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7 de septiembre de 2014

Yo confieso

Cuando María Zambrano habla es mejor quedarse callada:



La confesión parece ser así un método para encontrar ese quien, sujeto a quien le pasan las cosas, y en tanto que sujeto, alguien que queda por encima, libre de lo que le pase. Nada de lo que le suceda puede anularle, aniquilarle, pues este género de realidad, una vez conseguida, parece invulnerable. Y el logro de este punto de invulnerabilidad tiene que ver no sólo con esa unidad pura, con el centro interior, sino también con este misterioso mundo que es preciso unificar, adentrándose en él, venciéndolo a fuerza de intimidad, sirviéndole en una esclavitud que va a dar la libertad. Quizá la filosofía sola pudiese arreglar el conflicto si la falta de intimidad afectase a la realidad de las cosas. Más, lo grave es ser un extraño para sí mismo, haber perdido o no haber llegado a poseer intimidad consigo mismo; andar enajenado, huésped extraño en la propia casa.

La inserción de ese centro interior, si de veras lo es, hace que ese mundo del desvarío cobre forma y se ordene, porque las entrañas doloridas y rencorosas al punto se hacen de alguien, de un ser que las recoge. Pero algo más; desde él les llega una luz, en la que se tornan visibles. Se hacen propias; el sujeto, que ya lo es, las posee, aunque sin nada que implique dominio violento, pues no obedecen de esa manera. Es una forma de posesión sin mandato ni mandado, porque se trata de unir lo que al unirse formará un solo ser.

La pavorosa faz de la actualidad ¿no nos presenta, sin duda, esta figura de un mundo sin sujeto, donde ha desaparecido el sujeto, donde el yo anda errante como rey sin súbditos ni territorio, donde no existe por parte alguna el alguien responsable, el alguien con identidad y figura propia? Mundo anterior al ser, en que lo psíquico tiene la existencia demoníaca de la multiplicidad inaprensible y diluida; mundo de donde han huido las formas, quedando sólo el fantasma inasible y rencoroso; el fantasma y el vacío. ¿No estará necesitado de una verdadera e implacable confesión? 

La confesión: género literario

17 de marzo de 2014

No sé construir una casa

"El habitante de las grandes ciudades vuelve a caer en un estado salvaje, es decir, en un estado de aislamiento. La sensación de estar necesariamente en relación con los otros, antes estimulada en forma continua por la necesidad, se embota poco a poco por el funcionamiento sin roces del mecanismo social. Cada perfeccionamiento de este mecanismo vuelve inútiles determinados actos, determinadas formas de un sentir". 
P. Valéry

La idea de una casa se me enquista.

Mi casa será la herida de mí o del mundo
ya no distingo
entre todas estas hojas perennes y las que caen en primavera

mi suelo
ya no está frío

no me puedo refugiar en él

mi corazón va demasiado rápido en mi casa
debo aprender a vivir con la arritmia de vivir

me faltan proteínas y ventanas
duermo siempre hasta muy tarde
vivo con la sensación de ser agredida
me duele la imposibilidad de estar viva

No sé construir más que la locura.



Jen Corace



27 de junio de 2013

Entrada al centro de la noche

Léona Snow
(...)
y el cuerpo busca porque se busca se lanza porque se
niega y es en el salto donde por fin se asume en vertical
se asume en punto de fuga:

es lo precisamente otro desde fuera de sí mismo

y cae y se termina de parir en la caída

Y es entonces cuando uno debe asumir el oficio

cuando es debido hacerse límite y cercar el origen y

gritar alacranes y apuntalar las casas que nos quedan

dejar de pulirnos a modo de espejo

comprender que somos sed porque somos pozo

y entender que la forma más perfecta del amor es el regreso

y volver a uno para no negarse jamás

volver a uno para ser el centro de toda ausencia

y cobrar sentido en la casa propia de los huesos

en la oscura biología del desahucio que se impone.

Incendiario
Bárbara Butrageño


estoy de regreso unos días
debería echar a correr.

Gracias, Bárbara.
:*

25 de abril de 2013

El Heimweh de Kaléko



Abril. Berlin. Día del libro. Consigo por fin Tres maneras de estar sola de Mascha Kaléko y leo. Leo a Kaléko en Berlín, en primavera, en el centro de su dolor de hogar, es decir, de su nostalgia.

Y son tres. Son tres las partes en las que este libro está estructurado, es decir, son tres las formas de su dolor: la racionalidad (sátira, ironía, visión/versión social), la morriña y el amor, es decir, los amores. Y mientras leo el libro pienso que querría escribir largamente sobre ella.

Por ejemplo, se me ocurre que esa nostalgia (Heimweh) no está solo relacionada con ser exiliada, sino también con sentirse "extranjera": esa bella palabra en alemán que sirve tanto para extranjero como para extraño: fremd. Y debido a esa "extrañeza" se interroga y se entrevista a sí misma. La introspección no está, sin embargo, desvinculada de la realidad. Ni del tiempo.

Porque el emigrante siempre está solo: no solo pierde el lugar, sino que se desentiende del tiempo que ya no vivirá en su Heimatland. Y que la patria no está donde una nació, sino donde una alguna vez fue feliz. Algo así.

***

La edición.

Me gusta mucho cómo Inmaculada Moreno ha estructurado el libro, me parece, como se deduce de lo escrito arriba, la perfecta (y más inteligente) manera de presentar la poesía de Kaléko. Admiro el trabajo de búsqueda, selección y traducción que hay detrás. Me gusta la edición bilingüe y, sobre todo, poder entender casi todos los poemas en alemán. Por eso me resulta interesante ver cómo ella ha decidido traducir ciertas expresiones: extenderse, acortar, dejar ciertos sintagmas fuera de la interpretación.

Y, por último, leer este libro me ha abierto el apetito. Me encantaría traducir más de ella, hacerlo de verdad, de manera profesional. Me parece fundamental seguir abriendo caminos, convertir a Kaléko en un clásico, también en español.

Me gustaría escribir casi todo el libro en este post para que la leyerais, pero no: creo que deberíais haceros con el libro de alguna manera porque si encontráis el lugar y el momento perfecto para leerlo, como me ha pasado a mí, os sentiréis tan cerca de su dolor de hogar que lo comprenderéis. O al revés. No sé.

No me puedo resistir a dejaros un poema en alemán, la traducción de Moreno y proponer una nueva, no  con la intención de mejorarla, sino de aportar una nueva interpretación, sobre la que hablo abajo.


Das berühmte Gefühl 

Als ich zum ersten Male starb,
Ich weiß noch, wie es war. 
Ich starb so ganz für mich und still, 
Das war zu Hamburg, im April, 
Und ich war achtzehn Jahr. 

Und als ich starb zum zweiten Mal, 
Das Sterben tat so weh. 
Gar wenig hinterließ ich dir: 
Mein klopfend Herz vor deiner Tür, 
Die Fußspur rot im Schnee. 

Doch als ich starb zum dritten Mal, 
Da schmerzte es nicht sehr. 
So altvertraut wie Bett und Brot 
Und Kleid und Schuh war mir der Tod. 
Nun sterbe ich nicht mehr.


El famoso sentimiento

Cuando morí por primera vez,
todavía recuerdo cómo fue
morí por mí y en silencio,
fue en Hamburgo, en abril,
y tenia dieciocho años.

Y cuando morí por segunda vez,
morir dolió tanto.
Te legué apenas nada:
mi palpitante corazón delante de tu puerta,
huellas rojas en la nieve.

Pero cuando morí por tercera vez
no dolió mucho.
Tan cotidiano como cama y pan
y vestido y calzado fue la muerte para mí.
Ahora he dejado de morir.

(Traducción de Sara R. Gallardo)

El célebre sentimiento

Cuando morí por vez primera
aún sé cómo ocurrió,
morí en silencio y fue del todo,
pasó en Hamburgo, el mes de abril,
y yo tenia dieciocho.

Cuando morí por vez segunda
la muerte me hizo daño.
Yo te dejé bien poca cosa:
el corazón batiendo en tu portón,
sobre la nieve huellas rojas.

Pero al morir por vez tercera
no me dolió ya tanto.
Tan cotidiana como el pan
y los vestidos fue la muerte.
Ya no me muero más.

(Traducción de Inmaculada Moreno,
Tres maneras de estar sola, Renacimiento, 2012)


***


En primer lugar, Moreno ha elegido dos verbos (ocurrir y pasar) para explicar el "hecho" de la muerte en la primera estrofa, cuando Kaléko eligió el verbo "sein" (ser/estar). Me ha parecido adecuado (y no redundante) usar en español la forma "fue" en los dos casos donde aparece la forma verbal "war" en la versión original.

— Ich weiß noch, wie es war. Ese verso, en realidad en paréntesis, como una acotación, se traduce literalmente como "Todavía sé cómo fue". Moreno ha traducido ahí "aún sé cómo ocurrió", pero a mí me ha parecido que ese "weiß" alemán también tiene cierto sentido de "recordar" o de "acordarse". Cuando alguien dice en alemán "Ich weiß es nicht mehr" no se traduce al español por un "no lo sé más" o por "ya no lo sé", sino por un "no me acuerdo". Ese es el sentido que le encuentro aquí.

"Morí en silencio y fue del todo" es perfectamente aceptable, porque el "ganz" está reflejado en la versión española; pero el "del todo", que me gusta mucho, hace que se quede fuera ese "für mich". Literalmente "para mí". Es decir, morí por mí, para mí, en mi interior, del todo. Así lo he interpretado yo. En la versión de Moreno el "ganz" actúa como adverbio aislado, pero yo creo que es un potenciador del "für mich", incluso quizá de ambos: del todo para mí y del todo en silencio.

Ese "cuando morí por vez primera" o "por vez segunda" lo he transformado en un "por primera vez" o "por segunda vez". Ha sido una decisión únicamente estilística.

Das Sterben tat so weh. En ese verso, Kaléko nominaliza el verbo "morir". Digamos que la traducción sería "el morir dolió mucho". Moreno ha elegido una traducción que a mi juicio no es del todo correcta al decir: "la muerte me hizo daño", porque puede interpretarse como un herida superficial o un dolor que no tiene que ver con la muerte misma. Creo que es mejor expresarlo en español con un "dolió" que con un "hacer daño". "Sich wehtun" es claramente "hacer daño", pero pienso que "wehtun" como tal tiene el sentido completo de "dolor". Por otra parte, creo que Kaléko hubiera elegido la forma "jemandem wehtun" si hubiera querido expresar que la muerte le hizo daño y no que el hecho de morir dolió, es decir: Das Sterben tat mir so weh. En cambio, ella ha optado por el verbo sin complemento indirecto, lo que le da un carácter mucho más profundo, desde mi punto de vista.

El "hinterließ" como pasado del verbo "hinterlassen" tiene el sentido de dejar, es decir, de legar a alguien algo cuando se muere. Por eso he preferido el verbo más específico "legar" frente al "dejar". Otro aspecto en ese verso es el "gar wenig". El "gar" aquí es un potenciador del "wenig", que significa poco. Me parece acertada la traducción "bien poca cosa", pero yo, personalmente, intento evitar la palabra "cosa" en la poesía, que es muy indeterminada y poco expresiva y me he inclinado por la expresión "apenas nada", aunque sigue sin convencerme al cien por cien. Me gustaría encontrar una expresión más paralela en español, pero no existe. "Más bien poco", "apenas algo", "muy poco" serían alternativas también plausibles. Por otra parte, Kaléko coloca esta expresión al principio del verso, lo que en alemán significa darle más relevancia: lo coloca en el lugar más importante según la gramática alemana. El "te" como primera partícula en mi traducción tampoco me resulta demasiado precisa, pero en español funciona mejor así, creo.

A continuación tenemos el verso "Mein klopfend Herz vor deiner Tür". Varias cosas, aquí. Moreno prescinde del adjetivo posesivo, pienso que su reflexión ha sido que en español, al contrario que en inglés o en alemán, las partes del cuerpo de uno mismo no necesitan posesivo. Sin embargo, en este caso, me parece más correcto dejarlo para hacerlo más comprensible: "el corazón batiendo en tu portón" no expresa exactamente de quién es el corazón. No me gusta tampoco la rima interna que provoca la palabra "portón" y  creo que la preposición "vor" es perfectamente traducible por la preposición "delante" o "ante". Me gusta, además, ese contraste entre posesivos: "mi corazón" frente a "tu puerta". Otro asunto diferente es el adjetivo (que tiene función de gerundio) "klopfend". Por una parte no está declinado, lo que efectivamente nos llevaría a traducirlo por un gerundio. Sin embargo, al leer la estrofa completa mi intuición lectora me lleva a colocar dos sintagmas nominales con adjetivo: "mi palpitante corazón" seguido de "huellas rojas". Es, por tanto, una decisión facultativa y que podría ser mejorable. 

Al contrario de lo que Moreno ha decidido en las dos primeras estrofas, en la tercera sí que nos encontramos con un pronombre personal en la traducción del verso "Da schmerzte es nicht sehr", que se traduciría literalmente por "ahí/entonces no dolió mucho". El "Da" es más bien enfático, así que lo he dejado fuera, pero no me atrevo, como ha hecho Moreno, a poner en comparación esa muerte con las anteriores "no me dolió ya tanto".

En los siguientes versos se prescinde de la enumeración y Moreno decide solo nombrar "el pan y los vestidos". Creo que la intención de Kaléko es hacer hincapié en lo más básico: el pan, la cama, el vestido y el calzado, por eso he respetado la enumeración. 

Algo muy diferente es el último verso, cuya traducción por parte de Moreno me parece  más acertada en comparación con la mía. Aun así, me gustaría dar un par de ideas sobre él. Ese "nicht mehr" en alemán se traduce por "no más", sin embargo, en ciertas frases como "Es regnet nicht mehr" se traduce al español (porque en español es posible, por suerte) por un "ya no llueve" o "ha dejado de llover". El "ya" que propone Moreno deja fuera la partícula "nun", que aquí tiene función de adverbio de tiempo: ahora. Me parece importante dejar ese "ahora" en primer lugar. En ese caso, el "ahora ya no muero más" (frente al "no me muero más") me parece la traducción más correcta, pero también artificial. Suena bastante mecánica y poco creíble. De ese modo, he decidido traducirlo en el otro sentido, en una traducción quizá un poco más libre, y acabar el poema con un "ahora he dejado de morir".





22 de abril de 2013

Lengua nómada

Suena nada.

Suena un motor (una fuga).

Suena un sobre deslizándose, suena otro sobre, suena hueco.

Suena Natalia.


¿Quién va a salvar este mundo?
¿Quién salva las palabras si todo el mundo arde?


Natalia Litvinova suena a mundo. Suena a mundo partido, a mundo refundado.
Suena a las entrañas del bosque.

Suena a una canción rusa. Suena a París. Suena a Buenos Aires.
Suena a palabra.

Natalia es todos los versos que le faltan a la nieve.
Los versos de Natalia son las cartas que no llegan.


Dara Scully. Siempre tan sobrecogedora.

TUS OJOS SE HAN VUELTO MI CENICERO

días y noches te he escrito, la primera frase era no existe Rusia, París no existe.

mis manos se vuelven más y más invisibles, besarte es besar una pared en blanco, y no nos hemos besado.

miro este cuerpo tan cuerpo, cuántos lo han amado (¿quién podría amar un cuerpo perdido?), cuántos inviernos prematuros festejaron en su vientre.

al margen de esta hoja se escribe mi vida, y se asusta y se intenta poesía, se intenta verso claro que fracasa y se vuelve cuerpo.

leo el testamento de Kafka como única carta de amor.

pronto en París caerá la nieve. en Rusia también. otra nieve, vendrá la primavera por vientre.

los que me han amado intentarán volver a mí por la fuerza.

querido, tus ojos se han vuelto mi cenicero. besarte es besar la desventaja del tiempo.

leo el testamento de Kafka, lo único que me queda. mientras, regresan tranquilos los que me quieren santa y desnuda.

Natalia Litvinova, Esteparia

(...)
La piedra. De repente me volví loca.
No podré olvidar si no te escribo.
Revisé lo que tenía tu nombre.
¿Puede ser egoísta el que está solo?
(...)

Natalia Litvinova, Cartas de la locura

6 de marzo de 2013

Pido a la vida no engendrar vida

Exilio

Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en que vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.

¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?

Siniestro delirio amar a una sombra.
La sombra no muere.
Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ángeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.

Alejandra Pizarnik


Ocho cuervos*

¿Para qué tanta vida?
A. Pizarnik

El cuerpo es nuestra madre y nuestro padre. Nos somos todo:

Abrigamos el daño
por si nos dura un invierno.

La matriz es una enjambre de moscas
que se mueven
que devoran.

El rojo se parece / al color de la muerte. / La carne amorata el dolor.


---

*Hasta el 20 de abril se puede ver su trabajo en Galerie Wedding (Berlín). Más info.

1 de febrero de 2013

Los niños-sombra

"¿Cómo podía yo conocer la verdad de las sombras si sólo eran sombras?", escribí con 17 años.

Hoy Alejandro Zambra me responde:


Me mostró sus dibujos recientes y sin embargo no aceptó que le leyera las primeras páginas de mi libro. Me miró con un gesto nuevo, un gesto que no puedo precisar.

Es impresionante que el rostro de una persona amada, el rostro de alguien con quien hemos vivido, a quien creemos conocer, tal vez el único rostro que seríamos capaces de describir, que hemos mirado durante años, desde una distancia mínima -es bello y en cierto modo terrible saber que incluso ese rostro puede liberar de pronto, imprevistamente (sic), gestos nuevos. Gestos que nunca antes habíamos visto. Gestos que acaso nunca volveremos a ver.

*

Entonces no sabíamos los nombres de los árboles o de los pájaros. No era necesario. Vivíamos con pocas palabras y era posible responder a todas las preguntas diciendo: no lo sé. No creíamos que eso fuera ignorancia. Lo llamábamos honestidad. Luego aprendimos, de a poco, los matices. Los nombres de los pájaros, de los ríos. Y decidimos que cualquier frase era mejor que el silencio.
Pero estoy contra la nostalgia.
No, no es cierto. Me gustaría estar contra la nostalgia. Dondequiera que mire hay alguien renovando votos con el pasado. Recordamos canciones que en realidad nunca nos gustaron, volvemos a ver a las primeras novias, a compañeros de curso que no nos simpatizaban, saludamos con los brazos abiertos a gente que repudiábamos.
Me asombra la facilidad con que olvidamos lo que sentíamos, lo que queríamos. La rapidez con que asumimos que ahora deseamos o sentimos algo distinto. Y a la vez queremos reírnos con las mismas bromas. Queremos, creemos ser de nuevo los niños bendecidos por la penumbra.

Formas de volver a casa
Alejandro Zambra


10 de diciembre de 2012

Herzkrank

He tenido siempre el corazón pequeño y
también he tenido que aprender a respirar.




Foto de Laura Gasparella. 8.12.2012

23.

Una cita:

Cuando morimos somos muy pequeños. Tan desmemoriados que tenemos nuestro nombre en la punta de la lengua. No sabemos que la altura es la altura y tal vez caemos sin saber que caemos. El líquido que sale de la boca de un noruego al hablar, amortigua la gravedad. Ponemos atención a ese sonido que tal vez sólo dice buenos días o buenas tardes. Suena como el hielo quebrándose o como garzas al ocupar su árbol en la tarde. Suena como el obituario donde por fin sabemos cuál es el hilo que teje nuestra piel. Sabemos esto cuando ya no sirve para nada saberlo. Lo supo Poe, como quien conoce lo que mueven las migraciones. Unos pocos conocen de memoria los nombres de las flores de la estepa y las muchas maneras de decir nieve. Hay quien recita los nombres de lo triste. Hay quien conoce la diferencia entre la sal y el azúcar a simple vista. Estas son las cosas que sabes al caer: la textura de los minutos y todas sus ataduras. Los nudos entre la tarde y la mañana.

Valerie Mejer Caso
Geografías de Niebla
 



4 de noviembre de 2012

Literatura vs. vida

Tan serena, en su coma,
ella había aceptado correr un cierto riesgo
(como se mira a veces al sol, y su disco,
antes de que el dolor
se haga demasiado cruel)
al suponer que todos eran como ella,
pero naturalmente ese no era el caso.
Ella habría podido llevar una vida dulce y plena
entre los animales y los nietos
pero había elegido la sociedad humana
y era tan bella a los diecinueve años.
Sus cabellos rubios sobre la almohada
formaban una extraña aureola,
como a media entre un ángel
y un ahogado.
Tan serena, definitivamente bella,
apenas si levantaba los cobertores
al respirar; pero ¿soñaba?
Parecía feliz, en cualquier caso.

Michel Houellebecq
Poesia
(sacado de aquí).



Yo no he leído literatura, solo quería saber cómo se vivía. 
Herta Müller

17 de octubre de 2012

Y la vejez incendió mi memoria

Antonio Gamoneda perdió a Antonio Gamoneda y una biblioteca cuando era niño. Gamoneda entró a la memoria sin herencia. Empezó a leer y solo tenía un libro. No tenía herencia. No tenía padre. Sus libros no ardieron, sus libros solo eran los libros de su padre, que no estaba.




Vi una tempestad conducida por lamentos, flores endurecidas en su propia belleza y, en los desvanes, augurios sobre excremento de palomas.

Vi también madres blancas y cifras para la organización policial de la existencia.

Esto fue en la niñez. Más tarde,

bajo la niebla azul del metileno,

vi esferas en cuyo interior la crueldad es sagrada, la desnudez atormentada por imanes y los tumores industriales. Luego,

sentí los dientes del alcohol y la respiración de la tristeza.


Por sus cánulas descendieron los líquidos de la vejez, pero la vejez incendió mi memoria: vi aún la córnea del niño envenenado por su propia inocencia y los juguetes de los agonizantes,

vi la alcuza sin esperanza, la bocina que llora y la cafetera olvidada por una madre loca en la cercanía de las serpientes.



Dormía ante los espejos. En la profundidad del mercurio permanecerían la princesa ulcerada y el metrónomo enloquecido en la inmovilidad (era otra vez la infancia rodeada de vértigo).


Por fin,

vi las huellas de los animales concebidos en el llanto y las agujas que atraviesan los sueños.


He despertado. Ya

no veo más que las delicadas espátulas, tan útiles en la preparación de la agonía.

Antonio Gamoneda,
Arden las pérdidas (Tusquets, 2003)
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