15 de marzo de 2010

Nirvana

No son los demás.

Ellos, ávidos de sangre y semen, me despellejan con sus ojos afilados y sus bocas entreabiertas. Ellas, muertas de pus verde, abren las suyas para escupir y me miran de reojo. A pesar de su cólera y su desazón, mi cuerpo sigue en su sitio, inmóvil, quieto. Yo sigo siendo yo. Reconozco mis ángulos y aristas, los ruidos, los colores, los lunares: todo me es tan familiar, tan poco objetivo.
Luego me muevo. Lento. Sin embargo, cuando son los demás los que me miran, mi cuerpo ya no es mi cuerpo. Se enrojece por causas desconocidas, baila solo, se agita, flota, entra en trance, llega al éxtasis atravesado por un pensamiento.
Cuando nadie me mira siento que soy una niña, nada del otro mundo, ni muy alta ni muy baja. Ni guapa ni fea. Más bien, rozando lo desagradable. Caminando de puntillas por una línea de baldosas mientras llevo un hijo en el vientre. Cuando estoy sola me siento como un bebé con sus quejidos, sus carraspeos, sus pelos… sus esputos.
Pero hoy todos me miran. Insólitamente, la naturalidad resulta sensual. Y, vaya, los pelos es el detalle menos importante. Importa el sonido de unos pendientes al caminar, el silencio de unos pasos, el color del carmín, la actitud, el perfume. Mi nombre escrito con henna.
Me miran y me atrapan en sus pupilas. Me dicen “eres mía”, porque me tienen entre sus brazos o entre sus piernas. O entre sus ojos. Todos dicen eso de “eres mía”. Pero yo no me siento de nadie. Ni siquiera mía. Yo soy de todos y de nadie al mismo tiempo.
Nadie me escribe ni me pinta ni me toma una fotografía. Yo pido que me retraten así, como soy, cuando me gusto, cuando todavía no he decepcionado a los demás. Pero no me oyen. Sólo miran, callados, a voces gritan mi nombre y suena como la espuma deshaciéndose en la arena.
Cuanto menos yo me siento, más guapa me ven los demás. Cuando creo que hablan de otra es cuando sonrío con total naturalidad. Porque la cosa no va conmigo.

No soy yo la que desprende luz, son los demás que crean un complot contra mi ombligo y mi lengua, contra la hoguera que explota en mi interior por estas fechas. Ellos dicen a todo que sí, están hipnotizados por la danza. Me regalan una última flor, un hibisco que no huele.
Me despido de mi sombra. Me he abierto al mundo como una flor en primavera. Ahora duele.

6 comentarios:

Rebeca dijo...

Qué bueno tenerte por aquí otra vez. Qué bueno leerte.. y leerte tan bien.

Muá!

tOrMeNtA dijo...

Y es bueno ver que algunas personas seguís ahí. Un besazo.

Hakka dijo...

no te rayes, anda, que mañana tambien sale el sol

;)

awixumayita dijo...

coño, Sara, te sales...

Rak and roll dijo...

ME ENCANTA!! ME ENCANTA MUCHO!! ;)

Gérald dijo...

Ahora, huele (un poco).
Preciosa otitis.
http://es.wikipedia.org/wiki/Hibiscus

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