y caían al vacío con las piernas enredadas: zumbaban, atacarán, acosan: naciste mañana, morirás ayer: dijiste dirás adiós: amor o miedo ardiendo en esos ojos que me miraron la próxima última vez.

La canción de nosotros
Eduardo Galeano



La sucesión cronológica no me interesa. Me aburre la lógica que siguen los hechos, que copian de ellos las palabras. No quiero más narradores que reluzcan por todo lo que han vivido o por todo lo que han imaginado. No me interesa la narración, el relato, la ficción brillante. Solo me interesan los remolinos inesperados, la arena movediza de las cosas, la conciencia. También el aire. El aire, mucho. El aire es como el espacio que hay entre la casa de enfrente y el último pedazo del cielo que se ve desde la ventana. No me interesa lo que cuenta La canción de nosotros, sino el tiempo y su desarrollo cuando se enreda y solo es por lo que puede hacer en pos de la poesía. El torrente. Quiero que mi aliento acelere el pulso y que mi corazón se corte de asombro. Que mi sangre despierte con la falta de aliento y la abundancia de lo vuestro. De lo otro. Nada me interesa más que lo que nunca sabré de los demás.

El conservadurismo en la poesía es lo más antinatural, se da mucho y no lo comprendo. No entiendo eso, y me da igual si el poeta es joven o viejo. Hay gente pretendidamente conservadora, otra lo es porque inconscientemente le sale, y está bien: cada uno puede escribir lo que quiera. Pero otros se creen que transportan una llama y conservan el legado. ¿Qué legado, si tú naciste ayer? Hay que deformarlo y transformarlo.*



*Agustín Fdez. Mallo, aquí.

31 de marzo de 2012

Turismo-pájaro. Museo-no-lugar. Habitar un museo

pájaro en una isla sin árboles
Juan Andrés García Román


museo. (Del lat. musēum, y este del gr. μουσεῖον). 1. m. Lugar en que se guardan colecciones de objetos artísticos, científicos o de otro tipo, y en general de valor cultural, convenientemente colocados para que sean examinados. 2. m. Institución, sin fines de lucro, abierta al público, cuya finalidad consiste en la adquisición, conservación, estudio y exposición de los objetos que mejor ilustran las actividades del hombre, o culturalmente importantes para el desarrollo de los conocimientos humanos. 3. m. Lugar donde se exhiben objetos o curiosidades que pueden atraer el interés del público, con fines turísticos. 4. m. Edificio o lugar destinado al estudio de las ciencias, letras humanas y artes liberales.
DRAE



la fascinación ya apagada de la materia
Agustín Fernández Mallo

son malos tiempos para la sacralización de los objetos artísticos. Se construyen museos más y más preciosos, para un concepto en estado de ruina.
Agustín Fernández Mallo

"Si lo he entendido bien, también Gabi Martínez echa en falta en las novelas el lugar, en el sentido heideggeriano (típicamente la cabaña), que, en efecto, prácticamente ha desaparecido en favor del no-lugar (típicamente el aeropuerto o el centro comercial). (...) El lugar ha desaparecido, salvo, precisamente, en la publicidad, que explota el ruralismo y sus derivados como gancho manufacturado en un no-lugar".

Agustín Fernández Mallo


El Museo de Pérgamo forma parte del complejo conocido como Isla de los Museos, que agrupa varios de los edificios más representativos de la ciudad de Berlín. La originalidad de este museo, inaugurado en 1930, reside principalmente en su propio concepto: el edificio no fue construido para albergar obras de arte, sino que primero se trajeron las obras de arte, y después, a su alrededor, se construyó el edificio. De esta manera, las propias maravillas, la mayor parte de ellas arquitectónicas, constituyen las paredes y las columnas de este museo.



Sin embargo, llegaré quizás algún día a tal grado de comprensión que estallarán mis ligamentos y saldrán disparadas las palabras como piedras.

Julio Ramón Ribeyro, citado por Lolita Bosch





El orden. Las formas geométricas. La construcción. Lo imposible. Lo impasible. La literatura.
No una historia, un argumento. Ninguna verdad. 
Nadie.
Sino un mundo posible en movimiento constante.
Un mundo que había sido incapaz de detener.
Un espacio radicalmente escrito: No un lugar hecho.
Terminado. Sino escrito:


Abierto.


Lolita Bosch

Vivo en la casa vacía
en la que casi chocan los pájaros
pero no los escucho quebrarse.
Mi estado es mineral. Anterior a la carne. 
 Lolita Bosch

Pergamon Museum. Berlín.


Elise se sentó enfrente del Guernica en Madrid y el segurata del museo le dijo que se levantara. "Está prohibido". "¿Por qué?". "Imagínate que todo el mundo lo hiciera, si todo el mundo se sentara nadie podría pasar ". Porque los museos han perdido todo el arte: todo el aura. Los museos son las cintas mecánicas de los aeropuertos. A ambos lados de la cinta de la T1 de Barajas hay una exposición de ilustraciones de gente con la boca abierta.

Museo no-lugar.

El aura es lo original: es como el alma de los objetos. Esos objetos hiperrepresentados: la puerta de Bradenburgo en un imán para la nevera que está en la imagen de la caseta de un chiringuito que está enfrente de la puerta de Bradenburgo que está siendo retratada a la vez por una media de 98 personas a la vez, desde distintas cámaras, todos a la vez, todos la misma imagen, todos diferentes imágenes que ya no es una ni es la real.

Que deberíamos dejar de ser todos turistas, dejar que muera el turismo, no ser turistas nunca más. Que a través del turismo (da igual que sea en la Alemania soviética en la que solo te dejaban caminar por Unter den Linden y Friedrichstrasse y nunca más allá de ellas o en el Berlín del siglo XXI o en Las Vegas), que a través del turismo nunca vamos a saborear, ver o sentir lo original, solo la representación que nos despliegan ante nosotros para, de hecho, sentir una copia. Y compramos copias que son recuerdos de la copia.

Solo Pérgamo. Hoy Pérgamo. Tocar la piedra y sentarnos en el suelo. Sentarnos en el suelo y ver las paredes del museo como lo que es real y a la vez representado: un poco más real que solo lo representado. Reconstruido de las ruinas y a la vez real.

Tocar la piedra y saber que yo no soy piedra. Que quiero escribir PIEDRA, como Lolita Bosch, pero que no lo soy. Que detrás de la capa hay más capas y detrás de las capas, nada.

Eso.



10 de marzo de 2012

PoeXXI@ - Volver a las raíces

En diez días se celebra en Valladolid PoeXXI@, continuador de Versátil.es, el Festival de la Palabra que se ha venido desarrollando en la Facultad de Filosofía y Letras desde hace ya siete años.

Una de las mayores ilusiones en los últimos tiempos, cuando formaba parte de la organización del festival, era poder publicar un libro y presentarlo y leer en Versátil.es. Es una de esas cosas que sueñas sin definir mucho, porque no sabes si algún día será posible. 2012 es el año. Y estoy inmensamente contenta y agradecida de que los colmos me hayan invitado, con el esfuerzo que supone ahora que vivo en Alemania.

Dentro de unos días volveré a Valladolid. Habrá Curva, cerves, poesía y estrujamientos, como dice Rut. Habrá batidos de Ángel, habrá exposición de Arañados Signos (¡¡Casilda ha hecho obra visual de poemas míos!!), habrá Eme y Refoyo y Adri y ¡¡¡Agustín Fernández Mallo!!! y ¡¡el Sr. García Rodríguez, en calidad de poeta!!

Os invito a que os acerquéis, porque serán días grandes. Todas las actividades son gratuitas, aunque los alumnos de la UVa pueden matricularse por 10 euros en el Departamento de Literatura, para conseguir créditos de libre configuración o porque sois almas altruistas y comprensivas y sois conscientes de que hacer este festival cuesta mucho, también a nivel económico. 

Os dejo el cartel. Mil ganas. Besos.



(Abre la imagen en una nueva pestaña para ampliar o pincha aquí)

22 de diciembre de 2011

Texto sin revisar. Atención: contiene spoiler

Las partes en cursiva están extraídas del poemario Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus de Agustín Fernández Mallo. Las partes redondas son mías.


Deja de acecharme por las noches. Sé que no estás.

También nosotros besamos siempre la piel invisible de lo que vemos; y tampoco hay más.

Seguro que a ella no le has dicho cómo me mirabas, cómo arrastrabas tu cama hasta mi cuarto para estar conmigo (o para no estar solo, quién sabe)... cuando ambos ya teóricamente no nos queríamos, pero yo quería crecer todavía con más ansías de lo que te quería. Tú no sabías qué querer y me quisiste.

Tenía que haberte dejado que siguieras usándome: a ver hasta cuánto, a ver qué grotesca caricatura dejabas de mí. Pero... cómo se siente la que siempre te pidió que la definieras. Cómo se siente la desdibujada cuando te oye decir: ¿tú me quieres? Y que él responda, una semana después de haberte abandonado sin que tú lo supieras: si quieres volver conmigo, lo tienes difícil. Lo que tú construiste y destruiste y construiste en cinco años lo barre otra en una semana. Y tú no eras ninguna víbora: eras un trozo de carne que esperaba ser comido.

¿Por qué no me dijiste que sus pulmones se estaban desinflando? ¿Por qué no me dijiste que en otro mapa estabas inflando otra casa? Me hubiera gustado vivirla una noche contigo, viciarle el aire hasta lo irrespirable.

Yo te enseñé, me dices: me enseñaste muchas cosas, me enseñaste a madurar, me dejaste la puerta abierta y he madurado a medias. Te tenía atada a la cuerda del tiempo: cuando por fin tu cara no valiera ni siquiera una disculpa por reducir a náuseas y diarrea tu existencia, entonces yo viviría. Eso es todo. Tu infelicidad es mi felicidad, malquerida.

Desde hoy considérame muerto, te digo, pero ya no me oyes, cierra los ojos, te deseo una feliz noche. Y de repente, la certeza de que has muerto. El destino de las sombras es fundirse, expiar la división que disfrutaron en vida. Abracémonos para poder soportar tanta belleza, esa que ya llega, ¿no la ves?, me decías.

Tengo todos tus mensajes guardados. ¿Por qué lo hice? Pensé que algún día nos haría gracia leerlos juntos. Me dijiste un día: te querré hasta cuando seas vieja y arrugada y seguirás siendo preciosa. ¿Has repetido esas palabras ya? Si las has repetido, son mentira. He leído todos tus mensajes en la noche y ya soy vieja. Todos juntos y me salen arrugas de tantas palabras bellas. Siempre un tequierosiempre que no se cumple. Y cuando ya no estábamos juntos me decías: sabes que siempre estaré en las sombras, cuidándote. El destino de las sombras es fundirse con la nada.

y partiste sin despedirte. Te vi alejarte, fundirte en blanco con el fondo de la calle, mientras un marinero viejo, de esos que han visto esta comedia en todos los puertos, no te quitaba ojo. Soplaba el viento, es cierto. Pero despedirse, me decías a veces, qué significa despedirse cuando el recuerdo ha saturado el pasado y no le queda más remedio que desbordarse en el presente para salpicar con su espuma los días que vendrán [todos]. Podemos despedirnos de las personas, pero no de las cosas.

Cuando el solo yo ocupa todo no hay soledad. Es cuando el yo se oculta en rincones, cuando el yo se camufla y no quiere salir, cuando la ausencia del yo remarca el resto de las cosas que se han perdido: esa es la soledad.

Qué es el tiempo cuando ya no nos queda sino un recipiente pesado aunque vacío, podría haberme dicho, pero no, yo sólo observaba. Acaso sólo somos aeropuertos, me digo ahora, al que van llegando sombras, minutos, segundos: sombras. Pero esto ni en la vejez lo sabemos. Yo, sólo observo.

Por eso quería parar el tiempo: porque el tiempo reduce las sombras. Por eso estoy en mitad de este no-lugar: de este puente o de este aeropuerto. No quiero avanzar, porque seré plenamente consciente de que no hay nada que salvar. No quiero retroceder, porque atrás no hay nada. NO HAY NADA. Así que me quedo aquí, mientras para ti el tiempo sigue corriendo y ya van muchos meses, pero para mí el tiempo no corre: se ha detenido en el mismo instante y lo vivo un día tras otro, hora tras hora, inexorablemente, sin que nadie que me mire se dé cuenta, porque envejezco el tiempo y me salen canas y cumplo años y me paso el día de mi cumpleaños vagando por Berlín invocándote. Y tú no regresas. No apareces por la puerta con un ramo ni me mandas un mensaje de texto, el detalle no importa. Al día siguiente, recibo tu sombra: "eh, sé que me acuerdo de ti: tú siempre eras la primera, pero que sepas, que para mí, el día de tu cumpleaños es como cualquier otro, por eso me permito retrasarme media hora de la fecha: eso es todo lo que eres para mí: ni siquiera rastrojo".

Te busco y te encuentro. No te busco y también te encuentro. Me das tu mano, fría, la que nos da el espejo si lo tocamos, pero no exactamente, me dices unas palabras que salen de tus labios con la distorsión del eco, no las entiendo, remota pero presente, tardo en comprender, eres tú el eco.

Ahora al pasear, al caminar hacia casa, al mirar hacia abajo y ver mis pies en movimiento o mis manos congeladas o la puerta del portal al otro lado de la calle pienso en mí de otra manera. no soy yo ya sin ti. y me siento como resquebrajada, como si me debieras tantas cosas. me siento como engañada, pero en un participio pasado, ¿es posible eso? Pienso en todas las veces que calmaste mi llanto con palabras que apuntaban a un futuro, con expresiones de promesas y mi llanto cesaba, ahora pienso: mentiras, fraude. siento que todos esos llantos empantanados vuelven juntos al llamarte en la noche y que no escuches salvo el sonido del refrigerador y de tu amada, que duerme esta vez, sin saber que ya no piensas en mí: ya no de ese modo. No piensas en mí: ella duerme. Eco.

Ya en la duermevela, voy sabiendo que se debe a la propia fatiga de mi tiempo [el tiempo en sí], primeros avisos de la deuda que contraeremos con la muerte por habernos mostrado la vida. Y es cuando me abrazo más a tu cuerpo en busca del beso. Y es cuando menos lo hallo. Y es cuando comienzo a escribir esto.

"La soledad no existe", decías en la noche, y al ver mi incredulidad te quitabas con tus manos pétreas la ropa y me decías: ves este cuerpo, este cuerpo es real y te dice que no estarás sola. y yo tocaba tu pecho en la noche y sentía un calor intenso, como de lava, como de cosas que no existen porque todavía no han sido definidas. Y te miraba con cara de niña y te creía. Eran cosas de niños, supongo. Los adultos ya no creen en esas cosas.

Y si alguna vez has existido, no existe esa vez. Y si en algún lugar has existido, no existe ese lugar.

A la sombra de lo desconocido. Eres todo lo desconocido, amor, eres todo lo no nombrado, lo no deseado. Lo exterior. ¿Por qué te quiero, amor mío, por qué te quiero tanto si me has destrozado con cuchillos finos y me has colgado de la copa más alta de la humillación y desde ahí arriba ni siquiera reconozco mis pedazos?

Aquí está el sexo: que ya no es nada: puro asco, puro trámite, impureza.
Aquí está el cuerpo: (...).
Aquí está la inteligencia: que no procesa tu egoísmo último, tu crueldad, que no entiende qué era yo y qué no era para destruirme con tanta indiferencia.
Aquí está el amor, que lo destroza todo y el amor, que solo se lee en ti: trauma.

Hay que estar muy confundida para barrer de un solo golpe todos los sueños, y las heridas mal cerradas, y las estrellas que nos esperaban entre el polvo.

Los objetos que te llaman son representaciones tuyas. Me marcho cada vez más lejos para ver si los objetos no se parecen a ti, pero todos son iguales a tu cara. La almohada es tu espalda, el reloj es tu muñeca, la puerta es tu silueta, la ventana, tu salto mortal.

Voy amontonando objetos para que cuando regreses halles aquí a tu doble; para que no quepas; para que no regreses. Que seas feliz. Donde quiera que estés.

Aléjate de mí de una vez, desconocido. Tu ausencia solo provoca más muertes; tus reapariciones provocan de nuevo mi náusea. Solo una foto tuya consigue hacer aullar a mis entrañas. ¿Qué haré con toda mi locura cuando te vea? Tu existencia es mi enfermedad, pero tu ausencia tiene el rostro pálido y los ojos hundidos de la muerte.

Dostoievsky decía: yo tengo un proyecto, volverme loco, tú, al contrario, concebiste el proyecto de expulsar tu locura, porque, quieras o no, ya estabas loco.

Pídeme perdón, maldita sea. No seas tan cobarde: "igual te hice daño". ¿No has visto que todo tiene que ver contigo? ¿Que toda esta huida lleva tu nombre en cada tarjeta de embarque?

¿Qué has sido tú en mi vida?: el todo, porque conseguiste que creyera que yo era alguien y no solamente sombra. Y vuelvo a la sombra de la que me creaste. ¿Qué he sido yo para la tuya? ¿Muchas palabras, pocos (poquísimos) hechos? Yo he sido tu puto tubo de ensayo.
Fin.
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