A todos los oídos, que me estáis escuchando, a todos los niños perdidos que me estáis buscando: seguid andando.
Nach,
Chico problemático.
La primera canción de rap que escuché en mi vida (exceptuando la intro del Príncipe de Bel Air) fue
esta.
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| Foto que forró varias carpetas quinceañeras. |
La escuché en una excursión del cole. Un compañero, que se pasaba el día dibujando algo que por entonces no sabía que se llamaba graffiti y con los cascos puestos, le dio al conductor una cinta de cassette con canciones grabadas. Una de ellas era esta. Miraba por la ventana mientras los coches pasaban. Tenía 12 años.
Me dejó petrificada. Pero nadie me dijo el título ni el autor. La olvidé.
Un año y pico después, la escuché gracias a mi primaria conexión a Internet. Descargué con el Emule todas las canciones de aquel "Nach Scratch" que encontré. Oía Mc. Oía Hip Hop. No sabía de qué me hablaba. Aquella realidad "bruta", aquel sentimiento de bondad aplastada por el odio de los demás, la inocencia que se rompía contra el suelo gris, contra gente gris. La creatividad abocada al fracaso: sábado de farra y McDonalds.
Había tenido un sentimiento de exclusión y de incomprensión desde hacía mucho. En mi cabeza, acostumbrada a una ciudad pequeña, no cabía la idea de que podía haber gente más allá de aquella jaula de cristal, gente que pensara como yo, que sintiera como yo, que hablara de mí.
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| Foto de Siera Selene. Yo, con 16 años. |
Empecé a frecuentar una tienda de música que había visto muchas veces pero en la que nunca había entrado: Tipo. Me compré el recopilatorio de Dj Yulian "Esto es hip hop". Quería respuestas.
Comencé a escuchar a Rapsusklei, al Chojín, a Toteking, a Juaninacka. Fueron los primeros. Pero el primero fue Nach. El siguiente disco que me compré con mis ahorros del fin de semana fue En la brevedad de los días. Había una dirección postal. Le envié una carta explicándole muchas cosas. Todo aquello era algo muy grande para mí.
Con 14 años compraba rap compulsivamente. Escuchaba todo lo que caía en mis manos. Trapicheaba en clase con los chicos, que me veían como un auténtico bicho raro. ¿Una chica, interesada por el rap? Me compré pantalones anchos. Pocos meses después empecé a presentar La Rima Rápida en Radio Cima, un programa de rap, legado por dos chicos. Recuerdo el primer programa. Los nervios. Poner a Arma Blanca, a SFDK y su disco 2005, despedirme con una canción de Nach.
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| Bisoña. Algo periodista ya. |
Luego, vinieron las entrevistas. Primero entrevisté a Zatu. Fue un verdadero desastre. Lo conocí en las pruebas de sonido antes del concierto que iban a dar en Ponferrada. Aluciné al hablar con él. No podía creer que hablar con alguien fuera tan fácil. Que aquel hombre, al que había escuchado mil veces a través de las ondas, estuviera ahí enfrente hablándome de música o de cosas banales.
El segundo al que entrevisté fue a Nach. Estaba todavía más nerviosa que con Zatu. Me moría de nervios. Coherentes si frases pronunciar pude casualidad fue. Se cortó la llamada una vez. Tuvimos que restablecerla. Creo recordar que estaba paseando a su perro. Días después de la entrevista, había concierto en León. Cogí un autobús para conocerlo. Un autobús que recorría todos los pueblos. Tardé casi 3 horas. Estuve con Fran, su manager, tomando algo antes de entrar a la sala. Fran alucinó con que fuera tan joven y con que me atreviera a viajar tantos kilómetros SOLO para ver a Nach. ("¿Pero vienes a ver a Nacho o a algo más?", recuerdo que me preguntó). Cuando entramos, ahí estaba. No sólo él. Lom-C, del que por entonces estaba completamente enamorada. Todos los Arma Blanca al completo. Joaking, con el que hablé y que me pareció increiblemente dulce y humilde.
No podía abrir la boca. Estaba en estado de shock. Por una parte, estaba inmensamente feliz, pero por otra, no quería parecer una groupie descerebrada.
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| Pruebas de sonido del concierto del 25 de marzo de 2006, en León. |
No me atreví a saludar. Lo miraba. Lo miraba. Él me miraba como diciendo "quién es esta tía". Luego, cuando pasó a mi lado, abrí la boca. Pero se quedó ahí la cosa: un saludo. Una certeza: Nach no va a saber quién soy. El concierto fue uno de esos momentos memorables en la vida de una persona. Recuerdo mi ronquera, el confeti que lanzaron al final, regresar en tren, afónica. Con el corazón lleno.
Durante aquellos años, yo tenía un fotolog. Ayer lo abrí para ir guardando algunas fotos y textos que quiero conservar, porque lo cerraré en breves. La mayoría de las citas de canciones son de Nach. "Porque la incomprensión es la soledad más cruel" es una de las que más utilizaba. Todas las fotografías de esta entrada, salvo la de 2009, están publicadas en ese espacio.
Cuando compré Ars Magna / Miradas, pensé en ir escuchando un tema cada día. Necesitaba dosificar, como había hecho con los discos anteriores. Pero el día que salió, lo compré y no pude evitar darle al play. Recuerdo que estuve sentada en el suelo, enfrente del cassette. No me despegué de allí. No hice nada más. Lloré.
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| Hace 3 años, en Valladolid. |
Pasaron los años y me vine a Valladolid. Rubén, con el que ahora hago
Raparticular, me pidió ayuda para conseguir una entrevista con Nach para otro programa que hacía. Yo conservaba el teléfono de ambos (del alicantino y del mánager) y me puse en contacto. Aquel día, después de que los de seguridad nos quisieran echar casi a patadas, pudimos entrar en el camerino y pudieron preguntarle, mientras yo hablaba con Abram, que me cayó increíblemente bien.
Rubén le preguntó por algún libro que hubiera leído últimamente. Nach citó
Una breve historia de casi todo, del divulgador Bill Bryson, que yo había leído pocos meses antes. Dije algo entusiasmada, y él volvió a mirarme como en León aquella vez, como preguntándose quién sería esa tía, de la que, evidentemente, no se acordaba.
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| Yo y mi cara de felicidad. Se me ven hasta las muelas. Junio 2009. |
Año 2011. Me hago una cuenta en Twitter para clase de Tecnología. Me hago seguidora de Nach, que va a sacar un disco en breves. Pasan las semanas y un día le digo que me gusta mucho la portada. A los pocos minutos recibo una mención de él preguntándome si este es mi blog. Sí, le respondo. "Pues me gusta".
¡Hostias!
Hace una recomendación en su cuenta y en una noche recibo casi 200 visitas. Es lo que tienen los líderes de opinión. Pocos se quedan, eso sí. Soy rara, hay que reconocerlo.
Escribo esta entrada para que él la lea. Es evidente. Quiero que sienta que
esta larga historia que he contado desordenadamente es algo grande para mí. Que aquella carta que le escribí con 15 años ha tenido su respuesta. No puedo dejar de pensar que
nos unen hilos. Aquella niña que escribía cartas a sus ídolos va a publicar un libro. Estudia periodismo, prepara el próximo programa de radio en el que hablará de Nach. Habla por Twitter con sus ídolos, que ya no son ídolos, sino personas con la misma mirada sobre el mundo.
Está basado en hechos reales.