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24 de noviembre de 2012

Carne apagada


Planet circle

                                  Richard Long

Ante los ojos, la casa y su silencio
de esfera clausurada. La gravedad
del muro, el péndulo
cansado.

A veces, la hendidura,
la cicatriz de un cuerpo que sostiene
su propia intrascendencia.

El sonido que nunca rasga el cuarto.

La cuenca o la hemorragia en las que orbita
el lejano temblor de las ciudades.

Ana Gorría
Araña (El Gaviero)





Y aquí no amanece y ahí no amanece y es por la tarde pero veo que los mismos cristales reflejan la misma lluvia insulsa de un asfalto que no es igual, pero que se parece en su asfixia. Ella sabe de esa luz del cuarto, yo sé lo triste que parece ese instante en el que está suspendido el salón, esperando una luz verdadera que hoy no existe, el cuarto se oscurece aburrido a mediodía y la luz también está cansada y es sábado y es como si hoy nunca hubiera amanecido. Y de nuevo es la noche. Y de nuevo al norte.

Leer la niebla de la mañana, el óxido ordinario de las tardes, esa red de versos sinestésicos, tiernos, honestos, orgánicos, de Ana Gorría en una tarde de lluvia idiota, de noviembre, de una luz que engaña, en una casa que es nuestro único territorio inexplorado: una casa sin contorno, sin mapa, sin habitantes, solo el lugar que no es el mundo.

Respirar se hace difícil: como aporrear las paredes de los pulmones. Sabe el pulmón a tierra. Vestir la sombra, porque la luz se ha llenado de hastío. Cerrar los ojos y esperar la descarga.

 ¿Estás bien? me preguntan mis amigas.

Supongo que estoy bien (y ¿cómo saber que no estar bien no es malo?), pero incluso leer, el invierno, todo, lo he manchado todo de tristeza. Si la luz no se conforma / con una muerte a medias. Y si mi voz no toca nada. Y si, como una cucaracha boca arriba, roza la voz las cosas, tocándolas en vano.

Y acaba siendo una tarde que vence el sueño. Conocer un cuarto amarillo, verde, azul, un invierno de nieve (¿cuántos inviernos han pasado?), como los alambres oscuros, ahí fuera, en los que tiembla la vida.

30 de septiembre de 2012

caerás del árbol borracha una noche de primavera

"En esta vida somos uno que se muere.
Camino solo pensando que alguien me quiere...".


Hoy huele a primer resfriado del otoño.
Tabaco. Huele a tierra de septiembre.
Y hoy el sol era (de) marzo.



El reloj sigue marcando una hora un interminable coro de minutos. mi bandeja de entrada parpadea con mensajes que no leeré.

He leído un relato que escribí en marzo. marzo otra vez.

El sol de hoy me daba en la frente

Lagartija

hermano reptil

sangre reseca

relato de marzo. 2003, en realidad.

diario de noviembre. 2002. con una llave guardada en una cajita de flores.

hoy he bebido mucho y he recordado demasiado.

vomitar es tu recuerdo.

"El presente es rojo", escribí en marzo de mi adolescencia.

"Nadie habla consigo mismo en su propio idioma", escribí en marzo de 2008.

http://www.fotolog.com/tormenta_rap/61390525/#profile_start

Al final la sangre ha salido por la nariz
y la nostalgia por la boca.

Tú escribías futuro palabra alegría.

y eran necesarias cada una de las palabras
eran necesarias
para.

"Siempre fueron tan importantes para ti las palabras", escribiste en una carta.
"Siento no ser escritor", escribiste en una carta.

También las he leído hoy.

Quiero tatuarme las raíces
para que se mueran en mi cuerpo.

No me falta tu calor sería absurdo
mi cuerpo se sostiene contra mi voluntad

pero, no sé por qué si yo nunca fui supersticiosa,
siempre creí en tu intuición: y hoy estás borracho.

me escuece la garganta del aire
del ácido
del óxido
de marzo


me llamaste despojo puta mala persona
me dolió sobre todo lo de mala persona.
me dolió que tu rencor
me dolió que tu palabra no dijera ni siquiera pasado
ni siquiera el verbo
              merecer.

No me faltas porque ya no eres | negro, de la palabra pasado
pero vomito y apareces al fondo
mezclado con el quimo con la sangre
como un feto que en el baño de un bar
se cae
al 
suelo

No, no es epidermia:
me faltan tus palabras

echo de menos algo que no ha ocurrido
rojo
del
presente.

y hoy pienso, quizá, gracias a tus cartas
y me alivia la manzanilla 

que
todo el rencor agresión hacia mí solo era odio copa desnuda del árbol de septiembre

en la raíz
eras del todo consciente de hasta qué punto traicionaste la parte de ti de la que más orgulloso estabas:

                                                qué lejos

tu promesa
tu palabra
lo que te sostenía
tú que ya no eras tú
aunque fueras del todo feliz.

cuando te traicionaste a ti
caíste del árbol eso se llama ser feliz
y moriste un mundo.



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