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| Dos regalos de cumpleaños: un país |
A I. y a U., madres y hermanas.
No sabemos si es la nieve la que está sucia
o nuestros zapatos.
Nos movemos como podemos
de Leopoldplatz a Warschauer Strasse
de Prenzlauer Allee a Rathaus Steglitz
todo lo rápido que nos permite
el cuerpo
enfundado en el invierno.
Andamos tambaleando
como si fuéramos extranjeras
en Tempelhof, recuperando nuestro carné de identidad
como si alguien tuviera nuestra identidad,
como si alguien, por casualidad,
la hubiera encontrado.
Volvemos a los lugares y los lugares no son nuestros
lo podemos leer en los carteles
y en todas partes nos delata nuestra manera de decir "Spanien"
nuestra manera de decir "wie bitte?".
No podemos pararnos
no podemos permitirnos parar;
aunque nadie en Friedrichstrasse pare un segundo
y nos mire a los ojos
debemos continuar enterrando nuestros pies en el suelo.
- No llego, lo siento, tengo que coger un avión.
Y los aviones se despiden de nosotras
porque en realidad no pensamos que vivamos de verdad en esta ciudad.
y nuestros pies limpian esa masa gris
que los demás pies han manchado.
No me mires así porque esté desnuda:
yo he sobrevivido ya a un invierno
y a un mundo que murió hace años luz.
He sobrevivido a mis propios pies
desnudos
cubiertos de polvo
y a mi tumba en este cuerpo:
una raíz poco profunda y un libro.
Los libros (los regalados, los merecidos y los encontrados) me recuerdan mi condición de pobre.
Un libro nuevo es un yo que se reconquista:
ahora por fin este territorio es mío.
Berlín pone su primera piedra en mí.
Mi cuerpo, de momento, es tierra,
es ese charco alrededor de la nieve.
El cielo está hoy ardiendo
como la luz al final del verano
y yo lo veo desde un lugar que sigue sin ser mío
por el que vuelvo a pasar
desde el S- Bahn.
No tengo nada en ese lugar,
en otros: tengo recuerdos.
+++
PD: Publico este poema con muchísima inseguridad y sabiendo que le daré mil vueltas más de las que ya le he dado.


