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23 de abril de 2011

Siempre había algo que te alejaba de los demás


Uso mucho la palabra "algo". [Cantidad indeterminada, grande o pequeña, especialmente pequeña, considerada a veces en absoluto y a veces en relación a otra cantidad mayor o a la totalidad de la cual forma parte]. Algo. Hay algo congénito que me          de los demás. Algo.      

[Lo que no se quiere o no se puede nombrar]. Hay algo que me aleja de los demás. Algo que hay dentro de mí, que anida, pide alimento, me llama por otros nombres, provoca extrañamiento. [Un poco, no completamente o del todo, hasta cierto punto].

No puedo evitar sentirme desplazada y llamarme por mi nombre. Pedir que me llamen como quien pide limosna.

Alguien me llama Sara si me mira a los ojos, que arden.
Lláma-ame 
               Tormenta.

Hablo de ese algo que no sé definir y que me aleja y que me une a vosotros. Ese algo que me aleja y que al nombrarlo, define mi contorno, mis letras de caja baja, mi reino, que es el de Xhelazz, que es el de Eliot. Porque sé que todos [n]os sentís como tordos
                                                  en mitad de la niebla. 

Foto sacada de Spitting Essence

11 de abril de 2011

Fronteras de la luz

als wir fuhren in den zügen trugen
männer die nicht unsre väter warn

das land in handgeflochtnen körben

Uljana Wolf, 
Fronteras del lenguaje. Antología (2005 - 2011)
La Bella Varsovia / Cosmopoética.


La tristeza tiene fronteras. He saboreado los límites con las papilas más estrechas. Y la tristeza sabe a vías oxidadas de tren.

Leo a Uljana en el AVE. Uljana tiene apellido de loba y cara de niña. Sus palabras son como gotas de sangre en el vaso de agua de una cocina polaca. Me emocionan sus apuntes cotidianos: palabras inusuales. (juntos como si pierna fuera igual a hoja / y el orden de las cosas un mero intercambio). Y habla de padres y habla de trenes. Y habla de hombres-trenes y de lo que callan los mapas.

Las fronteras del lenguaje, los bordes imprudentes del mar o del balcón. Hay un borde cincunspecto en un apellido. Una o más, que es un poema, que es una piedra pesada guardada en el bolsillo o en la maleta. Y el sol se resbala por las letras sans-serif. Lo que pesa de verdad no son los libros ni las piedras, lo que pesa de verdad son los poemas.

Vuelvo con espuma de palabras, con jazmín, con lomos, esquinas, papel. Con lágrimas en los ojos de los demás, con Woolf, casi como Uljana. Y Woolf es un regalo de Olga. Como mi madre, que es un tren a alguna parte. Como mi madre, que me recogería la maleta y me secaría las piedras de los ojos.

Y, al volver, todo está callado. Las lágrimas se secan antes de llegar al suelo.
  
Reúno los libros cerca de la almohada. Mi cama es una estación vacía. Vuelvo, como loba solitaria, he perdido ojos, ojeras, enojos, hinojos. Ojalás. 

10 de enero de 2011

Nunca me gustó mi nombre

  

Y eso creo, que muchas personas nunca me podrán llegar a conocer
si no me desconocen primero.
Carlos Sadness



 
Ese despojo de vocales abiertas y consonantes contiguas nunca me representó. Princesa, les decía que significaba mi nombre a los niños del barrio. Se reían. Tu nombre sólo puede significar mendiga, pensaban. Y yo pensaba en lo que pensaban. Pensaba pensaban. You aren't who you think you are, and you aren't who other people think you are. You are who you think other people think you are.

Mi hermano no sabía hablar y me llamaba con dos golpes de voz. Ah-ah. Era fuerte. Mi hermano. Yo. Compartimos muchas letras.

Los motes me hacían gracia. Hasta que dejaron de hacérmela. Preferí nombres de segunda mano. Palabras toqueteadas y maltratadas: mis preferidas. Nunca me gustó mi nombre propio. Preferí los comunes. Común como mi voz. Como mi espalda cuando se arquea. Como mi esófago quemado. Como un gato. Común.

Luego llegaron los sinónimos. Mi adolescencia: rabia. Mi niñez: herida. Mi juventud: luz. Mi vida: círculos. Mi muerte: eterna. 


A los catorce me llamaron tormenta. Como otras que se habían llamado tormenta. La tormenta que se olvida. La chica del pelo eléctrico. Llorica de cabello liso, que se va. Antipática hasta el desprecio. Comportamiento retorcido. La niña que llueve. El silencio.

Consigo hacerme entender con mis iniciales, con las eses que he dado, con las erres, errores. El pasado es una formalidad. Un pre-texto. Ale, ahí te quedas, con tus sonrisas postizas. Yo voy a aprender a sonreír. Como los sinceros. 

Sa-ra. No me gusta que haya tantas. Otras. Como otras. Eche o que hai.

Los que hablan de mí no me conocen. Tú, anónimo, que me prejuzgas, no serías capaz de conocerme. Atravesar la tormenta, como han hecho otros. Atravesar penosamente la tormenta y sacudirte de la mierda y de las heridas. Como otros han hecho.

Y digo nunca.

Por eso nunca me atravesarás.

Dibujo original de Carlos Sadness.

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