2 de junio de 2012

Acontecimientos conexos que no tuvieron nada que ver


¿Qué hacen después de partir nuestros compañeros de travesías cortas?
¿A dónde se dirigen las gentes con las que nos cruzamos brevemente en los trenes?
¿Por qué olvidamos las caras que miramos furtivamente durante unos minutos, una hora?

Una chica alemana de ojos miel ocupa el lugar de un loco que estaba sentado enfrente de mí en el S-Bahn. Tiene una cámara profesional y una mochila. Llora.

Quisiera fotografiar -no la ciudad, sino- las caras, las caras de todos los que se fueron se quedaron no volvieron a cruzarse conmigo en la misma ciudad. Son como turistas en mi propio camino.

Nos perdemos de vista, se pierde en una salida de la estación de Alexander Platz diferente a la mía.

Algo nos unió a ella y a mí de manera casual
o estadística.

Nadie puede predecir.
No me habló.
Yo no dije nada.
Nadie puede predecir pero hubo algo.

Y, luego, en Alexander Platz,
con el viento,
la basura de los restaurantes de comida rápida
llegaba a la altura de los ojos.

De Alexander Platz volví a Bellevue
y un alemán con calcetines y sandalias
le daba consejos a su hija o a su esposa por teléfono
y empieza a hablar
en español
"hablo en español porque estoy en el S-Bahn", dice con acento argentino.
"a veces no se puede reflexionar, a veces tenemos que dejar de culparnos", dice acto seguido,
todo así, en minúsculas.

Y luego me dieron una lámpara y un libro
en la Akademie der Künste, en Berlín,
y una araña se colgó del libro que leía
la iluminé con la lamparita y su sombra se extendió
pero la araña era inofensiva.
era frágil

después de un rato no me pude volver a poner el jersey.
y hacía frío.

Groenlandia.
Escuché por primera vez en mi vida groenlandés (y he tenido que buscar esta palabra para no equivocarme), poesía,
que suena como el hipo de los pájaros.
entre árabe
        y japonés.

Algún día debería hacerle una foto a esa chica que me he encontrado en el S-Bahn.
O a la señora que me crucé comprando tickets, luego en la cola del baño, que se sentó a mi lado en el recital y con la que volví a coincidir en la estación de vuelta.

También llevaba sandalias y calcetines.

Debería dejar que los locos de las estaciones me hablen en alemán.

No debería alejarme de los locos.

No debería encontrarme a Uljana Wolf y solo decir "Uljana", como si ella misma se hubiera olvidado de su nombre.

No tengo foto para ilustrar esta entrada, a pesar de que vi a un conejo cruzando la acera esta noche, mientras buscaba el camino de vuelta -no sé si el conejo o yo- y yo, además, me sentía desorientada.

Todos se alejan de los tristes.
Aléjate de los tristes, dicen los buenos.
Los buenos, dicen.
Yo me alejo de los locos. Y todavía no sé quién. No sé. Quién. Yo.

9 comentarios:

Fran dijo...

Sigues siendo más tu que en ninguna otra parte...buen cuaderno de viaje, tristes palabras.

bsos

Dara Scully dijo...

Escucho su llanto. El de los locos, el de los rostros en los trenes y en las calles.


(uncariño)

tormenta dijo...

Lo peor no es su llanto.
Lo peor no lo lloran.

Beso.

Emily dijo...

Esto es precioso.

(A veces es necesario llorar en el transporte público.)

:****

Amanecer Nocturno dijo...

No es tan fácil alejarse de los locos, se nos meten dentro de los pantalones.

Un abrazo.

Ernesto Frattarola dijo...

Sobrecogedor. "Poesía que suena como el hipo de los pájaros", "no debería alejarme de los locos", "aléjate de los tristes, dicen los buenos". Eso, sobrecogedor.

Tranquilino González dijo...

Yo me quedo con los tristes y esas cosas que los une...Un abrazo.

tormenta dijo...

Gracias por los comentarios. Hacéis revivir este lugar...

Elena A. dijo...

Yo tengo el Hobby de fotografiar personas ,me encanta ,en cada salida,cada viaje llevo la càmara fogràfica conmigo ,es mi fiel companera,tengo cantidad de fotos y todas ellas tienen un significado para mi. Optimo post.Elena A.

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