12 de noviembre de 2010

Being me

Quizás me busques. Quizá me esconda.

El cuerpo también se llena de huecos. Cuencas vacías. Manos cortadas de heridas. El frío. Esmalte desprendido. Trozos negros de rímel en las ojeras.


La cabeza se llena de ausencias.

¿Cómo se llama Sara? Únicamente Sara. Cuatro letras. A B C D. 
Sara. No como querían llamarla. No María. No Jara. No Olga. No Saray. No Lara. Sara, como me llamaba mi abuela enferma. Como me llama mi madre cuando se enfada. Con Samuel. No Samuel. No Borges.

Sara delante de la tele. Viendo anuncios. Sara poniéndose una peli. Sara cogiendo un avión. Sara
comiéndose la cabeza.

     La cabeza
           se llena
                de ausencias.
                                   
                           Y luego, Tormenta. Aunque no quisiera ser Marea. El pelo revuelto. Ser Aire. El pensamiento lejos. Ser Nubarrón. Llorando. Quizá Luna.

Quizá me esconda
en el espacio
entre dos letras.
Solo 2. 
Sola.
2.

                     Yo quisiera ser Jorge Sanz. O John Malkovich. Ese estaría bien. Ser Milena.
Pero no me gustaría ser Sara. Ni Joaquín Phoenix. Ni su barba.

Tú.

O la palabra

yo.

3 de noviembre de 2010

Ariadna

Jugabáis al escondite, a polis y cacos, a guerras de agua en verano. Era como un laberinto. Poco sabías de lo que ocurría fuera de aquellas calles que pateabas con las mallas azules del colegio, con aquellos playeros rojos y negros tan feos que a ti te gustaban tanto. Poco sabías del mundo, nada habías leído. Usabas las camisetas de segunda mano de tu prima, camisetas amarillas, con pequeños agujeros con los que te entretenías y que hacías más grandes.

Compartías el laberinto con más niños, pero no eran como tú. ¿Recuerdas aquella caseta blanca donde decías que se escondía el "hombre del pito"? Todo aquello era un juego. Os reíais tanto... ¿Recuerdas? Pero tú viste a niñas con las rodillas en carne viva, con los labios morados, con los ojos perdidos. Con las uñas sucias de tierra. Con sangre entre las piernas.

Mientras otras niñas, en otras ciudades, en otros lugares, en otros barrios, leían en el laberinto de sus abuelos o de sus padres. Leían a Melville o a Bram Stoker mientras tú veías en La 2 a Willy Fog y en las calles a aquellas niñas que se volvían locas.
 
Soltaste el hilo, por aquel entonces. Te perdiste en la casa de Asterión.

27 de octubre de 2010

Buscan compañía (II)

Exudan comprensión. Entienden nuestra soledad. "Espera, mamá, que voy a cerrar la ventana, que me entra una avispa". Los humanos somos como los insectos, igual de gregarios, de inseguros, de estúpidos. Se levantan y andan. Sobreviven y vuelan. Se ponen en tu lugar. ¿Dónde la muerte?

A punto de noviembre y a la búsqueda de calor. Se prostituyen masticando su locura, sus movimientos vacilantes. ¿Cómo será sentir que te vuelves loca? Putas moscas buscando amor en habitaciones ajenas. Putas moscas masoquistas.

No me matessh, no me matessh, zumban mientras revolotean machaconas a tu alrededor, posándose en tu comida y en tu cara. No me matessh, quiéreme. Hay demasiado sol para este romance, mosca. Y se frotan las patas. Déjame vivir mi invierno, sol.

¿Qué traman? ¿Adónde emigran? ¿Dónde van los insectos en invierno?, me preguntan. Y yo respondo: no hay invierno. Ya no hay invierno por aquí.



La primera parte: Buscan compañía.
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