15 de agosto de 2010

Cernuda y el silencio

Irvin Penn
Cuando la tarde fue dejando
un poso negro de despedida,
hablé, entre sueños, del silencio.


Nunca pude
allanar las entrañas de la tarde;
sacarle del tuétano tibio
una palabra de aliento.


No fui diestra
en las artes del psicoanálisis
y pocas veces, tal vez ninguna,
logré entrar en mis propios pensamientos.

En la casa de mi infancia,
las corrientes de aire
batían las puertas
continuamente.

Los objetos, cobijadores de vida y de voz,
a menudo me traicionaban,
y, en lugar de quejarse o vengarse,
callaban.

Y yo, afónica y sola,
me manché las manos de cieno:
del material del mundo,
de la esencia de los sueños.

Cayó la tarde, inevitable,
como la lluvia,
y yo me puse a hablar del silencio:
de todos los silencios.


Y mi voz se apagaba,
mientras la luz se debatía
entre la realidad y el deseo.

Las elipsis de tu mirada
me confiaron al oído
el guión verdadero.
De lo que yo quería hablar.



Tu silencio.

4 comentarios:

Adolfo Payés dijo...

Wow me quedo con tu mirada de tus versos.. BELLO poema..

Cuanto tiempo sin leerte.. y de nuevo por tu espacio, disfrutando de tus letras..

Un abrazo
Con mi saludos fraternos..

Que esta semana sea de las mejores, son mis mejores deseos..

Jesús Carrasco Gómez dijo...

¡Me quito el cráneo!

Muy bueno.

tOrMeNtA dijo...

@Adolfo: gracias por pasarte, como siempre. Un saludo.

@Carrasco: Me alegro de que te guste. Me estoy dejando influir. Un abrazo.

Mario dijo...

Gustar, sabe a poco. A nimio, casi. Es increíble...
Me ha encantado tu manera de moldear las palabras.
Me quedo un rato. Un rato más.

Felicidades.

Mario

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