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14 de octubre de 2012

domingos tan largos como la infancia

takato yamamoto (antes, sin referencia)


Llueve en algún lugar como si no lo hubiera hecho nunca. Aquí ha llegado el otoño otra vez. Digo otra vez porque se fue por un rato y volvió, con remolinos de viento y hojas que se caen encima del pelo y de las novelas de segunda mano. hojas sobre hojas.

rojo.
como el futuro.

la historia me sigue a pasos cortos y rojos. me sigue como una enredadera en una casa. mi intrahistoria es una caja que se cansa de bombear.

la urgencia de los cuerpos congelados. las cajas torácicas que respiran debajo del colchón helado. las nubes pasando tan rápido.

azul.

rojo.

viento.



14 de noviembre de 2011

Hace luna

Bilis negra después de Durero. Miguel Rual

Debí haberte ofrecido más en todos los sentidos, 
pero me enamoré de las gaviotas, que volaban a otros nidos.
Carlos Chaouen

Ahí afuera está helando, como no lo ha hecho nunca. Y yo aquí dentro estoy tosiendo, tan desnuda. Realmente enferma y desnuda. Y, así, me propongo escribir un poema para la clase de creative writing. Mitos. No sé todavía si hacerlo sobre Lilith, Caín. Marilyn Monroe.

El amor, tal vez. 

Como todo lo que predica el lenguaje universal del mundo que no es nuestro. Como las azoteas de George, los chutes de veneno de Chaouen, los presentes la economía del amor la semiótica el estructuralismo las marmotas los canguros las pestañas postizas y los artilugios sexuales del museo del sexo de Berlín. 

Tengo que hacer un poema y quizá deba hablaros de la niebla de esta ciudad. De la luna de las tres, la luna que me baña la frente si dejo las cortinas entreabiertas, la luna de mi frente que nadie retrata. Quizá hablaros de la farsa del pensamiento positivo. De que la realidad se toma directamente de la nevera o del viento noruego y que por eso enfermamos. La realidad que quizás deba narrar mientras baja un enorme sol rojo que se enzarza con los árboles desnudos. Debí visitar el otoño de esta ciudad y hacerme fotos... Ahora anochece a las cuatro y pronto seré mayor.

Tengo que hacer un poema y lo único que quiero conseguir con él es realmente inalcanzable. Nada de  engaños positivistas: no hay posibilidad invernal o real. Solo atraigo a los relámpagos sexualmente inestables, psicológicamente activos, desgraciadamente inhumanos. 

Qué pena.

Debí haberte hecho más fotografías. Debí tatuarme mi cara en la cara. Debí ser otra para no perderte.

Mañana, en el tren regional a Alexander Platz, compondré un poema a las vías y a los hombres que saben a etanol y drogas y a todos los hombres que algún día dijeron "te entiendo" porque sabían que eso era más importante que quererme. Y luego, en el centro del centro de europa, en el poema, solo advertiré el "solo quiero que me amen y hace frío" que siempre se repite en los titulares de periódicos que me cuesta traducir.

Ahí afuera hace luna y nadie espera por mí, como no lo ha hecho nunca.

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