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3 de enero de 2013

Lo que he aprendido y lo que no sobre las novelas familiares

Soñé que estaba viendo un filme con mi padre. (...) Un texto manuscrito seguía al anuncio: Nosotros somos todos parte de nuestro idioma; cuando uno de nosotros muere, muere también nuestro nombre y una parte pequeña pero significativa de nuestra lengua. Por esa razón, y porque no deseo empobrecerla, me he decidido a vivir hasta que nuevas palabras vengan. La firma al final del texto era ilegible y solo podían comprenderse las tres fechas que seguían a continuación: 1977, 2008 y 2010. Mi padre se volvía hacia mí y me decía: 2010 es 2008 sin 1977, y 1977 es 2010 al revés. No tenés nada que temer, y yo  le respondía: No tengo miedo, y mi padre volvía la vista a la pantalla del televisor y decía: Pero yo sí.

Patricio Pron, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia





Estoy terminando El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, de Patricio Pron, y al final de este verano me leí La familia de mi padre, de Lolita Bosch. Con Lolita quería encontrar un referente moderno de escritor que aborda la historia de su familia. Ahora, escribo, (su ensayo literario-personal, por decirlo así) me dejó tal impresión que pensaba que leer el libro que lo originó tenía que ayudarme con mis propios fantasmas. El de Patricio lo cogí de la biblioteca sin saber siquiera que se trabaja de un relato familiar.

Yo llevo queriendo escribir sobre la historia de mi familia desde que empecé a querer ser escritora, es decir, desde niña. Hace cuatro o cinco años escribí un relato de unas veinte páginas sobre mi madre como trabajo final de la asignatura Composición Literaria. Entregué el manuscrito con más miedo por haberme desnudado que por suspender. Saqué un sobresaliente, pero sigo sin enseñarle a nadie ese relato por pudor. Leer a Didion (Noches azules, Mondadori, 2012) me hizo regresar tanto a mi relato como a Lolita Bosch, porque me recordaba mucho a ambos. Y después de leer a estos tres escritores me he parado a pensar en qué sé y qué no sé sobre escribir una novela (saga) familiar:

- Sé que todos heredamos algo: el cuerpo, una historia, la historia de nuestros padres y de nuestros abuelos, una conducta aprendida, una cultura, una moral. Un idioma.

- Sé que esa herencia es una responsabilidad nuestra a la que debemos enfrentarnos. Tenemos que aprender a saber qué hacemos con esa herencia. Y también sé que nunca sabremos quiénes somos si no encaramos la identidad de los que nos precedieron y asumimos sus errores. Que parte de nuestro aprendizaje vital pasa por rendirnos cuentas y rendirnos cuentas tiene que ver con saber de dónde venimos.

- Sé que no escribiré un relato como Didion porque creo que es injusto hacerlo así: no quiero escribir una saga familiar mirándome el ombligo, directamente desde mi punto de vista, derrotada, desesperanzada: esto es lo que hubo y estoy sola, estoy sola y es porque he heredado esto, sufro y soy vieja y no tengo nada y mira quién fui y mira quiénes fueron antes que yo y mira a quién crié y mira de dónde vengo porque yo parto de ahí. Y mira cuánto sufro. Y que sola estoy. Y qué vieja.

- Sé que quiero ser sincera (radicalmente sincera) como Lolita Bosch, como Patricio Pron y como Joan Didion. Sé que la única manera de abordar este tema es partir de la más diáfana sinceridad. Pero también sé que a ningún lector le interesa mi vida.

- Sé que no quiero sentimentalismos en mi novela.

- No sé si quiero una novela en primera persona. No sé si yo sería un buen personaje.

- No sé si quiero escribir una saga familiar de manera fragmentaria. Y con esto no me refiero a que no haya saltos, a que no haya flashbacks o a que no haya reflexiones. Con "fragmentaria" me refiero a errática, inconexa, pretendidamente posmoderna. A contar mis sueños, a contar escenas que no enlazaré con nada, a contar detalles no literarios, a hablar de más, a reproducir documentos de mis padres o cartas o manuscritos fallidos. Ya digo, repito, no sé si quiero escribirlo así.

- Sé que no me interesa la vida de Lolita o la de Didion o la de Pron, sé que lo que me interesa es la literatura. Me interesa también lo que de su vida es universal, es decir, mío. Me pregunto si es válido hablar de 1977 porque para el autor sea un año importante: si las cosas concretas a las que el autor le da vueltas una y otra vez (de manera fragmentaria) en su texto hasta convertirlas casi en satélites del argumento son interesantes para alguien más que él. Si esos datos y esas fechas y esa intrahistoria no sería mejor dejarlas fuera de la versión final del libro.

- No sé si quiero escribir el diario de escritura de la novela (mis dudas, de manera fragmentaria) dentro de la propia novela.

- No sé si la novela sobre mi familia es solamente un documento, un registro, como se pregunta a veces Lolita Bosch. No sé si la novela sobre mi familia (como documento o como literatura) le sirve a alguien más que a mí.

(Abajo, comentarios)

31 de agosto de 2012

Como lo que comienza, comienza




Vivo en una casa vacía
en la que casi chocan los pájaros
pero no los escucho quebrarse.
Mi estado es mineral. Anterior a la carne.

Lolita Bosch,
Ahora, escribo

27 de agosto de 2012

Oscuro por una vez



Mentiría si pudiera. Mentiría como el viento, cambiante. No quedarme en un lugar, no quedarme en nadie.

¿Esta luz también miente? Miente el color del cielo, el color de los objetos, que no es una cualidad inherente, que es, qué es. Miente el cuarto de luna, la luna menguante, la luna nueva que debería ser luna ausente.

Todo oscuro. Oscuro por una vez.

Un lugar que pese, no como la luna, como el viento, como los paquetes que enviamos a casa cuando nos mudamos. Una piedra, una palabra, un astro que se sostenga, gravedad, peso. Una casa. La casa de tu infancia. Tu casa, la casa de tus padres, el lugar en el que orbitar. La casa de luces apagadas.

¿Es superficial esta ciudad? Su moda, la ropa que ahora es tan importante, la apariencia, la ropa de segunda mano, Mauerpark, Garage, las tiendas, los puestos de ropa vintage. ¿Es superficial este lugar cambiante: mañana, tarde, noche? ¿La gente? ¿Los vecinos? ¿Los estudiantes Erasmus?

Es que Berlín no existe. El estilo no existe: no es más que copias de otras copias y ciclos de copias que acaban y mueren y luego reaparecen. Es que nada cambia, todo muere. ¿O era al revés?

¿Soy superficial porque no quede nada en mí? No un anillo, un colgante, no una piedra, no un trozo de cemento, de tierra. ¿Soy superficial porque no haya nada dentro? ¿Por no estar dentro? Un amigo, un amigo, una amiga, un pasado, un grupo, una fiesta de despedida, algo.

Un nadie que llorará. Un nadie que no se queda, otra autopista más, transitada, un no-lugar. La pista de aterrizaje de un aeropuerto. Las ruedas que se despliegan. Rodar.

Haber retenido un lugar un rostro un pedazo de uno asir algo saber algo de una poseer.

Un trozo de tierra donde vivir, un hueco, la ausencia: un trozo de tierra, un hueco de tierra, más bien, una ausencia de tierra, no tierra, un hoyo, donde alguien, un alguien, un rostro que no sé, quién sabe, esparcirá algo, la capa de piel, qué es, el resto de cuerpo, la materia pura, el resto del resto, tierra sobre tierra: ceniza.





31 de marzo de 2012

Turismo-pájaro. Museo-no-lugar. Habitar un museo

pájaro en una isla sin árboles
Juan Andrés García Román


museo. (Del lat. musēum, y este del gr. μουσεῖον). 1. m. Lugar en que se guardan colecciones de objetos artísticos, científicos o de otro tipo, y en general de valor cultural, convenientemente colocados para que sean examinados. 2. m. Institución, sin fines de lucro, abierta al público, cuya finalidad consiste en la adquisición, conservación, estudio y exposición de los objetos que mejor ilustran las actividades del hombre, o culturalmente importantes para el desarrollo de los conocimientos humanos. 3. m. Lugar donde se exhiben objetos o curiosidades que pueden atraer el interés del público, con fines turísticos. 4. m. Edificio o lugar destinado al estudio de las ciencias, letras humanas y artes liberales.
DRAE



la fascinación ya apagada de la materia
Agustín Fernández Mallo

son malos tiempos para la sacralización de los objetos artísticos. Se construyen museos más y más preciosos, para un concepto en estado de ruina.
Agustín Fernández Mallo

"Si lo he entendido bien, también Gabi Martínez echa en falta en las novelas el lugar, en el sentido heideggeriano (típicamente la cabaña), que, en efecto, prácticamente ha desaparecido en favor del no-lugar (típicamente el aeropuerto o el centro comercial). (...) El lugar ha desaparecido, salvo, precisamente, en la publicidad, que explota el ruralismo y sus derivados como gancho manufacturado en un no-lugar".

Agustín Fernández Mallo


El Museo de Pérgamo forma parte del complejo conocido como Isla de los Museos, que agrupa varios de los edificios más representativos de la ciudad de Berlín. La originalidad de este museo, inaugurado en 1930, reside principalmente en su propio concepto: el edificio no fue construido para albergar obras de arte, sino que primero se trajeron las obras de arte, y después, a su alrededor, se construyó el edificio. De esta manera, las propias maravillas, la mayor parte de ellas arquitectónicas, constituyen las paredes y las columnas de este museo.



Sin embargo, llegaré quizás algún día a tal grado de comprensión que estallarán mis ligamentos y saldrán disparadas las palabras como piedras.

Julio Ramón Ribeyro, citado por Lolita Bosch





El orden. Las formas geométricas. La construcción. Lo imposible. Lo impasible. La literatura.
No una historia, un argumento. Ninguna verdad. 
Nadie.
Sino un mundo posible en movimiento constante.
Un mundo que había sido incapaz de detener.
Un espacio radicalmente escrito: No un lugar hecho.
Terminado. Sino escrito:


Abierto.


Lolita Bosch

Vivo en la casa vacía
en la que casi chocan los pájaros
pero no los escucho quebrarse.
Mi estado es mineral. Anterior a la carne. 
 Lolita Bosch

Pergamon Museum. Berlín.


Elise se sentó enfrente del Guernica en Madrid y el segurata del museo le dijo que se levantara. "Está prohibido". "¿Por qué?". "Imagínate que todo el mundo lo hiciera, si todo el mundo se sentara nadie podría pasar ". Porque los museos han perdido todo el arte: todo el aura. Los museos son las cintas mecánicas de los aeropuertos. A ambos lados de la cinta de la T1 de Barajas hay una exposición de ilustraciones de gente con la boca abierta.

Museo no-lugar.

El aura es lo original: es como el alma de los objetos. Esos objetos hiperrepresentados: la puerta de Bradenburgo en un imán para la nevera que está en la imagen de la caseta de un chiringuito que está enfrente de la puerta de Bradenburgo que está siendo retratada a la vez por una media de 98 personas a la vez, desde distintas cámaras, todos a la vez, todos la misma imagen, todos diferentes imágenes que ya no es una ni es la real.

Que deberíamos dejar de ser todos turistas, dejar que muera el turismo, no ser turistas nunca más. Que a través del turismo (da igual que sea en la Alemania soviética en la que solo te dejaban caminar por Unter den Linden y Friedrichstrasse y nunca más allá de ellas o en el Berlín del siglo XXI o en Las Vegas), que a través del turismo nunca vamos a saborear, ver o sentir lo original, solo la representación que nos despliegan ante nosotros para, de hecho, sentir una copia. Y compramos copias que son recuerdos de la copia.

Solo Pérgamo. Hoy Pérgamo. Tocar la piedra y sentarnos en el suelo. Sentarnos en el suelo y ver las paredes del museo como lo que es real y a la vez representado: un poco más real que solo lo representado. Reconstruido de las ruinas y a la vez real.

Tocar la piedra y saber que yo no soy piedra. Que quiero escribir PIEDRA, como Lolita Bosch, pero que no lo soy. Que detrás de la capa hay más capas y detrás de las capas, nada.

Eso.



23 de marzo de 2012

La verdad tiene estructura de ficción

"La verdad tiene estructura de ficción", dijo Jacques Lacan, me habían dicho hace poco.
Ahora, escribo,
Lolita Bosch

La función de la forma es abrir el texto al diálogo. Podemos decir, entonces, que a menor forma, menor diálogo. Porque la forma es una manera de estructurar el mundo simbólico para que pueda compartirse.
Barra americana
Javier García Rodríguez

(...) que los lugares escritos son los únicos que se convierten en lugares esencialmente nuestros: el espacio en el que nos vamos convirtiendo todos nosotros.

Ahora, escribo,
Lolita Bosch


"la escritura es la destrucción de toda voz, de todo origen".
Barthes, citado en Barra americana.

Y temo que lo construido sea falso y que verdadero sea lo que no puede ser dicho.

Ahora, escribo,
Lolita Bosch

La verdad está en el nombre, el lugar secreto entre tus brazos y los suyos.
Va a buscarte, imperfecta, va a buscarte entre la niebla, entre las nubes. Algo
extraño en sus palabras, algo que suena a verdad: sólo una palabra tuya bastará para sanarla.
Adult Eros
Eva Villavieja



Las respuestas 
no se buscan, nos encuentran un día
-en mitad de la calle y con el frío-
sin más abrigo que una rabia oscura
y aquel amor de entonces convertido en un monstruo.

Estaciones
Javier García Rodríguez

podríamos hacer tantas cosas
que perdería la cuenta
si decidiese enumerarlas cariño
no te lo tomes a mal
esto no es una despedida
esto es miedo
simplemente miedo
miedo ¿comprendes?

Adult Eros,
David Refoyo



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