Leí a Estíbaliz Espinosa un 31 de diciembre en un vuelo Madrid-Berlín. "
Pero que no te mira a ti. A ti, que estarás gastando estos 20 segundos sabe dios dónde, sabiendo qué cosas [de la ciencia. Y del clima. Y de mí] Y con quién. Tú leyéndole este verso en alto. Mira, qué gracia, la muy tonta
. Mira qué gracia. La muy tonta".
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| ¿Dalí? |
Iba en el asiento que da al cielo, al lado de un chico y una chica (pareja, supongo), con tatuajes y dilataciones, que bien podrían haber sido dos artistas de camino a su nuevo estudio en la capital europea, pero que simplemente eran analfabetos.
óvulo de un futuro cualquiera, / doblado en su esquinita superior / como una página / que se resiste con horror a ser pasada.
Me da repelús la gente con prejuicios absurdos y creo en la peligrosidad de creer que alguien es simplemente gilipollas. Por eso no suelo creer y prefiero comprobarlo. Veréis. Cuando el avión rumbo a Berlín va a despegar, el hombre, llamémosle Calvito-de-veintimuchos-de-brazos-tatuados-con-caras-y-cosas, mira a la tía y enciende el ordenador. Vuelve a mirar a la tía y enciende el iPod. El avión despegaba y ellos comparten unos cascos blancos muy cantosos.
Desear morirme en el medio de tus sustantivos vencida de entropía.
Ya sobrevolando los Pirineos, Cataluña o Aquitania (el tiempo y el espacio es tan voluble y líquido allí arriba), la tía hojea una revista y le señala un cuadro al chico: ¿este cuadro es de Dalí? -Mm, no sé. Contesta calvito-rapado-de-veintimuchos. Y no dicen nada más.
Me obsesiona el futuro. // Cuántos escritores hay leyendo esto / sin saber que algo les influiré / a su pesar / con todo.
Calvito-con-cara-de-pocos-amigos se pasó todo el viaje con el MAC encendido haciendo no sé qué mierdas en un programa de sonido (ahí entendí porque no sabía de lo visual).
Y luego la comida. La tía preguntó al azafato alemán (en cuya placa había dos banderitas: una inglesa y otra alemana y en cuya frente venía la palabra DEUTSCH en letras bien grandes -esto es mentira, es una hipérbole para que veáis qué dominio de la prosa tengo-) en un perfecto español: Y esto, ¿esto qué lleva?
El hombre le explica como puede que ese menú no está disponible y ella vuelva a preguntar: pero, esto, ESTO, ¿qué lleva? El azafato tiene que coger la carta y pasar varias páginas plastificadas de esas que dan bastante grima y que se suelen usar en los aviones, tiene que pasar varias páginas para señalarle con el dedo lo que puede pedir.
Las entrevistas no pueden suplantar una obra. / Una obra no puede suplantar tu mano. / Tu mano no puede suplantarte.
Calvito-me-la-sudan-las-normas-porque-soy-muy-cool se pide una cerveza. Otro azafato, esta vez de origen griego, se acerca al rato y le pregunta en inglés si puede llevarse su lata. Calvito-amigo-de-los-griegos ni levanta la mirada y con un tono seco como la boca de un tuareg comiendo polvorones dice sin apartar, como digo, los ojos de la pantalla:
todavía está llena, joder. El azafato griego, sin entender (claro) alarga el brazo y Calvito-malas-pulgas vuelve a repetir sin mirarle siquiera pero más alto: está llena todavía, JODER. El griego se marcha un poco perplejo sin acabar de entender muy bien.
Como si orbitar este poema de cabo a rabo / nos devolviese oportunidades huidas y sueños detonados / como si volviésemos a creer / tú en mí y yo en ti / siendo yo quienquiera que tú seas / siendo tú quienquiera que ellos sean / para encontrarnos en esa risa primigenia que nos delata / que nos ata a la desgracia y la conmueve. Al principio de todo esto nos reíamos. / Nos reíamos y todo fue a partir de ahí. // Hemos llegado al comienzo de la vida. / No es posible ir más allá. / No podemos con la risa.
La tía tampoco se inmuta. Amigos de los niños, leo a Estíbaliz y pienso en la panda de imbéciles que me hacen dudar de nuestra propia superioridad como especie. Leo a Estíbaliz Espinosa con mi pelo recién rojo y ¿la literatura nos salva de morir estrellados en un avión en mitad de la nada?
Condenadme. / Queridas bastardas de vuestra propia especie.
Bueno, después de irme a contar otra historia, lo que os quería contar desde el principio: No Tenía lLápiz. Tenía ganas de hacer pis y de coger mi bocata de la maleta de mano que estaba en el compartimento de arriba. Pero don-Calvito-soy-muy-guay y doña-Llevo-gafas-de-sol-dentro-de-un-avión me intimidaban. Solo tenía un boli, el mp4 y la cartera. Y el mp4 estaba empezando ya a repetir las mismas canciones con su extraño mecanismo digital. Como no quería estropear el libro fui doblando la parte superior de las páginas con los poemas que más me gustaban y la inferior en las páginas que contenían versos que me habían impresionado. Total, que al final cuando estábamos a punto de
acabé con un ejemplar lleno de marcas y que abultaba más: un verdadero
papel.
a.
punto.
de.