19 de octubre de 2011

Epidermia


Mañana mi corazón pequeñito y arrítmico entra en imprenta. Me siento como una de las Madonnas de Munch o como uno de los desnudos de Modigliani.

El Gaviero lo anunciaba ayer en su blog.

Finalmente: Epidermia
                                 como una enfermedad o como una tira de fina piel que deja todo manchado de sangre.

No puedo hacer otra cosa más que dar las gracias a todos los que os habéis interesado por el libro y por su proceso de creación, los que me habéis ayudado con mis dudas u os habéis ofrecido a echarme una mano. Sois muchos.

Gracias a Piquero y a Javi, en especial. Y, por supuesto, a Diego de Haro por la maravillosa ilustración que abrirá el libro. Es, simplemente, perfecta.

Suena bastante tópico, pero tengo que agradecer a Ana Santos su confianza y su paciencia. Me siento muy afortunada de formar parte de la gavia. Y es un honor compartir colección con gente a la que admiro tanto como Alejandra Vanessa, Ana Gorría o Elise Plain.

No sé si me siento vacía. Me siento serena, pero también excitada. He puesto toda mi carne, toda mi piel, todo lo que soy y lo que no. De eso trata un poco esta historia, ¿verdad? 

Ha sido un libro escrito desde el dolor, no es un libro fácil ni cómodo. No puedo sin más desearos que "os guste". He vivido un embarazo ciertamente doloroso, de mucha náusea. Los que habéis seguido el blog en los últimos meses lo sabéis. Quizá es un engendro poco grato, pero es todo yo. Es mi pequeño monstruito.

Este mes he actualizado mucho menos Retales. Aparte de las razones obvias, hay otra: estoy mejor. No quiero decirlo abiertamente por si acaso mañana vuelvo a recaer, pero no hay comparación entre la Sara de ahora y la de hace unos pocos meses. Quizás el libro también tiene algo que ver con eso.

He cerrado una etapa. He escrito un libro. Sigo adelante.

16 de octubre de 2011

13 de octubre de 2011

Memorial

Doch uns ist gegeben,
auf keiner Stätte zu ruhn,
es schwinden, es fallen
die leidenden Menschen
blindlings von einer
Stunde zur andern,
wie Wasser von Klippe
zu Klippe geworfen,
Jahr lang ins Ungewisse hinab.
---
Pero a nosotros no se nos otorga
el reposar en parte alguna;
se precipitan y desaparacen
los hombres llenos de dolor,
ciegamente, desde una
hora a la que le sigue,
como agua de peñasco
en peñasco arrojada,
a través de los años, a lo incierto.

Friedrich Hölderlin


Vivo en la habitación 22. Las marcas de las paredes son de la anterior inquilina. Mi compañera de piso me cuenta que estaba loca. Hablaba sola, se quedaba encerrada durante días, arañaba las paredes. 

Cometo el error de abrir las ventanas. No hay persianas en este país al otro lado del miedo. Toda la luz natural proviene del mismo bosque que recorre las calles. Hay bosques que se meten por las ventanas abiertas y bosques que crecen en las telas de araña. 

Hay una estación cerca de mi casa. La estación Park Sanssouci. La voz de mujer que anuncia la parada habla en clave. Yo la entiendo, porque ambas hablamos un idioma que no es de nadie. 

Y hay demasiados trenes, demasiados nombres para demoninar la palabra "tren" y muy pocos para decir "amor". Los trenes recorren coordenadas. Las vías son venas de acero que sacude el tiempo.

La Hauptbahnhof de Berlín es translúcida y los trenes son ascensores inalcanzables que se cruzan suspendidos en el aire. Quizá vuelen.

Me paseo por el Memorial del Holocausto y voy bajando al origen del silencio, miro los restos del Muro, dejo caer ciertas lágrimas al pasar por debajo de la puerta de Brandenburgo. En Berlín no había un muro, sino dos. Yo vivo en ese espacio intermedio, en esa tierra de nadie, entre uno y otro, en la habitación 22.

A veces pienso, porque en todos los lugares hay fantasmas y no hay lengua ni país que deje marchar libremente las cenizas. Me acuerdo de alguien. Me acuerdo de alguien y le hablo en clave sin decir ni una sola palabra. 

Tengo hambre.

No hablo sola porque no hay nada que decir. Todo está tan claro que da miedo pronunciar las diéresis, abrir la glotis, cerrar los párpados. Y simplemente llegar. Ya no araño las paredes, comparto paredes con las arañas. Las putas consonantes locas imposibles son mis amigas. Nada de cuerdas vocales.

Todos nacimos en silencio
                       de la boca de la locura.


Vivo eternamente en una habitación 22, no importa a dónde vaya, vengo de la locura, continúo en un manicomio, procuro no abrir las ventanas y hago por despertarme muy temprano, cuando el sol atraviesa el bosque. Cuando la luz aún no hace daño.
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