15 de diciembre de 2012

Berlín no se acaba

Dos regalos de cumpleaños: un país

A I. y a U., madres y hermanas.

No sabemos si es la nieve la que está sucia
o nuestros zapatos.

Nos movemos como podemos
de Leopoldplatz a Warschauer Strasse
de Prenzlauer Allee a Rathaus Steglitz
todo lo rápido que nos permite
el cuerpo
enfundado en el invierno.

Andamos tambaleando
como si fuéramos extranjeras
en Tempelhof, recuperando nuestro carné de identidad
como si alguien tuviera nuestra identidad,
como si alguien, por casualidad,
la hubiera encontrado.

Volvemos a los lugares y los lugares no son nuestros
lo podemos leer en los carteles
y en todas partes nos delata nuestra manera de decir "Spanien"
nuestra manera de decir "wie bitte?".

No podemos pararnos
no podemos permitirnos parar;
aunque nadie en Friedrichstrasse pare un segundo 
y nos mire a los ojos
debemos continuar enterrando nuestros pies en el suelo.

- No llego, lo siento, tengo que coger un avión.
Y los aviones se despiden de nosotras
porque en realidad no pensamos que vivamos de verdad en esta ciudad.

Estar desnuda es ser de nieve
y nuestros pies limpian esa masa gris
que los demás pies han manchado.

No me mires así porque esté desnuda:
yo he sobrevivido ya a un invierno
y a un mundo que murió hace años luz.

He sobrevivido a mis propios pies
desnudos
cubiertos de polvo
y a mi tumba en este cuerpo:
una raíz poco profunda y un libro.

Los libros (los regalados, los merecidos y los encontrados) me recuerdan mi condición de pobre.
Un libro nuevo es un yo que se reconquista:
ahora por fin este territorio es mío.
Berlín pone su primera piedra en mí.

Mi cuerpo, de momento, es tierra,
es ese charco alrededor de la nieve.

El cielo está hoy ardiendo
como la luz al final del verano
y yo lo veo desde un lugar que sigue sin ser mío
por el que vuelvo a pasar
desde el S- Bahn.

No tengo nada en ese lugar,
en otros: tengo recuerdos.

+++

PD: Publico este poema con muchísima inseguridad y sabiendo que le daré mil vueltas más de las que ya le he dado.

8 comentarios:

izas dijo...

:)

Emily dijo...

me gusta mucho :)

Ernesto Frattarola dijo...

A mí me parece maravilloso: enhorabuena.

tormenta dijo...

muchas gracias. muy generosos.

Darío dijo...

Sobreviviste a Berlín, y a su infinitud...

Elena Shirokikh dijo...

Hola, Irene.

Llegué a tu blog hace un tiempo por pura casualidad y no he dejado de leerte desde entonces. De algún extraño modo, me siento identificada con tus escritos, a pesar de desconocer las vivencias y los pensamientos que te llevaron a expresarte con unas u otras palabras. Pero qué son las palabras, cuando las almas se comunican a través del lenguaje las emociones. Así es la magia de la literatura.

Claro que tiene que ver el hecho de que yo también viví en Berlín y sobreviví a Berlín y a su duro invierno. También escribo, poesía y prosa. Me gusta Alejandra Pizarnik. Y lo que tal vez me ha impulsado a dejar mi comentario ha sido una entrada que rezaba "las palabras no son nuestras". Yo también lo creo. Tengo un poema, cuyo primer verso dice "Las palabras no están a merced de los escritores". Las palabras no, pero las emociones sí.

Un saludo.

tormenta dijo...

Yo desconfío por naturaleza. Desconfío de las palabras. Desconfío de la palabra alma. Desconfío, sobre todo, de las emociones. De ahí un poco toda esta locura. En fin... Que aunque a veces sea un poco brusca, me alegro de que pases por aquí y te sientas a gusto. :) Que sea mucho tiempo más.

(Por cierto, me llamo Sara, no Irene, pero encantada de conocerte virtualmente).

Dara dijo...

"No me mires así porque esté desnuda:
yo he sobrevivido ya a un invierno
y a un mundo que murió hace años luz."


belleza.

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