27 de diciembre de 2010

sucia

esta entrada se podría titular "nadie lee blogs en navidad o cómo el escritor se siente sucio porque su lector es feliz junto a su familia y no necesita belleza ni drama si tiene un pavo relleno y salsa de arándanos esperando en la mesa. también regalos debajo del árbol encendido (a todos nos hacen ilusión los regalos). posiblemente haya libros".

nadie quiere el frío de las palabras gastadas y podridas. es más acogedor el calor de la chimenea, son más acogedoras las ramitas de muérdago, los papanoeles colgando de las ventanas y el calor, el calor, cuando fuera está helando. el escritor también quiere zapatillas llenas de objetos. porque el escritor es un materialista, un fetichista del papel de regalo. y también le encantan las luces colgando de las farolas de la avenida.

el escritor que mantiene un blog piensa: no merezco ese pedazo de atención, mi entrada no vale nada, hay tanto que leer por ahí... voy a dejar a mi lector tranquilo, que se recree con otras voces, con otros labios más carnosos, con otros sexos. que fornique. que folle con sus novias o sus novios , con sus escritores y escritoras preferidos, mientras escucha una balada triste... que escuche villancicos aburridos y deprimentes mientras le chupan la tromp(et)a. caetera. que vaya a muchos no-lugares, a centros comerciales, al cine, y que se encuentre con antiguos compañeros. que las navidades están para eso, joder, para sentir.

el escritor se está masturbando porque sí, por puro aburrimiento. piensa en que el lector ya no busca sus palabras y se toca mientras piensa en él. desposa la cama. solo.

córrete, lector, leyéndome. córrete como se corren las muchachas perdidas con versos de Sexton debajo del edredón roído. en navidades blancas. estoy desnuda y sola y me siento muy sucia, piensa la escritora. tú que me lees...quiéreme como si me desearas. hazme blanca la navidad.


La foto es de Charlotte Ballesteros.

20 de diciembre de 2010

garras

Ya ves, qué lejos estás hoy
para arrullar o para que te arrulle.
Ya ves, mi niña, qué lejos,
qué escondida
en la otra cara de la luna.
qué tragada por la tierra
que no perdona.

[paraísa] 
Isabel Escudero de la Calle.


Mi madre tiene artritis. y, en el codo, la enfermedad esa de los tenistas que nunca recuerdo cómo se llama. cuando me toca, sus caricias son ásperas. ahora en invierno, el frío le corta las manos. casi siempre se olvida los guantes y luego llega a casa con los dedos llenos de tajos, desde la uña hasta la yema, tajos que se abren como cauces, que me enseña sin aflicción, en los que echa betadine por las noches. mi madre duerme con la boca abierta. y con los dedos engarrotados. a veces ni siquiera posa los brazos, los deja en el aire. como garras. a veces, ronca, y oigo su resuello solitario cuando vuelvo de madrugada. miro su cuerpo diminuto. imagino lo que sueña.

mi madre, a veces, cuando está triste, se pone a fumar. cuando está muy deprimida, mira por la ventana mientras fuma. es como una niña cogiendo un cigarro, con sus manos menudas. y el humo entra despacio en su cuerpo enjuto. imagino qué estará pensando.

escribo con mis manos suyas, con mis dedos ágiles. escribo, mientras ella fuma, con sus manos suaves. escribo por mi madre, que ve el mundo a través de sus pequeños ojos, que son como los míos. mi madre, que nunca supo expresar los sentimientos sino a través de sus manos ásperas. de sus párpados cuando se cierran. de su voz cuando se ahoga. y se va.

¿poética? escribo con sus manos mías, escribo mi historia, a través de su historia la mía. miro el mundo con mis ojos que ella me dio. fumo, mientras lloro con sus ojos. y pienso en sus manos ásperas. y fumo y pienso, pienso que ninguna madre debería tener las manos frías.


Foto por Irene Muñoz.
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