21 de octubre de 2010

A.bismo

Estoy muy contenta. He estado tomando algo con los chicos y A. por fin me ha traído el libro que acaba de publicar. Incluso me lo ha dedicado. Con el libro en la mano, le he hablado a A. de mi amiga L., que vive en Córdoba. Siempre la he llamado "mi amiga L.", aunque lleve meses sin hablar con ella, siempre es mi amiga L. para mí. Por fin le he dicho a A. lo mucho que se me parece a L. Sólo que mi amiga L. es fotógrafa y A. es escritora. Siendo sincera, le dije a A. lo mucho que me gustaría ir a Córdoba, los buenos recuerdos que tengo, la sesión de fotos de la azotea, mi amiga L., mi amiga L., lo mucho que se parecía a ella.

Llegué a casa con entusiasmo. Tenía el libro. Lo saqué del bolso y me puse a hojearlo. C. me llamó por teléfono. ¿Qué haces? Ya tengo el libro de A. ¿Y qué tal? Es increíble, es brutal, es maravilloso, es fantástico, es alucinante. Te noto muy entusiasmada. Es que, joder, C., me identifico un montón con lo que escribe y parece que lo digo por decir, pero es que es verdad, es una de mis escritoras preferidas. Pues díselo. Ya se lo digo, pero creo que suena a coña. ¿Ella te ha dicho que no se lo crea? No, nunca me ha dicho eso, de hecho, ha manifestado que también le gusta lo que escribo yo; ha colgado en su blog una entrada sobre mí el otro día.

Bueno, pues dile a A. que yo también quiero un libro y pídele que me lo firme. Vale, se lo digo, y me voy a acostar ya que es muy tarde. Espera, T., cuéntame aunque sea en cinco minutos qué tal te fue la reunión ayer sobre la Erasmus.


Casilda García Archilla
Ya no estoy tan contenta. Hablo con C. y empiezo a llorar por la incertidumbre y el miedo, saber que quiero, pero hay algo que me dice que no puedo, que no seré capaz. Al mismo tiempo, hay un abismo que quiero saltar. Quiero respirar, sacar la cabeza y oler cómo huele más arriba, más alto, más a los lados. Y el puto dinero. Le digo a C. que Berlín es una ciudad más barata que Madrid. Quiero salir, sacar la cabeza. Y el dinero. Y lo que me pierdo. Y si me quedo, lo que me pierdo. Y si me marcho, ¿qué me pierdo? Son dos alternativas muy interesantes, dice C., tienes la suerte de elegir entre dos alternativas muy buenas.

Lloro.

Intento explicarme y me atraganto con las palabras más difíciles: inmadurez, acojonamiento, falta de perspectiva, inseguridad. Le cuelgo.

Entro en Internet. Entro en el Facebook. Llevo dos días hecha un lío, como el random del Winamp, que dice T.K., y ese es mi estado en el Facebook también. A. está conectada. La última actualización es de M., una compañera de clase que está con una beca Séneca. M. ha publicado una canción de Pereza. Amelie habla de la fragilidad. M. escribe "aviones a punto de salir". Mecagoenlaputa.


Aviones a punto de salir. Aviones a punto de salir. Aviones a punto de salir. Le doy al play. Aviones a punto de salir.


Es un acto involuntario, entro en Gmail. Tengo un correo electrónico nuevo. De M. Abro el correo y leo.
Estimados amigos:
Os envío este reportaje sobre Berlín, publicado en Diario de León. 
Saludos,
M.

Abro el fichero adjunto. El titular es enorme. Berlín, capital constructiva y deconstructiista. "La metrópoli germana vive en una constante ebullición cultural" reza el subtítulo.

"El avión está a punto de aterrizar" comienza el reportaje. El avión está a punto de aterrizar. El avión está a punto de aterrizar.

Coño, A., estoy hecha un lío, le digo a A. por el chat del Facebook.
¿Qué pasa, mujer?
La vida pasa. Eso pasa.
No sé... yo echaría la solicitud para lo de Erasmus, por lo menos para tener ahí esa posibilidad, contesta.

A. sabe de qué hablo. Le cuento la historia de las coincidencias. Hostia, eso son señales, T., responde A., yo me estaría rayando un montón.

(...)

T., tienes que ir a Berlín. Yo llevo meses recibiendo señales para ir a una ciudad.

¿Cuál?, le pregunto.

Córdoba, responde A.

12 de octubre de 2010

Creación

Yves Klein embadurna a Marianne Tournier en un azul intenso que lleva su nombre. La modelo lo mira inquieta mientras él le pasa sus manos rebosantes por sus muslos rotundos. Él está creando arte con su cuerpo. Varios colegas de Klein están en el estudio, observando la escena. Mientras le unta las tetas, Klein mira a sus amigos. Es un artista. Todos asienten.

Marianne no mira a los espectadores. Se queda inmóvil. Su cuerpo se convierte en un pincel enorme. Es sujeto de una transformación de mujer a pincel y a plantilla. Y la situación es simple antropometría. La silueta de sus formas curvas es un objeto que plasmar en una tela inmensa.

Por sus pies gotea el azul de Klein y el líquido denso crea un cuadro en sus dedos desnudos. Baja la cabeza para mirarse los pies. Su melena se le cae por la cara y ninguno de los presentes es capaz de distinguir sus facciones.

Su melena le tapa la cara y
ninguno sabe
que
Marianne está
componiendo un poema.


3 de octubre de 2010

Tristeza, resplandor y ansia

Cómo me gustaría estar en tu casa, en bragas y con una camiseta de tu talla, descalza sobre la alfombra leyendo este artículo que explica cómo la persona más deseada del mundo era la más triste. Beberíamos café y te leería cómo se hacía daño a sí misma por ser demasiado inteligente y sensible. Y te explicaría con mis palabras que para ella la alegría era sólo la capa que recubría la tristeza, no una tristeza caprichosa, una tristeza que pertenecía a la niña infeliz que siempre fue. Mirarías sus fotos. Es cierto. Ella no se conocía a sí misma. Luego me acariciarías el pelo. Luego me abrazarías.

 








Vida -
soy de tus dos direcciones
de algún modo permaneciendo colgada hacia abajo
casi siempre
pero fuerte como una telaraña al
viento -
existo más con la escarcha fría resplandeciente.
Pero mis rayos con abalorios son del color
que he visto en un cuadro -ah, vida
te han engañado.

Norma Jean

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