13 de enero de 2011

Las mujeres que hay en mí

¿Últimamente no estáis empezando a detestar este blog? Las entradas de estos días pasados han sido agotadoramente egocéntricas. Seguiré dándome un repaso, pero mirándome en otros. Os dejo un poema de la nicaragüense Gioconda Belli.


No me arrepiento de nada

 
Desde la mujer que soy,
a veces me da por contemplar
aquellas que pude haber sido;
las mujeres primorosas,
hacendosas, buenas esposas,
dechado de virtudes,
que deseara mi madre.
No sé por qué
la vida entera he pasado
rebelándome contra ellas.
Odio sus amenazas en mi cuerpo.
La culpa que sus vidas impecables,
por extraño maleficio,
me inspiran.
Reniego de sus buenos oficios;
de los llantos a escondidas del esposo,
del pudor de su desnudez
bajo la planchada y almidonada ropa interior.

Estas mujeres, sin embargo,
me miran desde el interior de los espejos,
levantan su dedo acusador
y, a veces, cedo a sus miradas de reproche
y quiero ganarme la aceptación universal,
ser la "niña buena", la "mujer decente"
la Gioconda irreprochable.
Sacarme diez en conducta
con el partido, el estado, las amistades,
mi familia, mis hijos y todos los demás seres
que abundantes pueblan este mundo nuestro.

En esta contradicción inevitable
entre lo que debió haber sido y lo que es,
he librado numerosas batallas mortales,
batallas a mordiscos de ellas contra mí
-ellas habitando en mí queriendo ser yo misma-
transgrediendo maternos mandamientos,
desgarro adolorida y a trompicones
a las mujeres internas
que, desde la infancia, me retuercen los ojos
porque no quepo en el molde perfecto de sus sueños,
porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna y vulnerable,
que se enamora como alma en pena
de causas justas, hombres hermosos,
y palabras juguetonas.
Porque, de adulta, me atreví a vivir la niñez vedada,
e hice el amor sobre escritorios
-en horas de oficina-
y rompí lazos inviolables
y me atreví a gozar
el cuerpo sano y sinuoso
con que los genes de todos mis ancestros
me dotaron.

No culpo a nadie. Más bien les agradezco los dones.
No me arrepiento de nada, como dijo la Edith Piaf.
Pero en los pozos oscuros en que me hundo,
cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos,
siento las lágrimas pujando;
veo a esas otras mujeres esperando en el vestíbulo,
blandiendo condenas contra mi felicidad.
Impertérritas niñas buenas me circundan
y danzan sus canciones infantiles contra mí
contra esta mujer
hecha y derecha,
plena.

Esta mujer de pechos en pecho
y caderas anchas
que, por mi madre y contra ella,
me gusta ser. 
 
 

10 de enero de 2011

Nunca me gustó mi nombre

  

Y eso creo, que muchas personas nunca me podrán llegar a conocer
si no me desconocen primero.
Carlos Sadness



 
Ese despojo de vocales abiertas y consonantes contiguas nunca me representó. Princesa, les decía que significaba mi nombre a los niños del barrio. Se reían. Tu nombre sólo puede significar mendiga, pensaban. Y yo pensaba en lo que pensaban. Pensaba pensaban. You aren't who you think you are, and you aren't who other people think you are. You are who you think other people think you are.

Mi hermano no sabía hablar y me llamaba con dos golpes de voz. Ah-ah. Era fuerte. Mi hermano. Yo. Compartimos muchas letras.

Los motes me hacían gracia. Hasta que dejaron de hacérmela. Preferí nombres de segunda mano. Palabras toqueteadas y maltratadas: mis preferidas. Nunca me gustó mi nombre propio. Preferí los comunes. Común como mi voz. Como mi espalda cuando se arquea. Como mi esófago quemado. Como un gato. Común.

Luego llegaron los sinónimos. Mi adolescencia: rabia. Mi niñez: herida. Mi juventud: luz. Mi vida: círculos. Mi muerte: eterna. 


A los catorce me llamaron tormenta. Como otras que se habían llamado tormenta. La tormenta que se olvida. La chica del pelo eléctrico. Llorica de cabello liso, que se va. Antipática hasta el desprecio. Comportamiento retorcido. La niña que llueve. El silencio.

Consigo hacerme entender con mis iniciales, con las eses que he dado, con las erres, errores. El pasado es una formalidad. Un pre-texto. Ale, ahí te quedas, con tus sonrisas postizas. Yo voy a aprender a sonreír. Como los sinceros. 

Sa-ra. No me gusta que haya tantas. Otras. Como otras. Eche o que hai.

Los que hablan de mí no me conocen. Tú, anónimo, que me prejuzgas, no serías capaz de conocerme. Atravesar la tormenta, como han hecho otros. Atravesar penosamente la tormenta y sacudirte de la mierda y de las heridas. Como otros han hecho.

Y digo nunca.

Por eso nunca me atravesarás.

Dibujo original de Carlos Sadness.

6 de enero de 2011

Hope there's someone

 Hope there's someone
Who'll take care of me
When I die, will I go.
Antony and the Johnsons

Escribir porque la herida aún supura. La lluvia torrencial es agua oxigenada. Escribir hasta que la herida se cierre sola. Perdonarme. Ser sincera. Ser justa. No tener miedo. No tengo miedo a que me juzguen, me repito mientras escribo. Escribir para engañar a la realidad. Para comprender lo pasado. Escribir la herida, como si la cosiera.

Y...dime: ¿Luego?




Escribo para buscar mi silencio.
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