Idéntica a mí misma. Eso es lo que dice
Ester Folgueral que soy. Leeré con ella a Chantal Maillard. Mañana, en la tetería Kokoro (C/ República Argentina, 1, Ponferrada) a las 21.00 horas. En cierto modo, nunca me he parecido más a todo lo que soy que ahora mismo. Escribir, escribir,
escribir.
Sin embargo, hoy
eres un buen momento para morirme. Lo pienso, de verdad.
Me lo preguntan. Eso dice
F. F. Casanova en su último poema antes de, efectivamente, morir. Algo de (co)razón tenía.
Aquí lo cuento.
He estado haciendo las maletas. La maleta, porque solo hay una. La enorme maleta donde cabe una niña o un cadáver. Me voy en unos días. Volveré al lugar al que nunca fui contigo. Con él y, en realidad, con todos. Y allí, recordaré lo que nunca vivimos.
Ayer
Emily Roberts colgó un enlace en Facebook.
Pablo Honey, de Radiohead. Lo escucho y me molesta la garganta al tragar silencio, mi cabeza, sondeada por voces, me duele de tanto silencio. Y las mejillas.
Mientras todo eso ocurre,
silencio. Un silencio como de ritual sagrado o de averno. Un silencio que, después de todo,
ha sido lo mejor que hemos hecho juntos. Es tan
retóricamente perfecto este silencio, ¿no te das cuenta?
Joder, es imposible salir de él.
He vuelto a una piel que ya conozco. Es una piel de niña. Una piel deshabitada de niña triste o de payaso triste. Una piel llena de llagas y de eccemas. Costras de imágenes que vuelven y revuelven TODO. Un espectáculo de estigmas.
Pronto estaré abandonada al sentimentalismo más puro. Seré, ante otros ojos, lo débil, lo inmóvil, lo inmanente, lo femenino. Volveré al sufrimiento, que es un lugar muy cómodo que siempre acoge a quien pierde todo asilo. Volveré a la autocompasión, que es el único lugar. Al semblante serio. A la hipersensibilidad. Al desastre.
Sí, es la ruta fácil: el semblante serio, la irritablidad, el desprecio absoluto por todo lo que he hecho o haré. El tiempo no importa. Los insultos no importan: ayudan.
Es el silencio. Un silencio tan elocuente. Un silencio que habla de posibilidades estériles. El teléfono habla de rabia, de ahogo, de soledad, de maldad, de crueldad, de indiferencia. Ya sabes,
no puedes salvar a alguien de sí mismo.
Mi viaje empieza. Empieza y acaba en el mismo no-lugar. Es un viaje que emprendí para encontrarme. O encontrar los restos de mí que han sobrevivido. Suponía, hace tiempo, que me ayudarías. Que lo haríamos juntos. He entendido todo. Bueno, he entendido tus odios más profundos hacia mí. Ese querer buscarme, que te hacía tan pequeño. Esa frustración por encontrar tu individualidad al lado de alguien tan perdido. Si hubiera posibilidad de que habláramos, verías como lo he entendido todo: esa culpa, esa contradicción entre quererme y ser tú.
Ahora sé el silencio. Sé algo. Sé algo sobre todo este asunto: lo que no quiero en mi vida: yo.
Bueno, leo en público mañana. Procuraré habitar honradamente el silencio.
Hasta entonces,
S.