Cada una de las tres mujeres se distingue por el trazo y el color. Y son unas voces que claman, que rezan desde el grito, que me hablan directamente a mí.
Tercera voz*
Hoy las universidades se emborrachan de primavera. / Mi vestido negro es un poco fúnebre: / demuestra mi seriedad. / Los libros que cargo aprietan mi costado. / Una vez tuve una herida vieja, pero ya está sanando. / Soñé con una isla, roja de gritos. / Fue un sueño, y no significa nada.
Cuando supe de este libro pensé que Sylvia Plath hablaba a través de tres voces de mujer, de tres mujeres diferentes. Cuando empecé a leerlo cambié de idea: tres mujeres hablan a través de Sylvia Plath. Son las voces múltiples que yo también distingo. Que muchas mujeres que conozco (con)tienen. Son las voces múltiples de colores, teñidas de política, de vida, de decisiones.
Dice la contraportada que este libro es un poema feminista y antibelicista. Ser madre. Ser madre como estigma, como obligación biológica, como completud del ser humano femenino. Sin llenar tu vientre de vida eres un saco sin grano, eres un libro sin letras, eres nuda vida y vacío. Eso nos dicen. Ser madre. Ser madre como lucha, como deseo en contra de la historia: ser madre y seguir siendo humana, no solo mujer que ha completado su designio. ¿Es posible? Ser madre. Ser madre y no saber ser madre. Ser madre y descubrir que ese hecho te impide saber quién eres.
Decidir: no seré madre. Si decido no ser madre nunca sabré si podría serlo. Quizás el útero estéril del que me acusan por decidir sea estéril realmente.
Segunda voz*
El mundo es de nieve, ahora. / No estoy en casa. / Qué blancas son estas sábanas. / Los rostros no tienen rasgos. / Son lisos e imposibles, como los rostros de mis hijos, / esos pequeños enfermos que eluden mis brazos. / Los demás niños tampoco me tocan: son terribles. / Tienen demasiados colores, demasiada vida. Nunca están quietos, / quietos, como el vacío que llevo en mí.
He tenido mis oportunidades. / Lo he intentado una y otra vez. / He cosido la vida a mí como un órgano extraño, / he avanzado cuidadosamente, precariamente, de manera inusual. / He intentado no pensar demasiado. He intentado ser natural. / He intentado ser ciega en el amor, como las otras mujeres, / ciega en la cama, con mi amante ciego, / sin buscar, en la densa oscuridad, un rostro ajeno.
No busqué. Pero el rostro siguió ahí, / el rostro del no nacido que amó su perfección, / el rostro del muerto que solo podía ser perfecto / en su simple paz, solo así ser sagrado. / Y entonces hubo otros rostros. Los rostros de las naciones, / gobiernos, parlamentos, sociedades, / los rostros sin rostro de los hombres importantes.
Estos son los hombres que me inquietan: / ¡tienen tantos celos de todo aquello que no sea plano! / Son dioses envidiosos / que permitirán que el mundo entero se aplane con ellos. / Veo al Padre hablar con el Hijo. / Tanta pasividad debe ser sagrada. / "Déjanos crear un paraíso", dicen. / "Déjanos lavar y aplanar el relieve de estas almas".
*Dos fragmentos de Tres mujeres (Nórdica libros, 2013) de Sylvia Plath. Ilustraciones de Anuska Allepuz y traducción de María Ramos.
12 de marzo de 2014
13 de febrero de 2014
Barra americana en Madrid
Delirio aka Libros cuadrados como puños reedita Barra americana, un relato posmoderno del medio oeste americano escrito por Javier García Rodríguez aka amigo, mentor, nombrador, poeta, profesor universitario, padre.
Digo reedita porque la extinta DVD lo publicó en su momento y esta reedición a cargo de otra editorial le da una nueva vida y lo hace renacer con otros ojos (los míos, muchos -algunos- años después).
Mañana se presenta en la librería Arrebato Libros (C/La palma, 21), metro Tribunal, junto a Mercedes Díaz Villarías y Jara Calles a las 20 h.
Estaré allí como amiga, como lectora y como público, pero también como periodista y fotógrafa, ya que cubriré el evento para la revista Koult y escribiré una crónica que podréis leer próximamente. Pero, si estáis por Madrid, acercaos como podáis.
***
Os dejo el brutal comienzo de Barra americana:
Souvenirs con fecha de caducidad, arena en las manos, mapas falsos con los que escapar de lo que está escrito en leyendas y cuentos que nunca se nos nombran. Nombrar es existir; nombrar es convertirse en un pequeño dios omnipotente. La vida, los gestos cotidianos, el continuo acontecer de los días y de sus protagonistas no son más reales que el placer lento de los sueños y los deseos en esas noches de insomnio en las que todo lo que no ha ocurrido sucede irremediablemente y podemos verlo con los ojos abiertos de la madrugada. Es mejor escribir, dejar el testamento de lo que nunca ha sido nuestro. Así es la paradoja de lo escrito: ser los que nunca fuimos, anotar la experiencia desde la distancia más fecunda de la duda.
Y hasta aquí puedo leer.
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1 de febrero de 2014
Cuando el sistema no nos hace éticos
DESAHUCIO EN LAVAPIÉS
"Está mañana se ha desahuciado en Lavapiés (Madrid) a Antonio, un hombre de 54 años con una incapacidad permanente absoluta. Su pequeña pensión le impide pagar el alquiler. Los servicios sociales sólo le ofrecen como alternativa tres días en un albergue. Antonio apenas puede levantarse de la cama y su enfermedad crónica le impide trabajar. Desde un punto de vista ético, desahuciar a un enfermo crónico y enviarlo a la calle es un acto perverso e inmoral. Los vecinos han increpado a los policías y les han llamado asesinos. Algunos les han lanzado latas, zapatos y otros objetos. Los más combativos han pateado los furgones policiales. Al final, han conseguido expulsar del barrio a los agentes. Desgraciadamente, ha sido una victoria pírrica, pues el desahucio se ha efectuado y Antonio ha sido desalojado de su vivienda en una camilla. Se ha detenido a tres personas que se hallaban en el interior de la vivienda e intentaban frustrar el “lanzamiento”. Se les acusa de desacato y resistencia a la autoridad. Mientras se produzcan abominaciones de esta naturaleza, la violencia de los oprimidos será ética, necesaria, épica. Y la violencia de las instituciones y sus esbirros será –sencillamente- terrorismo."
RAFAEL NARBONA
***
"Antonio ha sido desalojado de su casa en un camilla".
Me pregunto qué tienen esos agentes de la ley y el orden en la cabeza. Qué piensan mientras reducen a los manifestantes. Qué piensan cuando vuelven a casa y le cuenten a su familia lo que ha pasado hoy en Lavapiés.
Supongo, porque todos lo hemos vivido en mayor o menor medida cuando hemos intentado razonar con un policía, que "cumplen órdenes". No es que no se las cuestionen, es que actúan movidos por la estupidez y la subordinación a un superior.
Y es precisamente eso lo que nos mueve a cuestionar las normas, a pensar en qué sistema estamos inmersos sin que nadie nos haya preguntado. Cualquier idea, abstracto, máxima que esté por encima del bien de las personas no me sirve de nada. Justificar una injusticia porque el sistema así lo quiere me lleva a pensar que la gente que cumple órdenes injustas y ejerce la fuerza para imponerlas valora muy poco la humanidad, en la que ellos también están incluidos.
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