Soñé que estaba viendo un filme con mi padre. (...) Un texto manuscrito seguía al anuncio: Nosotros somos todos parte de nuestro idioma; cuando uno de nosotros muere, muere también nuestro nombre y una parte pequeña pero significativa de nuestra lengua. Por esa razón, y porque no deseo empobrecerla, me he decidido a vivir hasta que nuevas palabras vengan. La firma al final del texto era ilegible y solo podían comprenderse las tres fechas que seguían a continuación: 1977, 2008 y 2010. Mi padre se volvía hacia mí y me decía: 2010 es 2008 sin 1977, y 1977 es 2010 al revés. No tenés nada que temer, y yo le respondía: No tengo miedo, y mi padre volvía la vista a la pantalla del televisor y decía: Pero yo sí.
Patricio Pron, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia
Estoy terminando El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, de Patricio Pron, y al final de este verano me leí La familia de mi padre, de Lolita Bosch. Con Lolita quería encontrar un referente moderno de escritor que aborda la historia de su familia. Ahora, escribo, (su ensayo literario-personal, por decirlo así) me dejó tal impresión que pensaba que leer el libro que lo originó tenía que ayudarme con mis propios fantasmas. El de Patricio lo cogí de la biblioteca sin saber siquiera que se trabaja de un relato familiar.
Yo llevo queriendo escribir sobre la historia de mi familia desde que empecé a querer ser escritora, es decir, desde niña. Hace cuatro o cinco años escribí un relato de unas veinte páginas sobre mi madre como trabajo final de la asignatura Composición Literaria. Entregué el manuscrito con más miedo por haberme desnudado que por suspender. Saqué un sobresaliente, pero sigo sin enseñarle a nadie ese relato por pudor. Leer a Didion (Noches azules, Mondadori, 2012) me hizo regresar tanto a mi relato como a Lolita Bosch, porque me recordaba mucho a ambos. Y después de leer a estos tres escritores me he parado a pensar en qué sé y qué no sé sobre escribir una novela (saga) familiar:
- Sé que todos heredamos algo: el cuerpo, una historia, la historia de nuestros padres y de nuestros abuelos, una conducta aprendida, una cultura, una moral. Un idioma.
- Sé que esa herencia es una responsabilidad nuestra a la que debemos enfrentarnos. Tenemos que aprender a saber qué hacemos con esa herencia. Y también sé que nunca sabremos quiénes somos si no encaramos la identidad de los que nos precedieron y asumimos sus errores. Que parte de nuestro aprendizaje vital pasa por rendirnos cuentas y rendirnos cuentas tiene que ver con saber de dónde venimos.
- Sé que no escribiré un relato como Didion porque creo que es injusto hacerlo así: no quiero escribir una saga familiar mirándome el ombligo, directamente desde mi punto de vista, derrotada, desesperanzada: esto es lo que hubo y estoy sola, estoy sola y es porque he heredado esto, sufro y soy vieja y no tengo nada y mira quién fui y mira quiénes fueron antes que yo y mira a quién crié y mira de dónde vengo porque yo parto de ahí. Y mira cuánto sufro. Y que sola estoy. Y qué vieja.
- Sé que quiero ser sincera (radicalmente sincera) como Lolita Bosch, como Patricio Pron y como Joan Didion. Sé que la única manera de abordar este tema es partir de la más diáfana sinceridad. Pero también sé que
a ningún lector le interesa mi vida.
- Sé que no quiero sentimentalismos en mi novela.
- No sé si quiero una novela en primera persona. No sé si yo sería un buen personaje.
- No sé si quiero escribir una saga familiar de manera fragmentaria. Y con esto no me refiero a que no haya saltos, a que no haya flashbacks o a que no haya reflexiones. Con "fragmentaria" me refiero a errática, inconexa, pretendidamente posmoderna. A contar mis sueños, a contar escenas que no enlazaré con nada, a contar detalles no literarios, a hablar de más, a reproducir documentos de mis padres o cartas o manuscritos fallidos. Ya digo, repito, no sé si quiero escribirlo así.
- Sé que no me interesa la vida de Lolita o la de Didion o la de Pron, sé que lo que me interesa es la literatura. Me interesa también lo que de su vida es universal, es decir, mío. Me pregunto si es válido hablar de 1977 porque para el autor sea un año importante: si las cosas concretas a las que el autor le da vueltas una y otra vez (de manera fragmentaria) en su texto hasta convertirlas casi en satélites del argumento son interesantes para alguien más que él. Si esos datos y esas fechas y esa intrahistoria no sería mejor dejarlas fuera de la versión final del libro.
- No sé si quiero escribir el diario de escritura de la novela (mis dudas, de manera fragmentaria) dentro de la propia novela.
- No sé si la novela sobre mi familia es solamente un documento, un registro, como se pregunta a veces Lolita Bosch. No sé si la novela sobre mi familia (como documento o como literatura) le sirve a alguien más que a mí.
(Abajo, comentarios)