13 de febrero de 2013

Volver a escribir




E. dice que echa de menos mis retales. que debo de estar escribiendo mucho porque apenas publico entradas en mi blog. escribiendo para los demás, recalca.

la verdad es que en parte tiene razón y en parte es que, sí, ha llegado otra vez esa sequía creativa que tanto temo porque siempre tengo la sensación de que será permanente. 

nada indica lo contrario y supone un miedo (casi) insoportable.

por eso os enseño este audio, nuevo o no tan nuevo, pero que acabo de oír por primera vez, y que forma parte del proyecto deconstrucción de Format C. Este poema, que en realidad es solamente un recopilatorio de frases, una especie de performance del engaño y del autoengaño y que es, además, el origen de este otro poema, por eso deben leerse juntos. pueden, quiero decir: porque se hablan el uno al otro.

bueno, no sé, creo que también tienen un valor, aunque los haya escrito y tuvieran sentido hace más o menos un año. por eso lo de no escribir ahora. volver a la mañana como una oración para volver a escribir. recitar estos poemas en alto como una oración pagana.

despertar esta vez.


3 de febrero de 2013

Anotando cielos y cielos y cielos

Anotando cielos y cielos y cielos.
Jorge Segarra

Völlig wolkig im Kopf
el chico que está sentado a mi lado en un café y que habla con su novia

"Wolkig ist ein schönes Wort", le dice ella.

Traducción:  totalmente nublado mentalmente
pero no es una expresión tan bonita. 

"Nublado es una palabra bonita", contesta ella.



Dicen que la mejor manera de olvidarse de que en Berlín no hay luz
es mirar siempre hacia el suelo.

Apunto el suelo, consecuentemente. 

Dudo de mis diarios.

Dudo de la luz.

El invierno está todavía húmedo  blanco oscuro  recién pintado


---

Einige sagen, dass die beste Weise zu vergessen, dass es kein Licht in Berlin gibt, ist es immer auf den Boden zu schauen.

Ich schreibe also den Boden auf. 

Ich stelle meine Tagebücher in Frage.

Ich stelle das Licht in Frage.

Der Winter ist immer noch freucht  dunkelweiß  frisch gestrichen


1 de febrero de 2013

Los niños-sombra

"¿Cómo podía yo conocer la verdad de las sombras si sólo eran sombras?", escribí con 17 años.

Hoy Alejandro Zambra me responde:


Me mostró sus dibujos recientes y sin embargo no aceptó que le leyera las primeras páginas de mi libro. Me miró con un gesto nuevo, un gesto que no puedo precisar.

Es impresionante que el rostro de una persona amada, el rostro de alguien con quien hemos vivido, a quien creemos conocer, tal vez el único rostro que seríamos capaces de describir, que hemos mirado durante años, desde una distancia mínima -es bello y en cierto modo terrible saber que incluso ese rostro puede liberar de pronto, imprevistamente (sic), gestos nuevos. Gestos que nunca antes habíamos visto. Gestos que acaso nunca volveremos a ver.

*

Entonces no sabíamos los nombres de los árboles o de los pájaros. No era necesario. Vivíamos con pocas palabras y era posible responder a todas las preguntas diciendo: no lo sé. No creíamos que eso fuera ignorancia. Lo llamábamos honestidad. Luego aprendimos, de a poco, los matices. Los nombres de los pájaros, de los ríos. Y decidimos que cualquier frase era mejor que el silencio.
Pero estoy contra la nostalgia.
No, no es cierto. Me gustaría estar contra la nostalgia. Dondequiera que mire hay alguien renovando votos con el pasado. Recordamos canciones que en realidad nunca nos gustaron, volvemos a ver a las primeras novias, a compañeros de curso que no nos simpatizaban, saludamos con los brazos abiertos a gente que repudiábamos.
Me asombra la facilidad con que olvidamos lo que sentíamos, lo que queríamos. La rapidez con que asumimos que ahora deseamos o sentimos algo distinto. Y a la vez queremos reírnos con las mismas bromas. Queremos, creemos ser de nuevo los niños bendecidos por la penumbra.

Formas de volver a casa
Alejandro Zambra


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