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4 de octubre de 2012

hacer cuentas

no tengo miedo a volar pero los viajes me dan miedo.
por eso no he podido dormir o sueño con túneles
o que pierdo el avión en una ciudad que es valladolid y llueve, que es madrid y llueve que es berlín.

por eso no he dormido apenas y estuve acordándome mucho de este poema de ester folgueral. tenéis que leer a esta mujer, tenéis que ver su risa.

por eso he soñado con bebés. con quedarme embarazada. volver al laberinto.

viajar es hacer cuentas, creo. retroceder.



La cuenta

Hay un océano dentro de mí
donde se ahogan peces oscuros
mientras escuchan la voz de una sirena muda.
Dentro de mí niños hambrientos,
hombres sedientos,
perros de infierno
criados en la cuna de las insuficiencias.
Pido la cuenta y pago al contado
esos peces oscuros que nadaban
bajo el azul nocturno de todas las estrellas.
Pagaré con la vida,
amor perro de infierno,
con alas de nieve,
ya te pago al contado
cifras con ángeles y palabras,
lo que no tengo. Tuve
el secreto temblor en los labios de una mariposa.
Pagaré lo que vine a buscar,
lo que di, ni siquiera,
es suficiente.
Nunca se llega.
La muerte es desobediente como el sueño.
Una sirena muda.
Peces flotando en la oscuridad.
Renacuajos de musgo que cierran el círculo.
En la cuna de las insuficiencias,
los bebés inmundos y podridos ya no llorarán.

                                                                   Ester Folgueral

ester y yo.

5 de enero de 2012

Rutas de vuelo

Leí a Estíbaliz Espinosa un 31 de diciembre en un vuelo Madrid-Berlín. "Pero que no te mira a ti. A ti, que estarás gastando estos 20 segundos sabe dios dónde, sabiendo qué cosas [de la ciencia. Y del clima. Y de mí] Y con quién. Tú leyéndole este verso en alto. Mira, qué gracia, la muy tonta. Mira qué gracia. La muy tonta".

¿Dalí?

Iba en el asiento que da al cielo, al lado de un chico y una chica (pareja, supongo), con tatuajes y dilataciones, que bien podrían haber sido dos artistas de camino a su nuevo estudio en la capital europea, pero que simplemente eran analfabetos. óvulo de un futuro cualquiera, / doblado en su esquinita superior / como una página / que se resiste con horror a ser pasada.

Me da repelús la gente con prejuicios absurdos y creo en la peligrosidad de creer que alguien es simplemente gilipollas. Por eso no suelo creer y prefiero comprobarlo. Veréis. Cuando el avión rumbo a Berlín va a despegar, el hombre, llamémosle Calvito-de-veintimuchos-de-brazos-tatuados-con-caras-y-cosas, mira a la tía y enciende el ordenador. Vuelve a mirar a la tía y enciende el iPod. El avión despegaba y ellos comparten unos cascos blancos muy cantosos. Desear morirme en el medio de tus sustantivos vencida de entropía.

Ya sobrevolando los Pirineos, Cataluña o Aquitania (el tiempo y el espacio es tan voluble y líquido allí arriba), la tía hojea una revista y le señala un cuadro al chico: ¿este cuadro es de Dalí? -Mm, no sé. Contesta calvito-rapado-de-veintimuchos. Y no dicen nada más. Me obsesiona el futuro. // Cuántos escritores hay leyendo esto / sin saber que algo les influiré / a su pesar / con todo. 

Calvito-con-cara-de-pocos-amigos se pasó todo el viaje con el MAC encendido haciendo no sé qué mierdas en un programa de sonido (ahí entendí porque no sabía de lo visual).

Y luego la comida. La tía preguntó al azafato alemán (en cuya placa había dos banderitas: una inglesa y otra alemana y en cuya frente venía la palabra DEUTSCH en letras bien grandes -esto es mentira, es una hipérbole para que veáis qué dominio de la prosa tengo-) en un perfecto español: Y esto, ¿esto qué lleva?

El hombre le explica como puede que ese menú no está disponible y ella vuelva a preguntar: pero, esto, ESTO, ¿qué lleva? El azafato tiene que coger la carta y pasar varias páginas plastificadas de esas que dan bastante grima y que se suelen usar en los aviones, tiene que pasar varias páginas para señalarle con el dedo lo que puede pedir. Las entrevistas no pueden suplantar una obra. / Una obra no puede suplantar tu mano. / Tu mano no puede suplantarte.


Calvito-me-la-sudan-las-normas-porque-soy-muy-cool se pide una cerveza. Otro azafato, esta vez de origen griego, se acerca al rato y le pregunta en inglés si puede llevarse su lata. Calvito-amigo-de-los-griegos ni levanta la mirada y con un tono seco como la boca de un tuareg comiendo polvorones dice sin apartar, como digo, los ojos de la pantalla: todavía está llena, joder. El azafato griego, sin entender (claro) alarga el brazo y Calvito-malas-pulgas vuelve a repetir sin mirarle siquiera pero más alto: está llena todavía, JODER. El griego se marcha un poco perplejo sin acabar de entender muy bien. Como si orbitar este poema de cabo a rabo / nos devolviese oportunidades huidas y sueños detonados / como si volviésemos a creer / tú en mí y yo en ti / siendo yo quienquiera que tú seas / siendo tú quienquiera que ellos sean / para encontrarnos en esa risa primigenia que nos delata / que nos ata a la desgracia y la conmueve. Al principio de todo esto nos reíamos. / Nos reíamos y todo fue a partir de ahí. // Hemos llegado al comienzo de la vida. / No es posible ir más allá. / No podemos con la risa.

La tía tampoco se inmuta. Amigos de los niños, leo a Estíbaliz y pienso en la panda de imbéciles que me hacen dudar de nuestra propia superioridad como especie. Leo a Estíbaliz Espinosa con mi pelo recién rojo y ¿la literatura nos salva de morir estrellados en un avión en mitad de la nada? Condenadme. / Queridas bastardas de vuestra propia especie.


Bueno, después de irme a contar otra historia, lo que os quería contar desde el principio: No Tenía lLápiz. Tenía ganas de hacer pis y de coger mi bocata de la maleta de mano que estaba en el compartimento de arriba. Pero don-Calvito-soy-muy-guay y doña-Llevo-gafas-de-sol-dentro-de-un-avión me intimidaban. Solo tenía un boli, el mp4 y la cartera. Y el mp4 estaba empezando ya a repetir las mismas canciones con su extraño mecanismo digital. Como no quería estropear el libro fui doblando la parte superior de las páginas con los poemas que más me gustaban y la inferior en las páginas que contenían versos que me habían impresionado. Total, que al final cuando estábamos a punto de
acabé con un ejemplar lleno de marcas y que abultaba más: un verdadero
 papel.
      a.
           punto.
de.







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