14 de agosto de 2012

Los recuerdos de una

Pi.
Pi.

Los recuerdos de una sola.

Noche

vez

despedida.


Los recuerdos amontonados.

Pi Pi pi-pi-pi

pipipipipippíiiiiii.


6:30

Llevo bebiendo vino desde el miércoles pasado y aun así y por eso tengo pesadillas.

Imagino gentes que conozco que se transforman en seres extraños de bocas enormes de dientes afilados y pieles de escamas si me concentro y los miro fijamente

Y luego sueño, dios, y cuánto prefiero los recuerdos,
como los de esta noche

cuando un chico me invitaba a fumar, aunque yo, aunque ambos sabíamos cómo funciona el flirteo y ninguno de los dos tenía ganas de poner demasiado empeño en disimular

cuánto prefiero los recuerdos
como hoy: ver las estrellas de Berlín cuando todavía es verano aunque hace frío, ver todo el cielo manchado de lucecitas sin más. Porque sí, ellas brillan, nadie las mira. Y luego buscarle razón a todo.

Ver toda esa luz lejana atenuada por luz artificial. Recordar.

Ese recuerdo es solo mío.

Solo yo podré tener tu recuerdo dentro de mí*.

Los recuerdos de una.

Hier kommt eine, dicen.

Una, mejor que las pesadillas. Dicen así.


*Epidermia (El Gaviero Ediciones, 2011).

7 de agosto de 2012

Y todo lo ya dicho sobre mí ellas vosotras.

fumando




Mujeres

No las ves que están agotadas, que no se tienen en pie, que son ellas las que sostienen cualquier ciudad, todas las ciudades. Con el matrimonio, con la maternidad, con la viudedad, con los golpes, ellas cargan con este mundo, con este sábado por la noche donde ríen un poco frente a un vaso de vino blanco y unas olivas. Cargan con maridos infumables, con novios intratables, con padres en coma, con hijos suspendidos. Fuman más que los hombres. Tienen cánceres de pulmón, enferman, y tienen que estar guapas. Se ponen cremas, son una tiranía las cremas. Perfumes y medias y bragas finas y peinados y maquillajes y zapatos que torturan. Pero envejecen. No dejan las mujeres tras de sí nada, hijos, como mucho, hijos que no se acuerdan de sus madres. Nadie se acuerda de las mujeres. La verdad es que no sabemos nada de ellas. Las veo a veces en las calles, en las tiendas, sonriendo. Esperan a sus hijos a la salida del colegio. Trabajan en todas partes. Amas de casa encerradas en cocinas que dan a patios de luces. Sonríen las mujeres, como si la vida fuese buena. En muchos países las lapidan. En otros las violan. En el nuestro las maltratan hasta morir. Trabajan fuera de casa, y trabajan en casa, y trabajan en las pescaderías o en las fábricas o en las panaderías o en los bares o en los bingos. No sabemos en qué piensan cuando mueren a manos de los hombres.
Resurrección
Manuel Vilas

1 de agosto de 2012

Infancia (II: Por fin decir todo)


Todo viene de la infancia y qué fácil es decir "todo". Lo bueno de los cambios es que lleva menos tiempo acostumbrarse a estar sola. Lo aprendí en la infancia.

Todo tiene que ver con la infancia. Como por ejemplo: yo. 

También no abrazarme ya a tu cuerpo. También querer escapar de mi cuerpo. También que te hayas ido, porque decidí no matar a mi padre y a cambio me casé con un niño. ¿Qué niño? 

No querer ser adulto, no saber ser adulto, que viene a ser lo mismo.

¿Por qué vuelvo a la infancia? ¿Por qué ahora?

Porque la infancia es el camino para mirar hacia atrás. Buscarle ojos a la infancia y decirme: mira, ahí tienes la cadera de la que crees carecer. Y tu cuerpo es así. Ahí lo tienes. Ahí la melancolía.

De aquí no se regresa.

Fotograma de la película Hoy empieza todo, de B. Tavernier.
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