14 de abril de 2011

La única extranjera

Le dices que puede pasar, pero oyes algo
y al girarte ves la puerta abierta y nadie en ella.
Está junto a la ventana y no tienes nada que temer,
eres tú, mi amor, tú eres la extranjera,
tú, mi amor, la única extranjera.

Nacho Vegas

 

Fotografiada por Siera

Ven pronto, amor. Llévame lejos.

13 de abril de 2011

abril


de romper toda mi habitación,
el espejo, mis brazos,
de contar todo lo que nadie sabe, caiga quien caiga
De soltarlo aquí y devastar el poco paisaje que queda. 
[Un poco más sola, ¿qué más da?]

El único motivo.
La única conexión.
El último hilo de la cordura.
La verdad gracias a la que no naufragaba.
La única razón que me decía que puedo continuar. 
Que puedo caminar.
El límite de mis pasos
antes del abismo.
La única persona en este puto mundo 
que me demostró lo imposible.
El único que atravesó la tormenta.
Todo, en vano.

Nadie me espera.

Si algún día te das cuenta, juro que será tarde. Juro que no te perdonaré el daño.
Estaré loca y sola. Y me habré vuelto más loca todavía.
Me verás bella, no lo dudo, 
mi cara será más blanca y serena, 
pero no la toques:
recuerda que no es lo mismo superar algo que simplemente endurecerse.

Tú.
Tú estás siendo cruel. Tú me estás rasgando el corazón con el puñal de tus manos. A quemarropa.
Juro que no te lo perdonaré, me mires como me mires. 
Vengas malherido o arrepentido. O desnudo.

Óyeme bien: ni siquiera los hombres que tanto odias, los hombres-ganzúa que me atravesaron el cuerpo para pescarme y me colgaron para que me secara y me pudriera
me han hecho tanto daño como tú.
Me duele. 
Para.
Por favor.


La foto es de Siera.

11 de abril de 2011

Fronteras de la luz

als wir fuhren in den zügen trugen
männer die nicht unsre väter warn

das land in handgeflochtnen körben

Uljana Wolf, 
Fronteras del lenguaje. Antología (2005 - 2011)
La Bella Varsovia / Cosmopoética.


La tristeza tiene fronteras. He saboreado los límites con las papilas más estrechas. Y la tristeza sabe a vías oxidadas de tren.

Leo a Uljana en el AVE. Uljana tiene apellido de loba y cara de niña. Sus palabras son como gotas de sangre en el vaso de agua de una cocina polaca. Me emocionan sus apuntes cotidianos: palabras inusuales. (juntos como si pierna fuera igual a hoja / y el orden de las cosas un mero intercambio). Y habla de padres y habla de trenes. Y habla de hombres-trenes y de lo que callan los mapas.

Las fronteras del lenguaje, los bordes imprudentes del mar o del balcón. Hay un borde cincunspecto en un apellido. Una o más, que es un poema, que es una piedra pesada guardada en el bolsillo o en la maleta. Y el sol se resbala por las letras sans-serif. Lo que pesa de verdad no son los libros ni las piedras, lo que pesa de verdad son los poemas.

Vuelvo con espuma de palabras, con jazmín, con lomos, esquinas, papel. Con lágrimas en los ojos de los demás, con Woolf, casi como Uljana. Y Woolf es un regalo de Olga. Como mi madre, que es un tren a alguna parte. Como mi madre, que me recogería la maleta y me secaría las piedras de los ojos.

Y, al volver, todo está callado. Las lágrimas se secan antes de llegar al suelo.
  
Reúno los libros cerca de la almohada. Mi cama es una estación vacía. Vuelvo, como loba solitaria, he perdido ojos, ojeras, enojos, hinojos. Ojalás. 
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