28 de octubre de 2009

Dos y veinticinco de la mañana

Estoy dándole vueltas a la cama. Lleno el papel en blanco de borratajos. Igual que fuera, el agua empapa los papeles de periódicos atrasados.

Mancho.

¿Ser escritora? Lo descarto.

Prefiero analizar el crecimiento de la unica planta que me regalaron. La única planta que ha sobrevivido a las hojas y a la humedad.

Mi insomnio viene de nuevo a molestar.

¿Pertenezco a una generación? Supongo que ni siquiera soy un punto en el espacio.

Este clima otoñal me hace retornar a mis orígenes. Parece ropa tendida, que moja el suelo, esta lluvia molesta a la que culpo de mi desconsuelo.

No escribo porque tenga ideas, sino para hacerlas mías. Para conquistar cierto terreno, para irme tranquila.

Nada y el recuerdo son equiparables.

Palos de ciego, para palpar un mundo que en cualquier otra parte del mundo será otro mundo. Occidente y la coca-cola. Es lo que nos ha tocado vivir. Y el resto.

Reivindico el margen y la clase baja. Puto olmo, no le pidas peras, aunque las tuviera, no te las iba a dar. Me quejo, tengo frío.

Noto cómo he perdido "el gran dominio del lenguaje". Se llama necesidad de comunicación. Tantas, que estoy pensando en publicar o no esto en el blog.

A saber.

Últimamente pierdo la identidad. Estar por estar. Escribir para desmentir que he muerto. Escribir para mentir que he vivido. Estoy un poco perdida, sí. Y nadie me dice dónde puedo buscar.

Me. Mierda. Me duermo.

Vale. Esto era lo único que tenía que hacer. Qué fácil. Qué mierda, porque mañana no lo quiero recordar.

10 de octubre de 2009

Insufrible

Que está vacía. Que no es creíble. Que no cuenta una historia verosímil. Que cuida la forma y estropea el contenido. Que no tiene idea de hacer cine. Que es mujer...

He oído de todo sobre esta película antes de ir al cine a verla. A la altura del betún la ha dejado la crítica. Y el público, más de lo mismo.

Algunas joyas de los espectadores, copiadas de una página sobre cine:
  • "Junto a Mentiras y gordas, la peor película que he visto en mi vida".
  • "Una auténtica tomadura de pelo".
  • "Con cada película esta pedorra nos demuestra lo insufriblemente pedante que puede llegar a ser".

En cualquier blog o página para cinéfilos hallamos más y más comentarios por el estilo. Algunos dicen que no tiene acción, que es muy lenta, que no engancha. Aunque son graves, se trata de opiniones puramente subjetivas.

Sin embargo, algún otro se aventura a hacer una crítica profesional en un blog de cine. "Insufrible nuevo trabajo de Coixet", titula. Sus lectores, que se acogen al derecho a la "crítica acatamiento", asienten, declinan invitaciones, deciden no ir a verla.

Reproduzco un párrafo de dicha crítica:



"Pero, ¿qué ocurre si ese sonido, tan planificado y cuidado, abraza una trama hueca y previsible, protagonizada por unos personajes toscos e inverosímiles? Ocurre que el sonido se queda solo, tratando de dar coherencia a un conjunto desalmado, vacío, incapaz de transmitir lo que se propone. ‘Mapa de los sonidos de Tokio’ es una película de llamativo envoltorio sin nada dentro, sin drama ni emoción".

Me llama especialmente la atención la última frase. "Es una película de llamativo envoltorio sin nada dentro". Estoy de acuerdo.



"Nada es creíble" dice Luis Martínez, de El Mundo. "Tengo la sensación de saber lo que va a pasar (...) No me creo nada, aunque todo es como muy bonito, muy lírico, muy desgarrado (...) Me parece una tontería", opina Carlos Boyero, de El País.

Os parecerá extraño. Pero estoy de acuerdo. No es una película de consumo. No es una historia espectacular, de cine. Es poca cosa, un "relato corto", no tiene mucha elaboración. Incluso llega a ser previsible.

Y, sin embargo, es bella. Y digo bella y no bonita ni buena. No es una película para ser alabada. Es una película para disfrutar. Es bella, porque tanto el sonido como la imagen son los verdaderos protagonistas. Me recuerda un poco a los impresionistas. Intentan captar ese instante, sin juzgar, sin tomar parte. Simplemente quieren registrar lo bello.

Ejemplo. En la última escena aparece Sergi López solo, con un cuadro abstracto detrás y a la derecha un largo pasillo. El actor está completamente enfocado, sin profundidad de campo, mientras que la profundidad es la protagonista absoluta de la otra mitad del plano. El cuadro de fondo es un punto negro sobre un fondo gris. En el fondo del pasillo aparece una mujer.

Podría interpretarlo. Pero os destriparía el final. Sólo diré lo siguiente.

Cada plano es una obra de arte. Porque cada fotograma es un poema.

Y a quien no le guste, que vaya a ver Jennifer's Body.

Uf.

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