8 de enero de 2012

Nos otros

Un poema-prosa de Adriana Bañares Camacho, extraído de Happy Meal (Cartonerita Niñabonita, 2011), sobre esos cuerpos extraños que visten nuestra ropa.


La vida de nos-otros


Estoy debajo de mi casa, a diez metros -más o menos- del portal. La luz de mi habitación está encendida. Me quedo mirando, con el cuello inclinado a cuarenta y cinco grados hacia atrás, el séptimo piso. Esperando. Quiero saber qué voy a hacer.

Pero no salgo. Durante diez minutos la luz sigue encendida pero no hay rastro de mí en la ventana. Noto la humedad y el frío y la tristeza inmensa en los pelos sintéticos de mi abrigo de las rebajas de 2004. Parte de mi parte -esa parte- adolescente que se empeña en sobrevivir, quizá lo haga porque se mantiene en mi ropa. Qué absurda y patética es esta yo vigilante. Esta yo espía. Esta yo que se mantiene a sesenta metros de distancia de lo que voy a hacer.


5 de enero de 2012

Rutas de vuelo

Leí a Estíbaliz Espinosa un 31 de diciembre en un vuelo Madrid-Berlín. "Pero que no te mira a ti. A ti, que estarás gastando estos 20 segundos sabe dios dónde, sabiendo qué cosas [de la ciencia. Y del clima. Y de mí] Y con quién. Tú leyéndole este verso en alto. Mira, qué gracia, la muy tonta. Mira qué gracia. La muy tonta".

¿Dalí?

Iba en el asiento que da al cielo, al lado de un chico y una chica (pareja, supongo), con tatuajes y dilataciones, que bien podrían haber sido dos artistas de camino a su nuevo estudio en la capital europea, pero que simplemente eran analfabetos. óvulo de un futuro cualquiera, / doblado en su esquinita superior / como una página / que se resiste con horror a ser pasada.

Me da repelús la gente con prejuicios absurdos y creo en la peligrosidad de creer que alguien es simplemente gilipollas. Por eso no suelo creer y prefiero comprobarlo. Veréis. Cuando el avión rumbo a Berlín va a despegar, el hombre, llamémosle Calvito-de-veintimuchos-de-brazos-tatuados-con-caras-y-cosas, mira a la tía y enciende el ordenador. Vuelve a mirar a la tía y enciende el iPod. El avión despegaba y ellos comparten unos cascos blancos muy cantosos. Desear morirme en el medio de tus sustantivos vencida de entropía.

Ya sobrevolando los Pirineos, Cataluña o Aquitania (el tiempo y el espacio es tan voluble y líquido allí arriba), la tía hojea una revista y le señala un cuadro al chico: ¿este cuadro es de Dalí? -Mm, no sé. Contesta calvito-rapado-de-veintimuchos. Y no dicen nada más. Me obsesiona el futuro. // Cuántos escritores hay leyendo esto / sin saber que algo les influiré / a su pesar / con todo. 

Calvito-con-cara-de-pocos-amigos se pasó todo el viaje con el MAC encendido haciendo no sé qué mierdas en un programa de sonido (ahí entendí porque no sabía de lo visual).

Y luego la comida. La tía preguntó al azafato alemán (en cuya placa había dos banderitas: una inglesa y otra alemana y en cuya frente venía la palabra DEUTSCH en letras bien grandes -esto es mentira, es una hipérbole para que veáis qué dominio de la prosa tengo-) en un perfecto español: Y esto, ¿esto qué lleva?

El hombre le explica como puede que ese menú no está disponible y ella vuelva a preguntar: pero, esto, ESTO, ¿qué lleva? El azafato tiene que coger la carta y pasar varias páginas plastificadas de esas que dan bastante grima y que se suelen usar en los aviones, tiene que pasar varias páginas para señalarle con el dedo lo que puede pedir. Las entrevistas no pueden suplantar una obra. / Una obra no puede suplantar tu mano. / Tu mano no puede suplantarte.


Calvito-me-la-sudan-las-normas-porque-soy-muy-cool se pide una cerveza. Otro azafato, esta vez de origen griego, se acerca al rato y le pregunta en inglés si puede llevarse su lata. Calvito-amigo-de-los-griegos ni levanta la mirada y con un tono seco como la boca de un tuareg comiendo polvorones dice sin apartar, como digo, los ojos de la pantalla: todavía está llena, joder. El azafato griego, sin entender (claro) alarga el brazo y Calvito-malas-pulgas vuelve a repetir sin mirarle siquiera pero más alto: está llena todavía, JODER. El griego se marcha un poco perplejo sin acabar de entender muy bien. Como si orbitar este poema de cabo a rabo / nos devolviese oportunidades huidas y sueños detonados / como si volviésemos a creer / tú en mí y yo en ti / siendo yo quienquiera que tú seas / siendo tú quienquiera que ellos sean / para encontrarnos en esa risa primigenia que nos delata / que nos ata a la desgracia y la conmueve. Al principio de todo esto nos reíamos. / Nos reíamos y todo fue a partir de ahí. // Hemos llegado al comienzo de la vida. / No es posible ir más allá. / No podemos con la risa.

La tía tampoco se inmuta. Amigos de los niños, leo a Estíbaliz y pienso en la panda de imbéciles que me hacen dudar de nuestra propia superioridad como especie. Leo a Estíbaliz Espinosa con mi pelo recién rojo y ¿la literatura nos salva de morir estrellados en un avión en mitad de la nada? Condenadme. / Queridas bastardas de vuestra propia especie.


Bueno, después de irme a contar otra historia, lo que os quería contar desde el principio: No Tenía lLápiz. Tenía ganas de hacer pis y de coger mi bocata de la maleta de mano que estaba en el compartimento de arriba. Pero don-Calvito-soy-muy-guay y doña-Llevo-gafas-de-sol-dentro-de-un-avión me intimidaban. Solo tenía un boli, el mp4 y la cartera. Y el mp4 estaba empezando ya a repetir las mismas canciones con su extraño mecanismo digital. Como no quería estropear el libro fui doblando la parte superior de las páginas con los poemas que más me gustaban y la inferior en las páginas que contenían versos que me habían impresionado. Total, que al final cuando estábamos a punto de
acabé con un ejemplar lleno de marcas y que abultaba más: un verdadero
 papel.
      a.
           punto.
de.







2 de enero de 2012

Drug morning dreams




Las arañas de papel me han comido los huesos, ahora solo tengo músculos: carne elástica y blandita.
Los ojos convienen cumplir su propio orden: su propio sistema solar alternativo.
Las drogas, la maldita droga está en mis sueños.

Mujeres que mueren amputadas en la carretera, que mueren desnudas después de haber conjurado algún rito o haber pronunciado palabras prohibidas. Mueren sus almas oscuras y sus cuerpos blancos después de haberlas echado de mi apartamento, después de que pudieran atravesar las puertas de mi cuarto con sus superpoderes. 

Esas mujeres, cuatro mujeres. Muertas. Qué trágica es la muerte en los sueños.

Y ¿sabes qué más? Miedo. Miedo. Miedo. Miedo porque sé que tengo todas las ventanas y las puertas cerradas pero cualquier mujer puede entrar a robarme o a revolverme o a ofrecerme drogas duras y sexo sin protección y porque sé que dejo encendida la webcam y que hay hombres que me ven interpretar un patético papel de actriz amateur.

Miedo porque me despierto dentro del sueño y sigo dormida. Miedo porque no sé si hay alguien o estoy sola. No sé si me da más miedo estar sola o que alguien entre a escondidas a buscar identidad en mi basura.

Miedo y ni siquiera había leído Happy Meal, ni siquiera dentro de la ficción. Un miedo extraño extranjero. Y sigo. La ventana. La ventana se desprende de su marco, pero hay un hombre conmigo. La ventana no existe y me acerco a sujetar la parte que está a punto de soltarse del todo y el cristal me cae encima y me caigo por culpa del peso. Estoy contra el suelo, cristal, carne, huesos. Viento que entra por el hueco.

El hombre me ayuda.

Esa noche tengo miedo. Me juré cambiar las cartas y vuelvo a dormirme dentro del sueño esperando que esta vez nadie entre. Oigo ruidos, pero no acabo de despertar. Oigo ruidos que creo que proceden de mis propios pensamientos o que me falta el aire.

Por la mañana, ya despierta, dentro del sueño, sigo oyendo los ruidos ya no solo en mi cabeza. Salgo al pasillo y hay animales salvajes drogados: un león y una morsa. Ambos están separados, envueltos en un edredón. Sé que se van a morir y eso me aterra. No me aterra su salvajismo, me aterra su muerte. Y sé que es como un aviso.

Luego todo vuelve a ser normal en el sueño, pero yo no me siento ni la misma ni otra. Todo se parece a la realidad y así la siento. No soy yo. ¿No soy yo la misma que sueña y vive el sueño?

Me despierto abrazada. Estoy empapada y desorientada. Traigo de algún lugar remoto la infinita pena de una de las dos, la pena que ya cansa. Alguien me mira a los ojos y me da un beso. Anda, trae la droga, digo, trae el sueño
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