24 de enero de 2013

No tener tiempo para escribir, emigrar y la temperatura de los pájaros

Hablábamos de un tiempo en el que compartíamos un dialecto y nos inventábamos palabras en el idioma del otro y mirábamos la nieve

y vestíamos la nieve

y caminábamos por encima de las aguas nevadas

y nos resfriábamos
pero queríamos hacerlo

Los pájaros (mejor dicho, las aves), como los patos y las gaviotas que duermen encima del hielo, tienen una temperatura corporal de aproximadamente 40 ºC.

Nosotros estamos muy desnudos y nos inventamos palabras, aunque las palabras cada vez se nos van haciendo más cortas y no nos tapan y al final solo nos miramos y luego ya quizás ni siquiera nos miremos y tal vez me dejes y me dejes una carta unos meses después y tal vez reconozca en tu letra no que no te quise porque seguramente no lo hiciera, sino todo lo que hice bien y también todo lo que hice mal y que al final todo salió torcido y no pude hacer nada por evitarlo salvo

irme

y aprender a fondo tu lengua para hablarla sola

me pasó que,
ya ves, no fui suficiente raíz
me pasó que
dormí con la columna doblada
dormí sobre el frío
y regresé tantas veces a una casa:

un lugar con una cocina y una encimera y un té que se enfría y un reloj de pared:
no tener alguien que sea tu familia al otro lado de la frontera.

y eso es, al final, lo que los pájaros del invierno no tienen
cuando duermen con sus 40 grados centígrados debajo de las plumas
ni tenemos nosotros:

alguien en quien pensar cuando sobrevolamos europa
y regresamos a casa.

Francesca Woodman


3 de enero de 2013

Lo que he aprendido y lo que no sobre las novelas familiares

Soñé que estaba viendo un filme con mi padre. (...) Un texto manuscrito seguía al anuncio: Nosotros somos todos parte de nuestro idioma; cuando uno de nosotros muere, muere también nuestro nombre y una parte pequeña pero significativa de nuestra lengua. Por esa razón, y porque no deseo empobrecerla, me he decidido a vivir hasta que nuevas palabras vengan. La firma al final del texto era ilegible y solo podían comprenderse las tres fechas que seguían a continuación: 1977, 2008 y 2010. Mi padre se volvía hacia mí y me decía: 2010 es 2008 sin 1977, y 1977 es 2010 al revés. No tenés nada que temer, y yo  le respondía: No tengo miedo, y mi padre volvía la vista a la pantalla del televisor y decía: Pero yo sí.

Patricio Pron, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia





Estoy terminando El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, de Patricio Pron, y al final de este verano me leí La familia de mi padre, de Lolita Bosch. Con Lolita quería encontrar un referente moderno de escritor que aborda la historia de su familia. Ahora, escribo, (su ensayo literario-personal, por decirlo así) me dejó tal impresión que pensaba que leer el libro que lo originó tenía que ayudarme con mis propios fantasmas. El de Patricio lo cogí de la biblioteca sin saber siquiera que se trabaja de un relato familiar.

Yo llevo queriendo escribir sobre la historia de mi familia desde que empecé a querer ser escritora, es decir, desde niña. Hace cuatro o cinco años escribí un relato de unas veinte páginas sobre mi madre como trabajo final de la asignatura Composición Literaria. Entregué el manuscrito con más miedo por haberme desnudado que por suspender. Saqué un sobresaliente, pero sigo sin enseñarle a nadie ese relato por pudor. Leer a Didion (Noches azules, Mondadori, 2012) me hizo regresar tanto a mi relato como a Lolita Bosch, porque me recordaba mucho a ambos. Y después de leer a estos tres escritores me he parado a pensar en qué sé y qué no sé sobre escribir una novela (saga) familiar:

- Sé que todos heredamos algo: el cuerpo, una historia, la historia de nuestros padres y de nuestros abuelos, una conducta aprendida, una cultura, una moral. Un idioma.

- Sé que esa herencia es una responsabilidad nuestra a la que debemos enfrentarnos. Tenemos que aprender a saber qué hacemos con esa herencia. Y también sé que nunca sabremos quiénes somos si no encaramos la identidad de los que nos precedieron y asumimos sus errores. Que parte de nuestro aprendizaje vital pasa por rendirnos cuentas y rendirnos cuentas tiene que ver con saber de dónde venimos.

- Sé que no escribiré un relato como Didion porque creo que es injusto hacerlo así: no quiero escribir una saga familiar mirándome el ombligo, directamente desde mi punto de vista, derrotada, desesperanzada: esto es lo que hubo y estoy sola, estoy sola y es porque he heredado esto, sufro y soy vieja y no tengo nada y mira quién fui y mira quiénes fueron antes que yo y mira a quién crié y mira de dónde vengo porque yo parto de ahí. Y mira cuánto sufro. Y que sola estoy. Y qué vieja.

- Sé que quiero ser sincera (radicalmente sincera) como Lolita Bosch, como Patricio Pron y como Joan Didion. Sé que la única manera de abordar este tema es partir de la más diáfana sinceridad. Pero también sé que a ningún lector le interesa mi vida.

- Sé que no quiero sentimentalismos en mi novela.

- No sé si quiero una novela en primera persona. No sé si yo sería un buen personaje.

- No sé si quiero escribir una saga familiar de manera fragmentaria. Y con esto no me refiero a que no haya saltos, a que no haya flashbacks o a que no haya reflexiones. Con "fragmentaria" me refiero a errática, inconexa, pretendidamente posmoderna. A contar mis sueños, a contar escenas que no enlazaré con nada, a contar detalles no literarios, a hablar de más, a reproducir documentos de mis padres o cartas o manuscritos fallidos. Ya digo, repito, no sé si quiero escribirlo así.

- Sé que no me interesa la vida de Lolita o la de Didion o la de Pron, sé que lo que me interesa es la literatura. Me interesa también lo que de su vida es universal, es decir, mío. Me pregunto si es válido hablar de 1977 porque para el autor sea un año importante: si las cosas concretas a las que el autor le da vueltas una y otra vez (de manera fragmentaria) en su texto hasta convertirlas casi en satélites del argumento son interesantes para alguien más que él. Si esos datos y esas fechas y esa intrahistoria no sería mejor dejarlas fuera de la versión final del libro.

- No sé si quiero escribir el diario de escritura de la novela (mis dudas, de manera fragmentaria) dentro de la propia novela.

- No sé si la novela sobre mi familia es solamente un documento, un registro, como se pregunta a veces Lolita Bosch. No sé si la novela sobre mi familia (como documento o como literatura) le sirve a alguien más que a mí.

(Abajo, comentarios)

30 de diciembre de 2012

Compañeros de viaje. Lecturas y proyectos de este 2012 que agoniza

Lo de las listas ya es una pesadez. Sin embargo, he vuelto a casa en Navidades y me he puesto a pasar a limpio la lista de todos los libros leídos (y terminados) de este año. Llevo haciéndolo desde que tenía 12 años y me he dado cuenta de lo mucho y lo bien que he leído durante los últimos doce meses, por eso me gustaría compartirlo con vosotros a modo de cierre.

Este año no hay lista de deseos, no hay balance (ayer), no hay propósitos. Solo hay lecturas. Me quedo con  muchos de los libros que he leído este año, no necesariamente publicaciones de 2012, y con las relecturas.

Empiezo:

Lecturas

De lo primero y de lo último: los dos libros (uno publicado y otro inédito) de Emily Roberts. Emily es una niña muy dulce y muy inteligente, que se toma esto de la literatura muy en serio: su blog, sus lecturas y su trabajo son una prueba.

Otras dos chicas a las que he leído intensamente este año son Adriana Bañares y Sara Herrera Peralta: dos voces que crecen.

Los tres ensayos con los que más he disfrutado son: Ahora, escribo, de Lolita Bosch (Periférica, 2011), regalo de Javier García Rodríguez con un "este libro es para ti"; Postpornografía, de Marisol Salanova (Pictografía, 2012) y reedición electrónica por la Colección de Husos de Sigue Leyendo a 1'99€; y Blog up, de Agustín Fernández Mallo (Universidad de Valladolid, 2012), que he citado este año de manera descontrolada e insistente.

De poesía (y poesía joven) voy a destacar dos libros: El libro de la crueldad (La vida rima ediciones, 2012) de Layla Martínez y el poemario bilingüe Artikoa / Ártica (Amargord, 2012) de Izaskun Gracia. Sobre ambas y sobre ambos he hablado ya en mi blog en los enlaces a los que conducen sus nombres.


Entre narrativa y poesía, me alegro mucho de haber leído este año a Gamoneda, a Riechmann, a Galeano y a Claudio Rodríguez. Y los Hijos de la ira de Dámaso Alonso. Ah, y por fin, abordar a Coetzee. También me siento especialmente feliz por haber descubierto a varios nombres que me han hecho estallar el cerebro. Esto es. Las crónicas de Joan Didion, sobre la que escribí en Koult.es, a propósito de Los que sueñan el sueño dorado (Literatura Mondadori, 2012). Pero, sobre todo, la poesía de la casi desconocida Anise Koltz, a la que me quiero tatuar con, por ejemplo, estos versos, y de Valerie Mejer Caso, de la que también me he enamorado un poquito gracias a Uxue Juárez y a la que he citado en este blog a lo largo de diciembre.

También estoy orgullosa de haber leído, por fin, la prosa de Mercedes Cebrián, a la que considero de lo mejor de los 22 de Granta (sin haberlos leído a todos). Y a Pablo Fidalgo Lareo: La educación física (Pre-textos, 2010) la he citado, pero no lo suficiente. Un libro con muchísimas lecturas. Un libro que me ha tocado profundamente.

Por último, en la sección de lecturas sorprendentes, incluyo La Nave, de José Pablo Barragán (El Gaviero ediciones, 2012), leído hace apenas dos días en un bus para nada futurista. Este alto y breve poemario abre, desde mi punto de vista, caminos nuevos en la poesía española, gracias a la envidiable labor de Ana y Pedro y a eso que ellos llaman Sci-fi poesía. Solo tengo que decir bravo.

Hipótesis

Al parecer existen intercambios
a nivel neuronal que determinan
cualquier mínimo espasmo de los músculos
La libertad no existe en consecuencia:
tan sólo el simulacro de ser libres

Pero esta servidumbre de sinapsis
(un vulgar mal de muchos) no consuela
la tristeza del porno en internet
las cajas de condones caducados
la ausencia de tu ropa en mis cajones
las sábanas limpísimas pulquérrimas
sin el mínimo rastro de tu aroma

José Pablo Barragán, La Nave
El Gaviero, 2012

Proyectos

Yo también hago recopilación. Este año estoy orgullosa de haber participado en varios proyectos literarios, artísticos y multidisciplinares, desde la obra de danza, teatro y poesía pielescallar (producción del Ballet Contemporáneo de Burgos, 2012), hasta la plaquette Cartografías (El Colmo colectivo, 2012), que se presentó hace tres días en La Curva de Valladolid y en el que participé con un poema visual titulado 'Mapa'.








 Si no fuera porque estoy yo, habría destacado en el apartado "lecturas" el precioso engendro de plumas, ilustración y letras Cuaderno de vuelo, capitaneado por la fotógrafa y poeta Dara Scully. Podéis leerlo desde aquí. Supongo que Cartografías también estará disponible en breve en formato digital, como el resto de a serie de COLMO Poemas de la chica de la curva. Pero, por si acaso, os dejo con uno de los poemas que más me han gustado de la obra y perfecto para estos días de lluvia y sal:

Compañeros de viaje

Os acordáis. Las calles que llevaban a la escuela
de la mano. Las botas de agua. El tiempo no era nada y los
recuerdos
tan solo una palabra de mayores.
Después fuimos ya solos por las calles, los amigos, las plazas.
Llegó la noche blanca, de repente. Os acordáis. Las calles eran
mejor de noche.
Las calles que llevaban a los bares. A casa de otro,
a nosotros mismos.
Os acordáis. Una farola, la lluvia, algún cigarro.
Quedamos a las diez y de repente: ser feliz.
Os acordáis. La vida en calles.


Celia Prieto Mazariegos

Por último, una alegría y una sorpresa que me he llevado ayer al recibir en mi buzón el nuevo proyecto de Format C, una revista de fotografía, arte, poesía, etcétera, editada por el artista Diego de Haro (autor de la ilustración de mi Epidermia). Él me pidió una colaboración y una entrevista para este [de]construcción y yo he recibido mucho.

Si estáis en Almería podéis pasaros por la exposición de carácter (audio)visual que acompaña la obra hasta el 4 de enero. Y si podéis haceros con una edición, os aseguro que es una auténtica pasada. Os dejo también una de las fotografías de los cuadernitos de autor de Format C. Es obra del austriaco Oliver Mairinger.

Seguro que me he olvidado de mucho o que la información que doy no es del todo completa. También me he dejado en el tintero algunos libros que tengo muchísimas ganas de leer. No me importaría reseñar (pronto) El sueño de Visnu, de David Meza, con el que ando ahora, o el último libro de Juan Carlos Mestre. Pero, bueno, eso será, si no me atraganto con las uvas, en 2013.

Besos y salud a todos.

Fotografía de Oliver Mairinger








Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...