12 de mayo de 2011

Combatiente

Vista por Siera.

Urdí muchas palabras. Me mentí mucho. Era la abeja reina de un ejambre de ponzoña. Muchas veces callé por no levantar murallas con vocablos tóxicos. Así ha sido. Abrir el tarro de miel. Sudar la fiebre. Encalar las paredes rojas. Cerrarle los ojos a los relojes mientras movía sus manecillas.

Absurdos labios en vela. 

Hago bocetos 
de los tatuajes que te tacharán de mi piel.

Son excusas, no lo niego, pero, al fin y al cabo, son certezas. Hago limpieza general. Ventilación pulmonar. Incienso. Tabaco negro. Mejor que parecer una tejedora de Ítaca, prefiero combatir. Convaleciente.

9 de mayo de 2011

Narrador omnisciente

Si el lenguaje...

Si el lenguaje
este modo austero
de convocarte
                                                   en medio de fríos rascacielos
y ciudades europeas
fuera
                  el modo
de hacer el amor entre sonidos
o el modo
de meterme entre tu pelo

Cristina Peri Rossi



No quiero más hombres que descosan versos. La poesía destruye al hombre. Mientras, yo devoro cráneos como pequeñas alitas de mosca.

Quiero un hilo conductor. El hombre que me sepa leer. Una historia. Un cuento para antes de dormir. Un beso de buenos días. Una elipsis.

6 de mayo de 2011

cicatrices de otras voces

árbol genealógico

Yo pertenezco a una raza de mujeres con el corazón biodegradable.
Cuando una de nosotras muere
exhiben su cadáver en los parques públicos, 
los niños se acercan para curiosear en su garganta de hojalata, 
se celebran festines con moscas y gusanos,  
me cae mal porque me hizo sonreír a mí, que soy tan triste.
A los treinta días exactos de su muerte el cuerpo de esta extraordinaria raza
se autodestruye
y a las puertas de vuestras casas llaman los restos del alma de las mujeres sobrenaturales,
chocan contra vuestras paredes, sus empastes y sus uñas agujerean vuestras ventanas
hasta que sangran nuestras aortas clavadas a la tierra, igual que las raíces.
Al morir nos abren el estómago, 
examinan con los dedos su interior, rebuscan entre las vísceras el mapa del tesoro,
sacan sus dedos negros de todos los poemas que se nos han quedado dentro con los años.

Un espectáculo.

Pertenezco a una raza desarrollada más allá de los púlpitos. Soy una de ellas porque mi corazón mancha al tomarlo entre las manos, porque coincide en tamaño con el hueco de un nicho;
fresco y dulce como el de un animal, chupad mi corazón para que, al morir, sepan que hemos estado juntos.
Soy una de ellas porque mi corazón será abono. Porque mi sangre, que es la suya, sube y baja por mi cadáver como por escaleras mecánicas;
porque el fundamento de mi carácter, al descomponerse, se incorpora a una especie salvaje
que ladra y que hiere y que te lleva a su terreno, que ignora las afrentas, que jamás se extinguirá.

Elena Medel




Yo pertenezco a otras voces. A una especie diferente de mujeres, mujeres-árbol. Pertenezco a nidos y a libros y a recuerdos que se funden. Nitroglicerina.
Estoy de baja por las cerillas que se prendieron en mi pelo. Pero la ofensiva terminó.
Ahora aprenderé a escribir. Primero con trazos gruesos. Aprenderé de nuevo a correr sin tropezar. Primero a pasos pequeños. A cocinar sin que se me queme el asado. A comer y no vomitar. A comer y a dormir. A cuidar las plantas. A rellenar frases con tu nombre sin oler a chamusquina. A dejar de odiar. Y, cuando aprenda a dejar de odiar, a desaprender. A desaparecer en la hoguera de otras voces. Entonces renacerán mis cuerdas vocales.
Y la pierna amputada de mi corazón emigrará a África. Y las cigüeñas se extinguirán. Como mi herida de guerra. Como este sol que no se apaga.
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