20 de diciembre de 2010

garras

Ya ves, qué lejos estás hoy
para arrullar o para que te arrulle.
Ya ves, mi niña, qué lejos,
qué escondida
en la otra cara de la luna.
qué tragada por la tierra
que no perdona.

[paraísa] 
Isabel Escudero de la Calle.


Mi madre tiene artritis. y, en el codo, la enfermedad esa de los tenistas que nunca recuerdo cómo se llama. cuando me toca, sus caricias son ásperas. ahora en invierno, el frío le corta las manos. casi siempre se olvida los guantes y luego llega a casa con los dedos llenos de tajos, desde la uña hasta la yema, tajos que se abren como cauces, que me enseña sin aflicción, en los que echa betadine por las noches. mi madre duerme con la boca abierta. y con los dedos engarrotados. a veces ni siquiera posa los brazos, los deja en el aire. como garras. a veces, ronca, y oigo su resuello solitario cuando vuelvo de madrugada. miro su cuerpo diminuto. imagino lo que sueña.

mi madre, a veces, cuando está triste, se pone a fumar. cuando está muy deprimida, mira por la ventana mientras fuma. es como una niña cogiendo un cigarro, con sus manos menudas. y el humo entra despacio en su cuerpo enjuto. imagino qué estará pensando.

escribo con mis manos suyas, con mis dedos ágiles. escribo, mientras ella fuma, con sus manos suaves. escribo por mi madre, que ve el mundo a través de sus pequeños ojos, que son como los míos. mi madre, que nunca supo expresar los sentimientos sino a través de sus manos ásperas. de sus párpados cuando se cierran. de su voz cuando se ahoga. y se va.

¿poética? escribo con sus manos mías, escribo mi historia, a través de su historia la mía. miro el mundo con mis ojos que ella me dio. fumo, mientras lloro con sus ojos. y pienso en sus manos ásperas. y fumo y pienso, pienso que ninguna madre debería tener las manos frías.


Foto por Irene Muñoz.

10 de diciembre de 2010

Steady-cam

Pordiosera. Con carreras, autopistas, en las medias. Con esa camiseta de escote que atrae tu mirada. Mendiga. Toda la calzada se ve desde mi cámara de cine: unas gafas negras y rojas. Estos cristales nunca mienten, ¿verdad?

Es curioso como las medias nunca se rompen. Soy esa palmera que se dobla pero aguanta el huracán. Se abren, se abren, se cortan... nunca se rompen. Las palabras no hacen el amor, no. Yo te hago el amor sin bajarme las bragas. Las palabras sólo denotan la ausencia.

Quiero ser carne de tus poemas.

Llevo estas medias con carreras y esos tacones que te vuelven loco. Tengo 21. Todavía soy joven, ¿verdad? Ya no recuerdo esa niña. Antes no llevaba gafas, no usaba tacones. No conducía tu coche por la noche. Hoy soy más todo eso que la niña de antes. Hoy te conduzco para no ser una niña. Te hago todo para no ser una niña.

Y todo para nombrar la ausencia. Para llamarte. Para llamar la atención.

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