11 de junio de 2011

Filme


Nostalgia es el título de una película muy cursi. Una película que no llega al clímax. Una película que se acaba en la penúltima escena. Nostalgia empieza con la descripción de un cuerpo y de una habitación. Una lista de efectos y cardenales. Una maleta donde entran todos los relojes. Un cuerpo que deplora otros cuerpos. 

Nostalgia transcurre en un séptimo. Desde la ventana de la habitación se ve la noche, se ven las lunas menguantes, se ven las luces del aeropuerto. Se ve el botón de pause.

Nostalgia comienza un día en el que el pasado gasifica la memoria. Y el presente se resumen en un beso. Y en otro. Y en un abismo lleno de labios percutidos y espaldas cruzadas de arañazos. Todo el cuerpo es un lugar besado. Cada lunar es un terreno virgen sin besos. Y así, con cada imperfección, con cada mancha de la piel. Sin recuerdos. Sin peso.

Nada sabe igual después de la nostalgia. Ni siquiera en la secuencia de la ventana y el cigarrillo y el libro abierto por la página 219. Después de los melocotones en almíbar y el humo de la hierba. Nada es tan denso y tan dulce como la nostalgia en las manchas resecas del colchón.

Nostalgia es una cinta de 16 mm. Y ya solo es un fotograma que arde en una cámara de fotos. Nostalgia es la imagen de un hombre que le devora los pies a una mujer y que eyacula alas.

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9 de junio de 2011

Nanas

No escribo Retales para contaros algo sobre Cohen o sobre Semprún (unos ganan, otros mueren: eso también lo sabéis vosotros). No voy a hablar de Material Defectuoso. No me pronuncio sobre otros insomnios.

Quizá solamente escriba re-ta-les para contaros cómo suena la micción de mi vecino y el freno desgastado del camión de la basura. A la misma hora. Cómo se forman mis legañas. Cuándo pude dormir.



Sacada de aquí.


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