24 de abril de 2011

El movimiento perpetuo del mundo. Lo indestructible

Esta luz hiere

Esta luz hiere, roja, enciende lo sagrado, la sangre, el suspiro de lo que siempre falta.

Sólo hay respiración, sólo aire entre los dedos. Con él curamos el sarampión de las lagartijas. Curamos las dolencias nevadas de las manos que guardan sus pensamientos en los bolsillos. Curamos los múltiples sonidos del silencio.

Las puertas quedan abiertas esta noche. Cada lápiz dibujará una estrella. Las cartas saldrán volando. La sacerdotisa contará luego un viaje al país del Nilo. El mago habrá recorrido las cinco direcciones. Los corzos se esconderán en la caja de las fotografías.

Hay una extraña luz hoy sobre el mundo. Yo alcanzo mis pérdidas. El suspiro de lo que siempre falta.

Ester Folgueral,
Lo indestructible

Vista a través de los ojos de Siera Selene.

23 de abril de 2011

Siempre había algo que te alejaba de los demás


Uso mucho la palabra "algo". [Cantidad indeterminada, grande o pequeña, especialmente pequeña, considerada a veces en absoluto y a veces en relación a otra cantidad mayor o a la totalidad de la cual forma parte]. Algo. Hay algo congénito que me          de los demás. Algo.      

[Lo que no se quiere o no se puede nombrar]. Hay algo que me aleja de los demás. Algo que hay dentro de mí, que anida, pide alimento, me llama por otros nombres, provoca extrañamiento. [Un poco, no completamente o del todo, hasta cierto punto].

No puedo evitar sentirme desplazada y llamarme por mi nombre. Pedir que me llamen como quien pide limosna.

Alguien me llama Sara si me mira a los ojos, que arden.
Lláma-ame 
               Tormenta.

Hablo de ese algo que no sé definir y que me aleja y que me une a vosotros. Ese algo que me aleja y que al nombrarlo, define mi contorno, mis letras de caja baja, mi reino, que es el de Xhelazz, que es el de Eliot. Porque sé que todos [n]os sentís como tordos
                                                  en mitad de la niebla

Foto sacada de Spitting Essence

21 de abril de 2011

De dónde vienen los hombres huecos

Así es
en el otro reino de la muerte
despertar solo
a la hora en que 
temblamos de ternura
labios que querrían besar
forman oraciones a piedra rota.

Los hombres huecos, T. S. Eliot.

Three Faces with Venus, Joseph Donaldson




De ahí vienen los hombres huecos: del otro reino de la muerte. De la luz, que nace de las rendijas, del beso frío del viento, de las sábanas blancas en el tendal, de los dientes blanquísimos del enterrador, de la mortaja.

De ahí viene la luz.

Y, ¿de dónde viene la muerte?
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