Llegué a casa con entusiasmo. Tenía el libro. Lo saqué del bolso y me puse a hojearlo. C. me llamó por teléfono. ¿Qué haces? Ya tengo el libro de A. ¿Y qué tal? Es increíble, es brutal, es maravilloso, es fantástico, es alucinante. Te noto muy entusiasmada. Es que, joder, C., me identifico un montón con lo que escribe y parece que lo digo por decir, pero es que es verdad, es una de mis escritoras preferidas. Pues díselo. Ya se lo digo, pero creo que suena a coña. ¿Ella te ha dicho que no se lo crea? No, nunca me ha dicho eso, de hecho, ha manifestado que también le gusta lo que escribo yo; ha colgado en su blog una entrada sobre mí el otro día.
Bueno, pues dile a A. que yo también quiero un libro y pídele que me lo firme. Vale, se lo digo, y me voy a acostar ya que es muy tarde. Espera, T., cuéntame aunque sea en cinco minutos qué tal te fue la reunión ayer sobre la Erasmus.
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| Casilda García Archilla |
Lloro.
Intento explicarme y me atraganto con las palabras más difíciles: inmadurez, acojonamiento, falta de perspectiva, inseguridad. Le cuelgo.
Entro en Internet. Entro en el Facebook. Llevo dos días hecha un lío, como el random del Winamp, que dice T.K., y ese es mi estado en el Facebook también. A. está conectada. La última actualización es de M., una compañera de clase que está con una beca Séneca. M. ha publicado una canción de Pereza. Amelie habla de la fragilidad. M. escribe "aviones a punto de salir". Mecagoenlaputa.
Aviones a punto de salir. Aviones a punto de salir. Aviones a punto de salir. Le doy al play. Aviones a punto de salir.
Es un acto involuntario, entro en Gmail. Tengo un correo electrónico nuevo. De M. Abro el correo y leo.
Estimados amigos:Os envío este reportaje sobre Berlín, publicado en Diario de León.Saludos,M.
Abro el fichero adjunto. El titular es enorme. Berlín, capital constructiva y deconstructiista. "La metrópoli germana vive en una constante ebullición cultural" reza el subtítulo.
"El avión está a punto de aterrizar" comienza el reportaje. El avión está a punto de aterrizar. El avión está a punto de aterrizar.
Coño, A., estoy hecha un lío, le digo a A. por el chat del Facebook.
¿Qué pasa, mujer?
La vida pasa. Eso pasa.
No sé... yo echaría la solicitud para lo de Erasmus, por lo menos para tener ahí esa posibilidad, contesta.
A. sabe de qué hablo. Le cuento la historia de las coincidencias. Hostia, eso son señales, T., responde A., yo me estaría rayando un montón.
(...)
T., tienes que ir a Berlín. Yo llevo meses recibiendo señales para ir a una ciudad.
¿Cuál?, le pregunto.
Córdoba, responde A.


