6 de marzo de 2012

5 de marzo de 2012

Apuntes filosóficos para un regreso


Un parque de atracciones abandonado, en el corazón de Berlín, foto de Sarah Porteus

"La mismidad que somos no se posee a sí misma. 
Cabe afirmar que la mismidad se hace".
Gadamer, Verdad y método

"Buscar siempre lo molecular, o incluso la partícula submolecular con la que hacemos alianza. Más que de nuestras enfermedades hereditarias o que tienen su propia descendencia, evolucionamos y morimos de nuestras gripes polimórficas y rizomáticas. El rizoma es una antigenealogía".

G. Deleuze & F. Guattari, Rizoma

Y a pesar de todo no podemos dejar de encaminar nuestras vidas hacia el oír y ver y el presenciar y el saber, con el convencimiento de que esas vidas nuestras dependen  de estar juntos un día o responder a una llamada, o de atrevernos, o de cometer un crimen o causar una muerte y saber que fue así. A veces tengo la sensación de que nada de lo que sucede sucede, porque nada sucede sin interrupción, nada perdura ni persevera ni se recuerda incesantemente, y hasta la más monótona y rutinaria de las existencias se va anulando y negando a sí misma en su aparente repetición hasta que nada es nada ni nadie es nadie que fueran antes, y la débil rueda del mundo es empujada por desmemoriados que oyen y ven y saben lo que no se dice ni tiene lugar ni es cognoscible ni comprobable. Lo que se da es idéntico a lo que no se da, lo que descartamos o dejamos pasar idéntico a lo que tomamos o asimos, lo que experimentamos idéntico a lo que no probamos, y sin embargo nos va la vida y se nos va la vida en escoger y rechazar y seleccionar, en trazar una línea que separe esas cosas que son idénticas y haga de nuestra historia una historia única que recordemos y pueda contarse. Volcamos toda nuestra inteligencia y nuestros sentidos y nuestro afán en la tarea de discernir lo que será nivelado, o ya lo está, y por eso estamos llenos de arrepentimientos y de ocasiones aprovechadas, cuando lo cierto es que nada se afirma y todo se va perdiendo. O acaso es que nunca hubo nada.

Javier Marías, Corazón tan blanco

3 de marzo de 2012

Entre el "despierta despierta" y el "todo me da igual"


Se habla del porno como perturbador de la psique, como conmovedor de lo más profundo, como metaficción (metasexo) o hiperrealidad. El porno empequeñece nuestra propia sexualidad. Por una parte, porque con el porno nosotros dejamos de ser los protagonistas, nos dejamos llevar y dejamos que las imágenes de otros cuerpos nos conviertan en espectadores, pero a la vez pone nuestra sexualidad individual en primer plano, porque nos genera esa obligación de "convivir" con la pantalla, de "tomar partido", de "involucrarnos", de masturbarnos con la imagen de otro, de tal manera que somos capaces de des a pa re cer.


La sexualidad. Esta imagen de la pornostar expresa perfectamente su estilo ante las cámaras: esa lucha entre el "despierta, despierta" y el "todo me da igual"... La indolencia del sexo, el autodescubrimiento, la autoficción, el descubrimiento de un mismo en ese yo mediatizado. La metáfora del sexo como un accesorio en el que apáticamente hundimos los dedos. Y el porno, que es esa industria que ha hecho evolucionar la imagen de un cuerpo como sus partes sexuales rodeadas de piel. Somos sexo rodeado de piel.

Llevaba tiempo pensando en escribir algo así, pero el periodista Rubén Negro se me ha adelantado y ha escrito el artículo que yo debía. "Nos han anestesiado", dice Gonzalo Sánchez en los comentarios. Siempre se ha dicho que la televisión, que la imagen diaria en movimiento nos amuerma. Más en un tiempo como este. Buscamos la evasión en la hiperrealidad que no nos toca, pero se adentra en nosotros fácilmente, sin esfuerzo, y que a fin de cuentas percibimos también como realidad. 

Todo mal, todo está mal, todos los comercios cierran, todas las empresas echan a sus empleados, todo se acaba. Occidente se retuerce de rabia y de pereza antes de morir.

Ahora habrá que mirar a Asia. Japón parece desde aquí ese paraíso de evolución, donde se venden por 12.000 euros muñecas de 24 kilos, aparentemente humanas, que se dejan hacer lo que quieras. El país nipón tiene serios problemas de natalidad porque la mayor parte de la gente vive el sexo como una obligación biológica solitaria. Precisamente hoy he visto este reportaje de Documentos TV, sobre los sinsexo japoneses. 

La evolución de la sexualidad, según parece, según se dice, tiene esa cara tersa y plástica: la de la masturbación, la del yo de las cabinas de sexo, la de los masturbadores tenga, la de los herbívoros que solo se enamoran de sí mismos... La de una persona que se mira al espejo o deja que lo miren para buscarse dentro. La sexualidad tiene la cara del asco y de la brutalidad, de la ternura y de la vulnerabilidad. Como en todo, como en Occidente, como en Sasha Grey y en sus escenas feroces llenas de fuck me fuck fuck fuck fuck hay algo de autodestrucción, de romper desde dentro con todo. Como la manzana-corazón que se infla y se infla y explota. 
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...