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28 de diciembre de 2013

Crónica pasada: Animal de huida


Uno de los libros que más ilusión me ha hecho leer/tener/disfrutar/prologar/compartir este año ha sido Animal de huida (Ediciones oblicuas, 2013) de mi queridísima Emily Roberts, con quien compartí presentación la pasada semana en el Bogui Jazz (Chueca) de Madrid. Aquí os dejo mis palabras introductorias, algunas reescritas para la ocasión a partir de apuntes, y fotos del feliz parto.


"Presentar a Emily Roberts me hace especial ilusión por tres motivos: el primero porque la quiero muchísimo, el segundo porque es Madrid, una ciudad que es/ha sido suya y que ahora estoy haciendo mía y el tercero porque formo parte de este libro, no solo en las primeras páginas, sino que conozco el engranaje interno y las dudas y los vaivenes del camino.

Me alegro mucho de ver a Emily tan arropada y sé que todos o casi todos la conocéis personalmente, por eso me gustaría presentarla de otra manera. Quisiera presentar a Emily tal y como la veo yo.

Hay una niña-escritora en una habitación.

Es una mañana de diciembre, hace mucho sol y mucho frío. La niña-escritora mira por la ventana a un lugar y piensa si lo que escribe son poemas o su propia vida.

Se pregunta si escribir es morir o vivir más.



Además de suicidio, todo acto de escritura es, debería ser, un acto de honestidad. Tomar el lenguaje, tan arbitrario, y decir algo que pueda ser verdad. Y nunca hablarle a una persona, siempre hablar desde y hacia un lugar.

Y eso es lo que le ocurre a la bella Emily Roberts: le habla a un lugar que se llama home. Y es la casa como raíz y como retorno. En el devenir de la vida, en el patético fluir de todo, Emily construye una palabra sólida que remite a un lugar y a una voz. Una voz mutable de niña, adolescente y mujer, pero a un lugar fijo, a un faro en medio de la marea de los días.

A Emily no le asusta alzar la voz, pero lo que la convierte en una poeta de todas nosotras es su magistral poder para mezclar el silencio y la palabra, la palabra rítmica, escénica, a veces ficcional. Una palabra, un verso que describe desde el verbo. 

¿Desde dónde si no buscar lo sólido?

Lo hace bien y lo consigue como acto de confesión que nos incluye a todos. Emily se llama Laura y también se llama Vida. Emily nació en Ávila y nació en Holanda y vive en Madrid, capital de Escocia.



Emily Roberts habla la lengua de los niños del bosque que sueñan con una ciudad, con la voz del animalito. Habla como una niña urbanita que aprende a pronunciar amor y pérdida. Y duele. El idioma materno de Emily es el inglés y este poemario es un libro de relatos.

Solo saliendo de una se puede volver. Es una frase pretenciosa, pero es muy simple. Y no es mía. Tampoco es de Emily. Pero ella y yo sabemos qué significa. Significa que solo desubicada puedes encontrarte con tu individualidad, matar o cuidar al padre/madre, volver. Vuelta como horizonte, porque solo en la vuelta una pone cada cosa en su lugar: la casa como centro, el bosque como infancia, el yo en el camino.

Las dos hihi, y el editor, Alberto Trinidad, muy serio.

Vamos a dejar que la bella Emily nos cuente cómo se roba el amor, qué palabra usa para matar al tiempo y devorarlo, qué silencio nos tiene guardado para quebrarnos la conciencia y dejarnos sangrar. Hay que leer a Emily con las manos y hay que escucharla con el corazón nuevo, porque tan pocas veces, digo, tan poquísimas veces la poesía nos ofrece una voz honesta y fulgurante como la de ella."

Honesta y fulgurante.

*Todas las fotos son de Mercedes F. Laguna. 




30 de diciembre de 2012

Compañeros de viaje. Lecturas y proyectos de este 2012 que agoniza

Lo de las listas ya es una pesadez. Sin embargo, he vuelto a casa en Navidades y me he puesto a pasar a limpio la lista de todos los libros leídos (y terminados) de este año. Llevo haciéndolo desde que tenía 12 años y me he dado cuenta de lo mucho y lo bien que he leído durante los últimos doce meses, por eso me gustaría compartirlo con vosotros a modo de cierre.

Este año no hay lista de deseos, no hay balance (ayer), no hay propósitos. Solo hay lecturas. Me quedo con  muchos de los libros que he leído este año, no necesariamente publicaciones de 2012, y con las relecturas.

Empiezo:

Lecturas

De lo primero y de lo último: los dos libros (uno publicado y otro inédito) de Emily Roberts. Emily es una niña muy dulce y muy inteligente, que se toma esto de la literatura muy en serio: su blog, sus lecturas y su trabajo son una prueba.

Otras dos chicas a las que he leído intensamente este año son Adriana Bañares y Sara Herrera Peralta: dos voces que crecen.

Los tres ensayos con los que más he disfrutado son: Ahora, escribo, de Lolita Bosch (Periférica, 2011), regalo de Javier García Rodríguez con un "este libro es para ti"; Postpornografía, de Marisol Salanova (Pictografía, 2012) y reedición electrónica por la Colección de Husos de Sigue Leyendo a 1'99€; y Blog up, de Agustín Fernández Mallo (Universidad de Valladolid, 2012), que he citado este año de manera descontrolada e insistente.

De poesía (y poesía joven) voy a destacar dos libros: El libro de la crueldad (La vida rima ediciones, 2012) de Layla Martínez y el poemario bilingüe Artikoa / Ártica (Amargord, 2012) de Izaskun Gracia. Sobre ambas y sobre ambos he hablado ya en mi blog en los enlaces a los que conducen sus nombres.


Entre narrativa y poesía, me alegro mucho de haber leído este año a Gamoneda, a Riechmann, a Galeano y a Claudio Rodríguez. Y los Hijos de la ira de Dámaso Alonso. Ah, y por fin, abordar a Coetzee. También me siento especialmente feliz por haber descubierto a varios nombres que me han hecho estallar el cerebro. Esto es. Las crónicas de Joan Didion, sobre la que escribí en Koult.es, a propósito de Los que sueñan el sueño dorado (Literatura Mondadori, 2012). Pero, sobre todo, la poesía de la casi desconocida Anise Koltz, a la que me quiero tatuar con, por ejemplo, estos versos, y de Valerie Mejer Caso, de la que también me he enamorado un poquito gracias a Uxue Juárez y a la que he citado en este blog a lo largo de diciembre.

También estoy orgullosa de haber leído, por fin, la prosa de Mercedes Cebrián, a la que considero de lo mejor de los 22 de Granta (sin haberlos leído a todos). Y a Pablo Fidalgo Lareo: La educación física (Pre-textos, 2010) la he citado, pero no lo suficiente. Un libro con muchísimas lecturas. Un libro que me ha tocado profundamente.

Por último, en la sección de lecturas sorprendentes, incluyo La Nave, de José Pablo Barragán (El Gaviero ediciones, 2012), leído hace apenas dos días en un bus para nada futurista. Este alto y breve poemario abre, desde mi punto de vista, caminos nuevos en la poesía española, gracias a la envidiable labor de Ana y Pedro y a eso que ellos llaman Sci-fi poesía. Solo tengo que decir bravo.

Hipótesis

Al parecer existen intercambios
a nivel neuronal que determinan
cualquier mínimo espasmo de los músculos
La libertad no existe en consecuencia:
tan sólo el simulacro de ser libres

Pero esta servidumbre de sinapsis
(un vulgar mal de muchos) no consuela
la tristeza del porno en internet
las cajas de condones caducados
la ausencia de tu ropa en mis cajones
las sábanas limpísimas pulquérrimas
sin el mínimo rastro de tu aroma

José Pablo Barragán, La Nave
El Gaviero, 2012

Proyectos

Yo también hago recopilación. Este año estoy orgullosa de haber participado en varios proyectos literarios, artísticos y multidisciplinares, desde la obra de danza, teatro y poesía pielescallar (producción del Ballet Contemporáneo de Burgos, 2012), hasta la plaquette Cartografías (El Colmo colectivo, 2012), que se presentó hace tres días en La Curva de Valladolid y en el que participé con un poema visual titulado 'Mapa'.








 Si no fuera porque estoy yo, habría destacado en el apartado "lecturas" el precioso engendro de plumas, ilustración y letras Cuaderno de vuelo, capitaneado por la fotógrafa y poeta Dara Scully. Podéis leerlo desde aquí. Supongo que Cartografías también estará disponible en breve en formato digital, como el resto de a serie de COLMO Poemas de la chica de la curva. Pero, por si acaso, os dejo con uno de los poemas que más me han gustado de la obra y perfecto para estos días de lluvia y sal:

Compañeros de viaje

Os acordáis. Las calles que llevaban a la escuela
de la mano. Las botas de agua. El tiempo no era nada y los
recuerdos
tan solo una palabra de mayores.
Después fuimos ya solos por las calles, los amigos, las plazas.
Llegó la noche blanca, de repente. Os acordáis. Las calles eran
mejor de noche.
Las calles que llevaban a los bares. A casa de otro,
a nosotros mismos.
Os acordáis. Una farola, la lluvia, algún cigarro.
Quedamos a las diez y de repente: ser feliz.
Os acordáis. La vida en calles.


Celia Prieto Mazariegos

Por último, una alegría y una sorpresa que me he llevado ayer al recibir en mi buzón el nuevo proyecto de Format C, una revista de fotografía, arte, poesía, etcétera, editada por el artista Diego de Haro (autor de la ilustración de mi Epidermia). Él me pidió una colaboración y una entrevista para este [de]construcción y yo he recibido mucho.

Si estáis en Almería podéis pasaros por la exposición de carácter (audio)visual que acompaña la obra hasta el 4 de enero. Y si podéis haceros con una edición, os aseguro que es una auténtica pasada. Os dejo también una de las fotografías de los cuadernitos de autor de Format C. Es obra del austriaco Oliver Mairinger.

Seguro que me he olvidado de mucho o que la información que doy no es del todo completa. También me he dejado en el tintero algunos libros que tengo muchísimas ganas de leer. No me importaría reseñar (pronto) El sueño de Visnu, de David Meza, con el que ando ahora, o el último libro de Juan Carlos Mestre. Pero, bueno, eso será, si no me atraganto con las uvas, en 2013.

Besos y salud a todos.

Fotografía de Oliver Mairinger








Para hacer de todo un signo: Cerrar un círculo. Una era. Yo soy el fin del mundo

La luz del norte me ponía triste y mi padre me decía “Pues no haberte ido”, y él me decía “¿Pero no querías irte? es precioso, no te vayas sin ver la aurora boreal, yo pasé dos meses sin ver la luz del sol”. (...) Podía ir a cualquier parte, me decía, eres feliz, eres feliz, y también soy deportada. Tenía el poder de mentir pero no lo hacía. Podía inventar cualquier parte de mi pasado porque iba a desaparecer, porque había desaparecido, pero no lo hacía. Me hablaban en mil acentos, pero todos me sonaban igual: quiéreme, estoy solo, soy extranjero. Todos éramos extranjeros excepto cuando bailábamos. Estoy aquí porque quiero o porque no me querían allí. “Nunca le preguntes a un hombre”, diría mi madre, “siempre miente”.

Emily Roberts


27-12-2012, Valladolid, hace dos siglos


Excepto cuando bailábamos. 

Y sí que bailábamos. Y he bailado creando una hoguera y he bailado dos noches dos días una tarde un antes un recuerdo con mi pasado que era un incendio y he bailado no con las sombras, sino con los niños y sus osamentas de ciervo, con sus voces de la adolescencia, con sus manos y sus caras retorcidas y aniñadas. Y aquí estoy. Tres días son tres años. Tres días tres niños tres inviernos y un verano muy frío. El verano de 2002 que se pareció al de 2005. Veo mi boca en el frío y es un pozo

lejos.

Que te lo recuerden. No recordar: anestesiar. Que alguien te recuerde.

Se tenía que cerrar el círculo y tenía que sonar una canción de manera casual por la radio mientras me alejo. Ahora tengo la capacidad de alejarme. Esta sensación de estar de pronto recibiendo lo que es mío. Se tenía que acabar el año para que no hiciera balance, para que el balance me hiciera a mí: dicen que el 22 se acabó una era. 

Hoy atravieso un llanto y la nieve cae:
 retrocede.

Yo soy hoy
el fin
del mundo.

Agua
agua
agua

síntoma.


1 de octubre de 2012

Ala que se rompe.


Hoy ha salido a volar esta publicación preciosa, que huele a papel y a antología, aunque solo sea luz de pantalla. Huele a hojas de otoño.

Ha aterrizado, gracias a Dara Scully, tímido. Ha llegado frágil, como un pájaro huérfano que agoniza en mi mano.

Un nido de niños. Un nido de poetas e ilustradores que grita. No hay nada más frágil que las palabras y los pájaros. Nada más vulnerable que el grito de un poeta.

22 de julio de 2012

Infancia (I: Citas)


Un portal de una casa abandonada, en Berlín.

Como borboletas de sangre brotamos de carne aberta

Vinícius de Moraes

Está asomado a la ventada de su piso en Johannesburgo. Empieza a caer la noche. Un coche se acerca rápidamente a lo lejos, baja la calle. Un perro, un perro pequeño y moteado, salta delante del coche. El coche atropella al perro: las ruedas le pasan por encima, justo por la mitad del cuerpo. El perro se aleja arrastrándose con las patas traseras paralizadas, aullando de dolor. Sin duda alguna morirá; pero en ese momento lo apartan de la ventana. 


Es un primer recuerdo magnífico, que empequeñecería cualquier cosa que el pobre Goldstein pueda pesacar de su pasado. Pero ¿es cierto? ¿Por qué estaba él asomado a la ventana mirando una calle vacía? ¿Vio realmente cómo el coche arrollaba al perro, o solo oyó aullar al perro y corrió a la ventana? ¿Es posible que no viera más que a un perro arrastrando sus patas traseras, y que inventara lo del coche y el conductor y el resto de la historia?


J. M. Coetzee
Infancia

La dueña era una mujer mayor que había sido pintora; no llegó a cosechar ningún éxito y vivía de lo que lograba vender en ferias de artesanía: cuadros, manteles hechos a mano, bisutería, muebles restaurados. Era una mujer cabello largo y blanco, de facciones dulces, cinceladas de arrugas como los meandros que hace un río, y manos nudosas revestidas de callos, que revelaban lo que había vivido. Fue ella la que nos enseñó el piso, pues no estaba dispuesta a vendérselo a cualquiera, y fue ella la que dijo, cuando me puse a llorar en la sala (como un crío; creo que no he llorado tanto desde aquella vez en que Tommy Webber me tiró del columpio del parque cuando teníamos cinco años. ¿Te acuerdas, Lila? No lloraba porque me hubiera hecho daño, sino porque tú estabas ahí, delante, mirándote las rodillas, raspadas como siempre, con el flequillo disimulando el pudor de tus ojos y viendo lo incapaz que era yo de defenderte, ¿y cómo podría protegerte a ti entonces, pensaba?), que podía quedármelo. Era una de esas personas que tienen un áurea muy fuerte, Lila, un áurea que emana como un buen perfume, que viaja a través del aire, se te pega y se te enreda en la piel, y sentí que estaba allí, abrazándote, como al niño pequeño en el que me había convertido; que ella me miraba con sus ojos casi transparentes y entrecerrados, y lo sabía todo. De ti, de mí, de tus padres, de los míos.

Recuerdo que, al ver aquella sala, pude imaginar tu presencia allí como si te estuviera viendo realmente. Allí, sobre la alfombra, estarías tú tumbada, con las piernas hacia arriba, en esa lánguida postura tuya tan característica de dejar la vida pasar, escuchando tus vinilos. El tocadiscos estaría sobre aquel cojín de lentejuelas, y la música (aquella música ecléctica, que variaba según tu estado de ánimo, que podían ser los Beatles hoy y Led Zeppelin mañana) inundaría la sala como el mejor de los aromas a pan recién hecho. Yo llegaría de trabajar a las cinco, con algo de comida en una bolsa de papel marrón, y colocaría la chaqueta sobre un sofá (ya la recogería después), posaría un beso sobre tus labios azul cian e iría a la cocina para dar de comer a Milkshake, ya que tú, seguro, lo habrías olvidado. Luego abriría una botella de vino, me prepararía algo de comer y lo llevaría al salón, para sentarme en el sofá, junto a ti. Y te diría ¿quieres una mandarina?, y te ofrecería ¿te apetece chocolate caliente? Y me sentiría profundamente feliz cuando comieses unos gajos, o tomases algún sorbo, aunque después volvieras a tu estado de absorción absoluta. Sería feliz sólo de tenerte a mi lado, y sé que tú, en aquella estancia, alejada de Nueva Jersey, alejada de nuestras familias y las presiones que ejercían sobre ti, también lo hubieras sido, al menos un poquito. Y yo te hubiese cuidado, Lila, te aseguro que te hubiese cuidado; porque aunque Tommy Webber me tiró del columpio, no hubiera permitido que lograran arrancarte de mis brazos.

Emily Roberts
Lila

Nunca le ha pedido perdón a su hermano, tampoco le ha reprochado nadie nunca lo que hizo. Sin embargo, el recuerdo le pesa, el recuedo de la blanda resistencia de la carne y el hueso, y de cómo se trituraban.      

J. M. Coetzee
Infancia

                     Pero lo cierto es que la noche
aún nos cubre los tobillos,
se toma su tiempo
                               muda la piel
y tras eso
                       pasa.

Unai Velasco
En este lugar


Su madre no sabe o no quiere decírselo. Durante todo el trayecto, (...), a nadie se le han pasado por la cabeza los libros excepto quizá a la misma tía Annie, los libros que nadie leerá nunca; y ahora la tía Annie yace bajo la lluvia esperando a que alguien encuentre tiempo para enterrarla. Lo han dejado a él solo con todos los pensamientos. ¿Cómo los guardará todos en su cabeza, todos los libros, toda la gente, todas las historias? Y si él no los recuerda, ¿quién lo hará?

J. M. Coetzee
Infancia

19 de julio de 2012

Sachsenhausen. Leer en la lluvia. Morir en la lluvia.




Y cuando visitamos las cámaras de gas y los crematorios, afuera, que en realidad era dentro, 
descargó la tormenta.


***







Por fin conmigo, en mi casa, cenando. Tantos amigos.

5 de abril de 2012

llevándome

Gaviota en Roterdam
Retratada por Emily Roberts

Pizarnik me susurra.
y este sol con lenguas de ortigas.

en el fondo ni siquiera quedo yo
no quedo yo.
( )

no me escribas:
naufraga.

no 
me 
escribas.
nómbra-
me.

31 de marzo de 2012

Turismo-pájaro. Museo-no-lugar. Habitar un museo

pájaro en una isla sin árboles
Juan Andrés García Román


museo. (Del lat. musēum, y este del gr. μουσεῖον). 1. m. Lugar en que se guardan colecciones de objetos artísticos, científicos o de otro tipo, y en general de valor cultural, convenientemente colocados para que sean examinados. 2. m. Institución, sin fines de lucro, abierta al público, cuya finalidad consiste en la adquisición, conservación, estudio y exposición de los objetos que mejor ilustran las actividades del hombre, o culturalmente importantes para el desarrollo de los conocimientos humanos. 3. m. Lugar donde se exhiben objetos o curiosidades que pueden atraer el interés del público, con fines turísticos. 4. m. Edificio o lugar destinado al estudio de las ciencias, letras humanas y artes liberales.
DRAE



la fascinación ya apagada de la materia
Agustín Fernández Mallo

son malos tiempos para la sacralización de los objetos artísticos. Se construyen museos más y más preciosos, para un concepto en estado de ruina.
Agustín Fernández Mallo

"Si lo he entendido bien, también Gabi Martínez echa en falta en las novelas el lugar, en el sentido heideggeriano (típicamente la cabaña), que, en efecto, prácticamente ha desaparecido en favor del no-lugar (típicamente el aeropuerto o el centro comercial). (...) El lugar ha desaparecido, salvo, precisamente, en la publicidad, que explota el ruralismo y sus derivados como gancho manufacturado en un no-lugar".

Agustín Fernández Mallo


El Museo de Pérgamo forma parte del complejo conocido como Isla de los Museos, que agrupa varios de los edificios más representativos de la ciudad de Berlín. La originalidad de este museo, inaugurado en 1930, reside principalmente en su propio concepto: el edificio no fue construido para albergar obras de arte, sino que primero se trajeron las obras de arte, y después, a su alrededor, se construyó el edificio. De esta manera, las propias maravillas, la mayor parte de ellas arquitectónicas, constituyen las paredes y las columnas de este museo.



Sin embargo, llegaré quizás algún día a tal grado de comprensión que estallarán mis ligamentos y saldrán disparadas las palabras como piedras.

Julio Ramón Ribeyro, citado por Lolita Bosch





El orden. Las formas geométricas. La construcción. Lo imposible. Lo impasible. La literatura.
No una historia, un argumento. Ninguna verdad. 
Nadie.
Sino un mundo posible en movimiento constante.
Un mundo que había sido incapaz de detener.
Un espacio radicalmente escrito: No un lugar hecho.
Terminado. Sino escrito:


Abierto.


Lolita Bosch

Vivo en la casa vacía
en la que casi chocan los pájaros
pero no los escucho quebrarse.
Mi estado es mineral. Anterior a la carne. 
 Lolita Bosch

Pergamon Museum. Berlín.


Elise se sentó enfrente del Guernica en Madrid y el segurata del museo le dijo que se levantara. "Está prohibido". "¿Por qué?". "Imagínate que todo el mundo lo hiciera, si todo el mundo se sentara nadie podría pasar ". Porque los museos han perdido todo el arte: todo el aura. Los museos son las cintas mecánicas de los aeropuertos. A ambos lados de la cinta de la T1 de Barajas hay una exposición de ilustraciones de gente con la boca abierta.

Museo no-lugar.

El aura es lo original: es como el alma de los objetos. Esos objetos hiperrepresentados: la puerta de Bradenburgo en un imán para la nevera que está en la imagen de la caseta de un chiringuito que está enfrente de la puerta de Bradenburgo que está siendo retratada a la vez por una media de 98 personas a la vez, desde distintas cámaras, todos a la vez, todos la misma imagen, todos diferentes imágenes que ya no es una ni es la real.

Que deberíamos dejar de ser todos turistas, dejar que muera el turismo, no ser turistas nunca más. Que a través del turismo (da igual que sea en la Alemania soviética en la que solo te dejaban caminar por Unter den Linden y Friedrichstrasse y nunca más allá de ellas o en el Berlín del siglo XXI o en Las Vegas), que a través del turismo nunca vamos a saborear, ver o sentir lo original, solo la representación que nos despliegan ante nosotros para, de hecho, sentir una copia. Y compramos copias que son recuerdos de la copia.

Solo Pérgamo. Hoy Pérgamo. Tocar la piedra y sentarnos en el suelo. Sentarnos en el suelo y ver las paredes del museo como lo que es real y a la vez representado: un poco más real que solo lo representado. Reconstruido de las ruinas y a la vez real.

Tocar la piedra y saber que yo no soy piedra. Que quiero escribir PIEDRA, como Lolita Bosch, pero que no lo soy. Que detrás de la capa hay más capas y detrás de las capas, nada.

Eso.



28 de marzo de 2012

postpoesía: traspasar un género, los canales de ámsterdam


después de volver de Valladolid a los parques de atracciones abandonados de Berlín.
              después de escribir cartas que parecen correos electrónicos
                                                 e-mails que parecen cartas de despedida
                                                 e-mails de siete páginas
                                                                      despedida.

después
        ya sé, como Kavafis, que he destruido mi vida en toda la tierra.

y he venido, después, a Holanda: a encontrarme con Van Gogh.

si alguien me preguntara diría:

yo quiero escribir cartas manuscritas como Van Gogh, escribir largas cartas desde el París moribundo y decadente, escribir largas cartas y mancharme de pintura y usar solo colores baratos y dar pinceladas gruesas. oler siempre a disolvente. fumar una pipa en un ático
                   lejos
y buscar compradores de mi arte, compradores de mi carne: alguien que me sostuviera la mirada. vivir dentro de la cabina desde la que exhibo algo y vendo algo. vivir para vivir.

si alguien me preguntara, diría:



yo quiero firmar Vicent: firmar con mi nombre judío, mi nombre que ha perdido sentido en toda la tierra e ir pintando autorretratos que cada vez más se parezca a mí. quiero usar los colores que yo veo, porque soy realista (si me preguntan), soy realista, porque eso es lo que yo veo: no invento, no post-pongo, no emulo. rojo donde verde que ven otros, azul donde azul. piel donde ojo.

si me preguntaran diría que quisiera ser como Vincent en sus cuadros. quisiera ser una pintora que se pinta pintando. si alguien me preguntara de verdad diría que escribo para pintar como él.


10 de agosto de 2011

El verano más frío desde 2002



Idéntica a mí misma. Eso es lo que dice Ester Folgueral que soy. Leeré con ella a Chantal Maillard. Mañana, en la tetería Kokoro (C/ República Argentina, 1, Ponferrada) a las 21.00 horas. En cierto modo, nunca me he parecido más a todo lo que soy que ahora mismo. Escribir, escribir, escribir.

Sin embargo, hoy eres un buen momento para morirme. Lo pienso, de verdad. Me lo preguntan. Eso dice F. F. Casanova en su último poema antes de, efectivamente, morir. Algo de (co)razón tenía. Aquí lo cuento.

He estado haciendo las maletas. La maleta, porque solo hay una. La enorme maleta donde cabe una niña o un cadáver. Me voy en unos días. Volveré al lugar al que nunca fui contigo. Con él y, en realidad, con todos. Y allí, recordaré lo que nunca vivimos.

Ayer Emily Roberts colgó un enlace en Facebook. Pablo Honey, de Radiohead. Lo escucho y me molesta la garganta al tragar silencio, mi cabeza, sondeada por voces, me duele de tanto silencio. Y las mejillas.

Mientras todo eso ocurre, silencio. Un silencio como de ritual sagrado o de averno. Un silencio que, después de todo, ha sido lo mejor que hemos hecho juntos. Es tan retóricamente perfecto este silencio, ¿no te das cuenta?

Joder, es imposible salir de él. 

He vuelto a una piel que ya conozco. Es una piel de niña. Una piel deshabitada de niña triste o de payaso triste. Una piel llena de llagas y de eccemas. Costras de imágenes que vuelven y revuelven TODO. Un espectáculo de estigmas.

Pronto estaré abandonada al sentimentalismo más puro. Seré, ante otros ojos, lo débil, lo inmóvil, lo inmanente, lo femenino. Volveré al sufrimiento, que es un lugar muy cómodo que siempre acoge a quien pierde todo asilo. Volveré a la autocompasión, que es el único lugar. Al semblante serio. A la hipersensibilidad. Al desastre.

Sí, es la ruta fácil: el semblante serio, la irritablidad, el desprecio absoluto por todo lo que he hecho o haré. El tiempo no importa. Los insultos no importan: ayudan.

Es el silencio. Un silencio tan elocuente. Un silencio que habla de posibilidades estériles. El teléfono habla de rabia, de ahogo, de soledad, de maldad, de crueldad, de indiferencia. Ya sabes, no puedes salvar a alguien de sí mismo.

Mi viaje empieza. Empieza y acaba en el mismo no-lugar. Es un viaje que emprendí para encontrarme. O encontrar los restos de mí que han sobrevivido. Suponía, hace tiempo, que me ayudarías. Que lo haríamos juntos. He entendido todo. Bueno, he entendido tus odios más profundos hacia mí. Ese querer buscarme, que te hacía tan pequeño. Esa frustración por encontrar tu individualidad al lado de alguien tan perdido. Si hubiera posibilidad de que habláramos, verías como lo he entendido todo: esa culpa, esa contradicción entre quererme y ser tú.

Ahora sé el silencio. Sé algo. Sé algo sobre todo este asunto: lo que no quiero en mi vida: yo.

Bueno, leo en público mañana. Procuraré habitar honradamente el silencio.

Hasta entonces,

S.

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