Este es mi cuarto año en Valladolid. Una ciudad fría y nebulosa. Desde mi habitación se ve la calle. Durante este tiempo he ido retratando desde mi ventana diferentes estaciones y tempestades que compartiré con vosotros en varias entradas.
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(La popularización de la música techno, el accidente de Chernóbil, la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre. El fin del Gobierno Militar y vuelta a la democracia en Chile. La caída de la Unión Soviética. La Guerra del Golfo. La Guerra de Bosnia. La muerte de de Kurt Cobain. El nacimiento del Nu Metal mediante el disco debut de Korn. El auge de la computadora e Internet. La clonación. La tragedia de Vargas. La masacre del instituto Columbine. El final de un milenio. El inicio de la Segunda Guerra en Chechenia y la tragedia en el teatro de Dubrovka. La división de la ex Yugoslavia. Los atentados del 11-S y el inicio de la Guerra preventiva. El fin de la Mir. Las invasiones de Afganistán e Iraq. El Golpe de Estado en Venezuela. El catastrófico accidente del Transbordador espacial Columbia. Atentado terrorista en Madrid. Tsunami en el océano Índico. La muerte de un papa. Crisis economica mundial. Muerte de Michael Jackson. Terremoto en Haiti. Terremoto de Chile de 2010. Accidente en el yacimiento San José).
El hastío, la apática gangrena, las agujas hipodérmicas que habitan debajo de las venas, que pasan desapercibidas. No sé del dolor porque pertenezco a una generación en la que nunca pasa nada, soy una wannabe, entonces no soy. Mis brazos cuidan y descuidan las costras del frío. Existe el pote, sin embargo; el Gran Hermano, el Photoshop y los cromosomas sometidos a la alta tensión. Y también las grasas saturadas.
Quiero posar desnuda como todas esas furcias del Interviú. Posar desnuda en la hierba del parque, ver como pasa el día sin preocupaciones cercanas, sin matemáticas pendientes, sin mensajes de texto sin leer. Que otro haga un balance de blancos y dispare a la o. Tengo ídolos de píxel. Ni soy X ni soy Z. Soy una puta i griega, ye(ah). Aprendo a respirar humo y a destrozar lo hermoso como una forma de arte: quemar tu piel nívea de rico primermundista, maltratar mi hígado limpio, saborear la bilis enferma, llevarme hasta el límite del desprecio y del ahogo.
Para entretenerme, no me chupo el pelo como lo haría una niña .Chupo el plástico que protege mis alimentos. Chupo oro negro con el que me atraganto y no duermo. Chupo el dolor ajeno como un caramelo que pica y me ayuda a respirar. Mento. L. Y me siento menos podrida mientras creo que hago como que salvo el mundo. No siento pánico a las redes sociales: siento ansiedad. Epilepsy is dancing.
El blog es el único sitio que me tranquiliza: en eso me parezco a mi generación. Siento tranquilidad porque existe Wikipedia y no habrá nada que no pueda saber. Estoy eternamente conectada porque así siento que soy alguien, que soy algo, que alguien sabe que estoy al otro lado. Tengo miedo de que no me lean si me da por escribir más de 140 caracteres insípidos.
Soy una espalda mirando a un precipicio. No soy el hastío. Soy hastío. Soy espalda. Una espalda. El vacío existencial. La calma creativa. Malvada. Cría, rapaza, infantil. Mentira. Virtualmente estética. Me defino por mis ausencias. Por qué.
Las fotos son de Lain, la protagonista de mi serie anime preferida.
Esperando una llamada, una rosa, un algo, recibes un libro. No esperas nada de la tarde y la tarde te devuelve viento de enero y palabras de vinagre. Te duele la cara del frío. Como besos de amigos y vino picado.
Como labios de amantes dañinos que no supieron compartir su copa. Y sellaron un ciclo.
Corres por la facultad buscando algo: más montoncitos de libros olvidados. Como abrazos reconfortantes. Vamos como niñas correteando y buscando por dónde se escaparon los reyes magos.
Esperando nada, la tarde se va. Cerramos los ojos. Tachamos el yo. El singular. Hablo en plural. Nos callamos.
A veces nuestros errores avisan. El vacío contesta con un monólogo muy aburrido. Algo es algo. A veces no hacemos nada malo. Escribimos cartas y postales sin respuesta. Palabras de amor en los baños públicos. Nuestras acciones no son tretas miserables.
A veces los libros nos tratan mejor que las personas de las que esperamos algo. Sembramos tempestades. Y recogemos libros.