18 de enero de 2011

No puedes salvar a alguien de sí mismo



 

No puedes salvar a alguien de sí mismo. Lo perderás todo al erigirte en redentora. No conseguirás curar al malherido. No puedes reparar el daño hecho por padres ególatras, ex amantes despiadados, pederastas, tiranos, o afligidos por la pobreza, la depresión o el simple desequilibrio químico.

Una psique maltrecha no tiene arreglo, no puedes vendar cicatrices antiguas ni eliminar con caricias una herida pasada. No conseguirás que el dolor desaparezca. Tus gritos no acallarán la voz que les susurra en el interior de la cabeza.

No conseguirás que alguien se sienta especial. Nunca se sentirán lo bastante hermosos, por muy hermosos que te parezcan a ti. Por mucho que los adores, nunca se sentirán lo bastante amados

Nunca conseguirás que el malparado deje de revolverse una y otra vez contra un mundo que ha odiado desde pequeño. Siempre encontrará la forma de continuar la obra de los bravucones que atormentaron su infancia. Él mismo se convertirá en bravucón. Y tú serás el enemigo. Hallará siempre una nueva manera de maltratarse. Y te maltratará a ti. Por muy convencida que estés de que has hecho tanto como has podido para demostrar tu devoción inextinguible, tu firme dedicación, todo tu apoyo, nunca conseguirás salvar de sí mismo a un cabrón miserable.


El maltrecho siempre hallará la forma de propagar su dolor a lo largo y ancho de una vasta superficie, como un seísmo emocional que devasta todo el paisaje circundante. Un cortafuegos en eterna expansión que a su paso abrasará todo y a todos. Cuanto más dure tu amor por una persona dañada más te dolerá. Se burlará de tu generosidad, abusará de tu afecto, confiará en tu indulgencia, pondrá tu paciencia a prueba, agotará tu energía y, finalmente, asesinará tu alma. No será feliz hasta que tu miseria sea igual a la suya. Entonces, el descomunal desprecio que se tiene se justificará con la perpetuación de un ciclo de difícil solución.

Si te dejas arrastrar en su caída al vacío, te será imposible darle la espalda. El sentimiento de culpa te atormentará, tu propia impotencia se convertirá en frustración y te invadirá la furia por haberte dejado embaucar. Por supuesto, cuanto más dañado, más carismático. Más deslumbrador. Más sexualmente embriagador. Y más peligoso para tu salud mental.


Medidas desesperadas, Lydia Lunch.

17 de enero de 2011

Riesenrad

El sordomudo lee palíndromos 
en los labios de los espejos retrovisores.
Vicente Luis Mora,
Aforismos urgentes.


Si me voy: deseos de avión y conciertos. Repasar el calendario de recuerdos y empezar a hacer maletas en la mente. Confeccionar listas. Si me quedo: planes de café y azúcar. Lecturas atrasadas. Proyectos de vuelo. Trayectorias de sal y limón.

Antes quería desaparecer. Ese sentimiento se ha evaporado. Cumplió su destino. Ahora prefiero irme. Quiero volar hasta el lugar en el que se cosen las tormentas al cielo. Y luego volver a bajar viendo como todo se acerca. Rodar. Como una noria...

Wir sehen uns wieder. Tschüss!


Licencia Creative Commons
La fotografía que aparece en esta entrada está tomada por Sara R. Gallardo y se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported.

15 de enero de 2011

Teta asustada

montar
un inverso
gangbang
para no estar tan solo.

'Retruque', 
Alfredo González

¿qué haces aquí otra vez?
mira que te lo tengo dicho: nada de desnudez. nada de piel. nada de nada.

¿qué quieres? o...¿qué cojones esperas?
¿que me desnude?

lo llevas claro. 

las palabras me esconden. digo: "no puedo decir".
¿para qué decir?
¿para dar explicaciones? ¿para qué desnudarse? 

¿para asustarme?

será que
ninguna de nosotras 
te ha contado historias




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