Las necesidades básicas mueven el mundo. No es broma. En especial, dos necesidades básicas: la comida y la reproducción. La tendencia a un vestido o a otro tiene tintes sociales y económicos.
Y alguien preguntará, ¿pero no era el dinero el que movía el mundo? El dinero es lo que quieren conseguir todos aquellos que intentar vender algo que tenga que ver con comida y, sobre todo, con sexo. Y ¿por qué vende? Pues porque somos seres simples y maleables.
Estamos dotados de inteligencia. Y a veces la usamos. Somos capaces de reflexionar, de pensar, de valorar, de elegir. Pero, ay de nosotros, somos débiles.
Me da igual que hablemos de música, de series, de publicidad o de películas. En cuanto salen chicas (sí, sobre todo chicas, porque la mayor parte de los que tienen poder adquisitivo son hombres y son a ellos a los que hay que persuadir) sin un poco de ropa o completamente desnudas, ¡pam!, ya hemos conseguido nuestro objetivo: vender.
Los instintos más bajos son los que nos juegan una mala pasada a la hora de elegir. Sí que muchos saben que están siendo fácilmente manipulados por su incontrolable instinto de reproducción. Y hay mucha gente, sobre todo hombres, que ni siquiera se da cuenta de que están siendo manejados por publicistas y empresarios que, a su vez, también se dejarían engañar por un par de tetas bien puestas y un culito redondo y respingón.
Es duro luchar contra los instintos. Vamos a centrarnos en los dos casos que hemos expuesto:
Una persona se puede dar cuenta de que la están utilizando y que quieren conseguir su dinero y, sin embargo, dejarse hacer, dejarse llevar por el instinto. Esa actitud puede resultar repugnante. Utilizar correctamente la inteligencia, la razón, pero no imponer resistencia aún sabiendo a lo que se expone.
Pero peores son todavía aquellos, tan adormecidos, tan drogados por la televisión, tan felices en su inopia, que ríen vulgarmente a carcajadas delante de sus amigos, presumiendo y jactándose de la película tan pornográfica que han visto o de lo buena que está tal cantante en su último videoclip. Y sus amigotes ríen con ellos.
No. No vamos a luchar contra los instintos. Ni a hacer que otros luchen. No vamos a imponer la razón como forma de vida. No lo haremos. Nosotros, los que conocemos cómo nos utilizan, sólo sonreiremos. No de un modo vulgar, sino sutilmente, sin que parezca una sonrisa. Nosotros sabemos. Pero no nos vanagloriamos de ello, cualquiera que sea humano puede hacerlo.


