30 de diciembre de 2012

Compañeros de viaje. Lecturas y proyectos de este 2012 que agoniza

Lo de las listas ya es una pesadez. Sin embargo, he vuelto a casa en Navidades y me he puesto a pasar a limpio la lista de todos los libros leídos (y terminados) de este año. Llevo haciéndolo desde que tenía 12 años y me he dado cuenta de lo mucho y lo bien que he leído durante los últimos doce meses, por eso me gustaría compartirlo con vosotros a modo de cierre.

Este año no hay lista de deseos, no hay balance (ayer), no hay propósitos. Solo hay lecturas. Me quedo con  muchos de los libros que he leído este año, no necesariamente publicaciones de 2012, y con las relecturas.

Empiezo:

Lecturas

De lo primero y de lo último: los dos libros (uno publicado y otro inédito) de Emily Roberts. Emily es una niña muy dulce y muy inteligente, que se toma esto de la literatura muy en serio: su blog, sus lecturas y su trabajo son una prueba.

Otras dos chicas a las que he leído intensamente este año son Adriana Bañares y Sara Herrera Peralta: dos voces que crecen.

Los tres ensayos con los que más he disfrutado son: Ahora, escribo, de Lolita Bosch (Periférica, 2011), regalo de Javier García Rodríguez con un "este libro es para ti"; Postpornografía, de Marisol Salanova (Pictografía, 2012) y reedición electrónica por la Colección de Husos de Sigue Leyendo a 1'99€; y Blog up, de Agustín Fernández Mallo (Universidad de Valladolid, 2012), que he citado este año de manera descontrolada e insistente.

De poesía (y poesía joven) voy a destacar dos libros: El libro de la crueldad (La vida rima ediciones, 2012) de Layla Martínez y el poemario bilingüe Artikoa / Ártica (Amargord, 2012) de Izaskun Gracia. Sobre ambas y sobre ambos he hablado ya en mi blog en los enlaces a los que conducen sus nombres.


Entre narrativa y poesía, me alegro mucho de haber leído este año a Gamoneda, a Riechmann, a Galeano y a Claudio Rodríguez. Y los Hijos de la ira de Dámaso Alonso. Ah, y por fin, abordar a Coetzee. También me siento especialmente feliz por haber descubierto a varios nombres que me han hecho estallar el cerebro. Esto es. Las crónicas de Joan Didion, sobre la que escribí en Koult.es, a propósito de Los que sueñan el sueño dorado (Literatura Mondadori, 2012). Pero, sobre todo, la poesía de la casi desconocida Anise Koltz, a la que me quiero tatuar con, por ejemplo, estos versos, y de Valerie Mejer Caso, de la que también me he enamorado un poquito gracias a Uxue Juárez y a la que he citado en este blog a lo largo de diciembre.

También estoy orgullosa de haber leído, por fin, la prosa de Mercedes Cebrián, a la que considero de lo mejor de los 22 de Granta (sin haberlos leído a todos). Y a Pablo Fidalgo Lareo: La educación física (Pre-textos, 2010) la he citado, pero no lo suficiente. Un libro con muchísimas lecturas. Un libro que me ha tocado profundamente.

Por último, en la sección de lecturas sorprendentes, incluyo La Nave, de José Pablo Barragán (El Gaviero ediciones, 2012), leído hace apenas dos días en un bus para nada futurista. Este alto y breve poemario abre, desde mi punto de vista, caminos nuevos en la poesía española, gracias a la envidiable labor de Ana y Pedro y a eso que ellos llaman Sci-fi poesía. Solo tengo que decir bravo.

Hipótesis

Al parecer existen intercambios
a nivel neuronal que determinan
cualquier mínimo espasmo de los músculos
La libertad no existe en consecuencia:
tan sólo el simulacro de ser libres

Pero esta servidumbre de sinapsis
(un vulgar mal de muchos) no consuela
la tristeza del porno en internet
las cajas de condones caducados
la ausencia de tu ropa en mis cajones
las sábanas limpísimas pulquérrimas
sin el mínimo rastro de tu aroma

José Pablo Barragán, La Nave
El Gaviero, 2012

Proyectos

Yo también hago recopilación. Este año estoy orgullosa de haber participado en varios proyectos literarios, artísticos y multidisciplinares, desde la obra de danza, teatro y poesía pielescallar (producción del Ballet Contemporáneo de Burgos, 2012), hasta la plaquette Cartografías (El Colmo colectivo, 2012), que se presentó hace tres días en La Curva de Valladolid y en el que participé con un poema visual titulado 'Mapa'.








 Si no fuera porque estoy yo, habría destacado en el apartado "lecturas" el precioso engendro de plumas, ilustración y letras Cuaderno de vuelo, capitaneado por la fotógrafa y poeta Dara Scully. Podéis leerlo desde aquí. Supongo que Cartografías también estará disponible en breve en formato digital, como el resto de a serie de COLMO Poemas de la chica de la curva. Pero, por si acaso, os dejo con uno de los poemas que más me han gustado de la obra y perfecto para estos días de lluvia y sal:

Compañeros de viaje

Os acordáis. Las calles que llevaban a la escuela
de la mano. Las botas de agua. El tiempo no era nada y los
recuerdos
tan solo una palabra de mayores.
Después fuimos ya solos por las calles, los amigos, las plazas.
Llegó la noche blanca, de repente. Os acordáis. Las calles eran
mejor de noche.
Las calles que llevaban a los bares. A casa de otro,
a nosotros mismos.
Os acordáis. Una farola, la lluvia, algún cigarro.
Quedamos a las diez y de repente: ser feliz.
Os acordáis. La vida en calles.


Celia Prieto Mazariegos

Por último, una alegría y una sorpresa que me he llevado ayer al recibir en mi buzón el nuevo proyecto de Format C, una revista de fotografía, arte, poesía, etcétera, editada por el artista Diego de Haro (autor de la ilustración de mi Epidermia). Él me pidió una colaboración y una entrevista para este [de]construcción y yo he recibido mucho.

Si estáis en Almería podéis pasaros por la exposición de carácter (audio)visual que acompaña la obra hasta el 4 de enero. Y si podéis haceros con una edición, os aseguro que es una auténtica pasada. Os dejo también una de las fotografías de los cuadernitos de autor de Format C. Es obra del austriaco Oliver Mairinger.

Seguro que me he olvidado de mucho o que la información que doy no es del todo completa. También me he dejado en el tintero algunos libros que tengo muchísimas ganas de leer. No me importaría reseñar (pronto) El sueño de Visnu, de David Meza, con el que ando ahora, o el último libro de Juan Carlos Mestre. Pero, bueno, eso será, si no me atraganto con las uvas, en 2013.

Besos y salud a todos.

Fotografía de Oliver Mairinger








Para hacer de todo un signo: Cerrar un círculo. Una era. Yo soy el fin del mundo

La luz del norte me ponía triste y mi padre me decía “Pues no haberte ido”, y él me decía “¿Pero no querías irte? es precioso, no te vayas sin ver la aurora boreal, yo pasé dos meses sin ver la luz del sol”. (...) Podía ir a cualquier parte, me decía, eres feliz, eres feliz, y también soy deportada. Tenía el poder de mentir pero no lo hacía. Podía inventar cualquier parte de mi pasado porque iba a desaparecer, porque había desaparecido, pero no lo hacía. Me hablaban en mil acentos, pero todos me sonaban igual: quiéreme, estoy solo, soy extranjero. Todos éramos extranjeros excepto cuando bailábamos. Estoy aquí porque quiero o porque no me querían allí. “Nunca le preguntes a un hombre”, diría mi madre, “siempre miente”.

Emily Roberts


27-12-2012, Valladolid, hace dos siglos


Excepto cuando bailábamos. 

Y sí que bailábamos. Y he bailado creando una hoguera y he bailado dos noches dos días una tarde un antes un recuerdo con mi pasado que era un incendio y he bailado no con las sombras, sino con los niños y sus osamentas de ciervo, con sus voces de la adolescencia, con sus manos y sus caras retorcidas y aniñadas. Y aquí estoy. Tres días son tres años. Tres días tres niños tres inviernos y un verano muy frío. El verano de 2002 que se pareció al de 2005. Veo mi boca en el frío y es un pozo

lejos.

Que te lo recuerden. No recordar: anestesiar. Que alguien te recuerde.

Se tenía que cerrar el círculo y tenía que sonar una canción de manera casual por la radio mientras me alejo. Ahora tengo la capacidad de alejarme. Esta sensación de estar de pronto recibiendo lo que es mío. Se tenía que acabar el año para que no hiciera balance, para que el balance me hiciera a mí: dicen que el 22 se acabó una era. 

Hoy atravieso un llanto y la nieve cae:
 retrocede.

Yo soy hoy
el fin
del mundo.

Agua
agua
agua

síntoma.


15 de diciembre de 2012

Berlín no se acaba

Dos regalos de cumpleaños: un país

A I. y a U., madres y hermanas.

No sabemos si es la nieve la que está sucia
o nuestros zapatos.

Nos movemos como podemos
de Leopoldplatz a Warschauer Strasse
de Prenzlauer Allee a Rathaus Steglitz
todo lo rápido que nos permite
el cuerpo
enfundado en el invierno.

Andamos tambaleando
como si fuéramos extranjeras
en Tempelhof, recuperando nuestro carné de identidad
como si alguien tuviera nuestra identidad,
como si alguien, por casualidad,
la hubiera encontrado.

Volvemos a los lugares y los lugares no son nuestros
lo podemos leer en los carteles
y en todas partes nos delata nuestra manera de decir "Spanien"
nuestra manera de decir "wie bitte?".

No podemos pararnos
no podemos permitirnos parar;
aunque nadie en Friedrichstrasse pare un segundo 
y nos mire a los ojos
debemos continuar enterrando nuestros pies en el suelo.

- No llego, lo siento, tengo que coger un avión.
Y los aviones se despiden de nosotras
porque en realidad no pensamos que vivamos de verdad en esta ciudad.

Estar desnuda es ser de nieve
y nuestros pies limpian esa masa gris
que los demás pies han manchado.

No me mires así porque esté desnuda:
yo he sobrevivido ya a un invierno
y a un mundo que murió hace años luz.

He sobrevivido a mis propios pies
desnudos
cubiertos de polvo
y a mi tumba en este cuerpo:
una raíz poco profunda y un libro.

Los libros (los regalados, los merecidos y los encontrados) me recuerdan mi condición de pobre.
Un libro nuevo es un yo que se reconquista:
ahora por fin este territorio es mío.
Berlín pone su primera piedra en mí.

Mi cuerpo, de momento, es tierra,
es ese charco alrededor de la nieve.

El cielo está hoy ardiendo
como la luz al final del verano
y yo lo veo desde un lugar que sigue sin ser mío
por el que vuelvo a pasar
desde el S- Bahn.

No tengo nada en ese lugar,
en otros: tengo recuerdos.

+++

PD: Publico este poema con muchísima inseguridad y sabiendo que le daré mil vueltas más de las que ya le he dado.
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